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sexo para las damitas

Categoría: confeciones

06/08/2008 GMT 1

como perdi mi virginidad anal en cuatro ocaciones veridico

drsexoparanenitas @ 21:04

414.jpgsoy paoflaco casado con un hijo mi esposa y yo fuimos ah una fiesta nos presentaron ak guadalupe una muchacha de21 años era muy platicadora mi esposa se fue con sus amigasella y yo quedamos dehir al cine y lo hicimos en dos ocaciones a la tercera cita fuimos al hote ella se comporto como una putisima me pidio que la fornicara por todos sus hoyos me mamo el pene y yo su vagina despues observe su gran culo presioso y le mame el ano y me la fornique por el ano despues me mamo el pene y me corri en su voca despues me masturbo con su busto y se me endereso el pene y la penetre por su rica y humeda vagina y le mame sus jugos vaginales y mi semen platicando le comente si la proxima ves podia traer un amigo imediatamente me dijo que si nos vimos un sabado y nos fuimos al hotel ella ye estaba super caliente en el cuarto se desnudo imediatamente yo le mame su vgina y mi amigo su ano despues intercambiamos ella con las mamadas se corrio en dos ocacionesdepues yo la penetre por su riquisimo ano y amigo por su mojada vagina ella gritava que queria mas pene la penetramos en varias ocaciones por su vagina ano y voca su vagina y ano quedaron muy grandes despues de unos dias me presento ah su hrmana patrciade 19 años y fuimos ha tomar una copa los tres guadalupe fue al sanitario y patrcia me comento que ya sabia lo que acia con su hermana y que lo queria acer conmigo nos vimos ah los dos dias y nos fuimos directos al hotel en el hotel nos desnudamos y nos empesamos ah vesar al sgarrar su vgina me dijo que hera virgen le mame su vagina y ano y se corrio en dos ocaciones despues la penetre le dolio y sangro muy poco porque estaba muy mojada de sus dos corridasse vacio nuebamente en dos ocaciones y a la tercera corrida yo tambien me corri despues de un rato viendo tan rica vagina se la mame que rico sabor de una vagina virgen despues nos vañamos y salimos rapido me comento que tenia tres hermanos y era cumpleaños de uno de ellos me pidio que teminara con su hermana me negue y ya no me quiso ver ni su hermana tampoco pasaron unos dias y fui ah la tienda ah do s calles de la casa es una area donde estacionan camiones de carga y esta obscuro de repente me tomaron por el cuello y me jalaron enmedio de los camionesy me vajaron los pantalones e imediatamente me penetraron me dolio muchisimo y se me salieron las lagrimasme penetro en varias ocaciones y senti muy caliente en mi ano me saco su pene e imediatamente me penetro otrome causo menos dolor y despues de varias penetrdas senti nuevamente caliente en el ano y saco su peneyo sentia que se me doblavan las piernas pero me tenian bien agarrado alcanse ah voltiar un poco y observe un pene muy grande y me enpinaron y me penetro en varias ocaciones pero ya no me dolio tanto cuando seti calienteel se corrio y yo tambien me dejaron recargado en el camion y me escurria mucho semen sobre las piernas me quite el pantalon y el calzon tenia sangre mel limpie con el calson y lo tire me fui ah la casa me pregunto mi esposa que que me habia pasado le dije que me asaltaron estaba lleno de tierra me meti ah bañar y observe mi ano completamente agrandadoy escurriendo semen ah los tres dias regrese del trabajo mi esposa no se encontraba se fue al centro con su hermana en el patio tengo dos perros pastor alemanperro y perra el perro duque y la perra coqueta el duque se queria montar ah laduquesa me meti ah mi recamara y entro el duque yo me desnude para bañarme y me agache para sacar mis sandalias de baño el duque me olio el ano y me lo empeso ah lamber creo que todavia huele ah semen despues se me monto y me causo risa ah la tercera embestida guie su pene muy grande ah mi ano y me penetro despues de varias metidas se quedo pegado y senti mas caliente que con los tres hermanos que me fornicaron despues el duque me arratro y despues de un rato se despego en el baño me observe el ano quedo mas abierto que con los tres hermanos despues del baño subi ah los perros ah la asotea para que ya no se repita todo esto es veridico comentarios con josesito

Mi esposa cogida y ni cuenta se dio

drsexoparanenitas @ 20:57

tn26.jpgEMPIEZO MI RELATO COMENTANDO LO BELLA QUE ES MI ESPOSA DE TEZ BLANCA, UNAS TETAS HERMOSAS Y UN CULO RESPINGON Y NO SE DIGA SU VULVITA APENAS CON UNA LINEA DE VELLITOS.
DURANTE MUCHO TIEMPO LLEVAMOS UNA RELACION SEXUAL COMUN, HASTA QUE POCO A POCO LE AUMENTAMOS PROTAGONISMO AL GRADO DE QUE LE INSINUE QUE SALIERAMOS A LUGARES PUBLICOS Y QUE NO SE PUDIERA CALZONES NI BRASIER, POCO A POCO LA FUI CONVIRTIENDO EN TODO UNA PUTONA, PERO MI DESEO ERA IR MAS HAYA DE VERLA COGER NO CON UNO SI NO CON VARIOS HOMBRES Y GRABAR TODO.
FUE ASI COMO EMPEZE A IDEAR UN PLAN PARA QUE OTROS HOMBRES LA PUDIERAN DISFRUTAR SIN QUE ELLA SE DIERA CUENTA.
EN UNA OCASION CONTACTE A 5 HOMBRES QUE CUMPLIERON CON UN EXCELENTE PERFIL PARA SER PROTAGONISTAS DE MI FANTASIA.
ORGANIZE UNA FIESTA EN MI CASA INVENTANDO QUE AQUELLOS HOMBRES A LOS QUE PREVIAMENTE CONOCI ERAN COMPAÑEROS DE TRABAJO, POR TAL MOTIVO LOS INVITE.
MI MUJER PARA ESTA OCASION LUCIA UNA TREMENDA MINI FALDA Y UNA BLUSA ESCOTADA QUE DEJABA MARCAR SUS PEZONES.
MIS "AMIGOS" TAN SOLO DE VERLA SE LES EMPEZABA A PARAR SUS VERGAS.
POCO A POCO LA FIESTA SE FUE EXTINGUIENDO, HASTA QUE LOS FAMILIARES CERCANOS Y OTROS AMIGOS SE FUERON RETIRANDO HASTA QUEDARNOS SOLO MI MUJER Y LOS 5 SEUDO "COMPAÑEROS".
POCO A POCO FUI INCITANDO A MI MUJER A QUE A QUE TOMARA HASTA QUE SE SENTO ACOMPAÑANDONOS, POCO A POCO EL ALCOHOL EMPEZABA A SURTIR EFECTO Y MI MUJER SE VEIA BORRACA CASI A PUNTO DE PERDER EL CONOCIMIENTO.
SE DISCULPO CON MIS AMIGOS Y SE FUE A LA HABITACION, A LA MEDIA HORA SUBI SIGILOZAMENTE AL CUARTO Y AHI ESTABA MI MUJER TUMBADA CON APENAS CON UNAS BRAGUITAS Y UN SOSTEN QUE DEJABA APRECIAR LA ESCULTURAL FIGURA.
LA LLAME PARA VER SI REACCIONABA Y NO OBTUVE RESPUESTA FUE ASI COMO LLAME A MIS INVITADOS QUE SUBIERO PARA POSTERIORMENTE EMPEZAR A DESNUDARSE DEJANDO LIBRES TREMENDAS POLLAS, Y LO RECONOZCO MAS GRANDES Y GRUESAS QUE LA MIA.
EL PRIMERO DE ELLOS LE RETIRO EL SOSTEN Y LAS BRAGUITAS DEJANDO A MI MUJE DESNUDA EL OTRO EMPEZO A MAMARLE LA PUCHITA, MIENTRAS QUE EL TERCERO LE METIA COMO PODIA SU VERGOTA EN LA BOCA YO SIN PERDER LUJO DE DETALLE SAQUE LA VIDEO GRABADORA PARA TENER RECUERDO DE ESTOS MOMENTO, EL CUARTO DE ELLOS LE EMPEZO A METER EL DEDO POR EL CULO MIENTRAS QUE EL EL QUINTO SE LA ESTABA JALANDO AL VER SE MEJANTE CUADRO.
POCO A POCO INTERCAMBIARON HUECOS HASTA QUE LA PENETRARON EN REPETIDAS OCASIONES, POR SU PUCHITA QUE ESTABA LLENA DE ESPERA POR TODOS LADOS, SU BOCA CHORREADA DE ESE LIQUIDO.
POSTERIORMENTE EL MAYOR DE ELLOS EMPEZO A PREPARAR EL CULO DE MI MUJER, PARA PENETRARLA POCO A POCO SE EMPEZO A DILATAR ESE AHUJERITO HASTA TENER TODA LA VERGA DE ESE HOMBRE QUE EN SEGUIDA EMPEZO A BOMBERLA HASTA CORRERSE Y DEJAR TURNO AL RESTO DE SUS COMPAÑEROS UNO POR UNO, FUERO CULEANDO A MI ESPOSA HASTA TERMINAR POR CORRERSE YA CASI AMANECIENDO SE RETIRARON DEJANDO A MI ESPOSA TODOA ABIERTA POR TODOS SUS ORIFICIOS LLENA DE SEMEN... AL VER SE CUADRO ME ABALANCE SOBRE MI ESPOSA RECORDANDO LAS ESCENAS DE HORAS ANTES EMPEZE A PENETRARLA EN MIS MOVIMIENTOS SE ESCUCHABA LO HUMEDA NO SE SI ELLA INVOLUNTARIAMENTE O LA GRAN CANTIDAD DE SEMEN DE LOS SUJETOS.
POSTERIORMENTE LA LIMPIE COMO PUDO Y ME DORMI JUNTO A ELLA
CASI AL MEDIO DIA LA VI EN LA COCINA, ME PREGUNTO A QUE HORA SE HABIA IDO MIS AMIGOS LES DIJE QUE EN SEGUIDA.
ME DIJO QUE NO AGUNTABA EL DOLOR DEL CUERPO Y SOBRE TODO DE SU ANO, LE DIJE QUE TAL VEZ SE HABIA CAIDO O ALGO POR EL ESTILO Y LO TOMO CON NATURALIDAD.. SIN SABER QUE HABIA SIDO PRESA DE 5 MACHOS

14/06/2008 GMT 1

SOY PUTA. LA SEGUNDA PRUEBA

drsexoparanenitas @ 20:07

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Hola, antes de nada voy a presentarme para quien no me haya leído aún. Me llamo Irati, tengo 27 años (soy del 80) y vivo en una gran ciudad de España, aunque soy de un pueblo del norte del país. Para ser sincera no soy una chica especialmente guapa, más bien del montón, y no tengo los pechos grandes, tengo más desarrollada la cadera con un culo carnoso y respingón que normalmente resulta atrayente a los hombres (de hecho es mi arma más recurrida cuando quiero cazar a un macho).

Esta es la continuación de mi saga de relatos SOY PUTA, que aún no sé cuándo decidiré ponerle fin. Recomiendo que antes de leer éste, leáis los anteriores. También quiero agradecer la cantidad de lecturas que han tenido mis dos primeros relatos, y cómo no los comentarios, tanto los halagadores como los críticos. A los segundos, acepto las críticas si éstas son constructivas, como ha venido siendo hasta ahora. Este es mi estilo, cuento vivencias a mi manera y supongo que evolucionaré como autora de relatos, al igual que ha evolucionado mi vida, quizá para bien, o quizá para mal. De todas formas nunca llueve a gusto de todos.

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Pues bien. En mi último relato contaba cómo me fue en mi cita con Venancio, el hombre más sucio y desagradable del pueblo. Tras aquello, pasaron unos meses en los que Pedro me follaba cada vez que le apetecía, además de los chicos de la cabaña y de Venancio (que tras aquella cita también a él tenía que mantenerlo calladito) hasta que en una de nuestras citas me dio una copia de las fotos que me había hecho con Venancio, y casi me dan náuseas. Me costaba asumir que la chica que estaba dejándose hacer y magrear por ese viejo cerdo era yo, pero así fue, y encima en algunas yo tenía una cara de estar gozando como la más puta del mundo. Tras ver las fotos y guardarlas en el sobre, me dijo que apenas tenía tiempo pues había quedado en un bar con unos amigos, así que me dio 4 minutos para hacer que se corriera o me la metería por el culo. Yo sabía que él no acostumbraba a hacerlo y que no le iba mucho, pero con tal de mostrar su autoridad era capaz hasta de eso. A mí, naturalmente tampoco me gustaba la idea de que me perforara lo único que me quedaba virgen, así que rápidamente me puse manos a la obra: me acuclillé ante él y le acaricié el paquete hasta que se le endureció lo suficiente. Cuando le bajé el pantalón y el calzoncillo, el olor que desprendía su entrepierna provocó en mí un amago de apartarme. Pedro se dio cuenta y se echó a reír. Me dijo algo así como "Ahora que te ponen las pollas sucias, me he tomado la molestia de evitar que ‘mi amigo’ sea tocado por el jabón jajajaj!!!", con una risa de cabrón que buscaba mosquearme. El olor me recordó al de Venancio, pero aún así me la metí en la boca con toda la destreza que mi adquirida experiencia y mi naturaleza caliente me permitían. No sé si lo hice en tiempo record o si se me había hecho corto (pues una vez en faena, como ya sabéis de otros relatos, una pierde la noción del tiempo y de todo), pero cuando me di cuenta mi paladar y lengua ya estaban saboreando el amargo semen que desprendía su polla. Tras tragarlo todo y terminar de limpiarle el sable, me incorporé y él se puso a sobarme las nalgas. Me hizo ponerme de espaldas a él y mientras me seguía manoseando me dijo en qué consistía la siguiente prueba. Tenía que hacerlo con Rafa, un hombre de unos 35 años -por cierto, yo ya había cumplido los 15- que era conocido en todo el pueblo, pues era bastante retrasado el pobre y siempre iba dando el cante por la calle. Un típico friki del pueblo del que todo el mundo se ríe: vamos, lo que en mi región se llama un "xelebre". Además el chico al ser retrasado tenía problemas con su sentido de la vergüenza, y lo mismo podía ponerse a gritar, o dar golpes al mobiliario urbano -farolas, semáforos,… y llegaba a romperlos, tenía mucha fuerza-, o empezar a masturbarse en mitad de la calle (la verdad es que el pobre estaba bastante salido). Si era difícil superar lo de Venancio, Pedro había conseguido superarse con la elección de Rafa. El muy cabrón sabía a quién elegir para mantenerme subordinada a su juego cruel, un juego que además de dignidad me estaba quitando tiempo, teniendo en cuenta lo que he dicho antes de tener que alternarme entre Pedro, los chicos de la cabaña y Venancio.

Volviendo a Rafa, se rumoreaba que manejaba una ‘artillería’ digna de los mejores ejércitos, lo cual me hacía sentir una mezcla entre la esperanza de que al menos me iba a hacer con una buena polla y el temor de que fuera demasiado grande para mi. Dediqué un par de días a seguirlo para saber por dónde se movía en cada momento del día, y así poder abordarlo en algún lugar donde no nos viera nadie. Acordé con Pedro que el lugar elegido sería un lugar a las afueras del pueblo, pero evitando el cementerio, pues quizá tras la cita Rafa volvería, chafándole a Pedro su "escondite" preferido para follar conmigo. Así que quedamos una noche en el desguace que se encontraba fuera del centro urbano del pueblo.

Llegó el día y no fue nada difícil persuadir a Rafa: no hubo más que abordarlo en una calle, cogerle la mano y ponérsela en mi culo. Él enseguida quiso pellizcar, pero me aparté y le dije que me siguiera. Dimos un rodeo por las afueras del pueblo hasta llegar al desguace. Era una imagen graciosa, pues yo iba caminando lo más deprisa que podía, y cada vez que miraba hacia atrás le veía a él caminando hacia mi con la mirada fija en mi trasero y una expresión de auténtico salvaje en celo. En un momento se puso a gritarme pero me puse el dedo en la boca pidiéndole silencio y me obedeció al instante (menos mal!). Al fin elegí un buen lugar dentro del desguace y me detuve. Entonces Rafa me alcanzó y me abrazó mientras movía la pelvis como cuando un perrito intenta fornicar con la pierna de una persona. Me hizo gracia, pero me daba tanta pena que me enternecí un poco, calmándolo con suavidad. Me acuclillé ante él y comprobé que esa no iba a ser la primera vez que se corriera ese día, pues ya se había ‘manchado’ el calzoncillo y el pantalón. Tras echarle una cariñosa reprimenda, me puse a acariciarle la entrepierna, lamiéndole los huevos mientras le pajeaba la verga que crecía por momentos. Una vez que se le puso bien firme, me dediqué a admirar su tamaño y forma por unos instantes. No sólo era grande: era perfecta. Totalmente simétrica, parecía un consolador. Lo único que le sobraba era el frenillo, por lo demás aquel falo casi deslumbraba al verlo. En seguida quise para mí la sensación de tener esa polla bombeando dentro de mí, así que me puse a mamársela con buenas ganas, faena a la que él respondía sin moverse un solo milímetro, pero respirando muy fuerte, a resoplidos. Tras un par de minutos, me levanté, me puse de espaldas a él y apoyé las manos en uno de los amasijos de hierros que abundaban en el desguace, poniendo el culo en pompa y subiéndome la minifalda. Él poso las manos en mi cadera y envistió con fuerza, pero falló. Me dio tal golpe con la pelvis que casi me tira de bruces contra la masa metálica que me servía de apoyo, así que se la agarré y la guié hacia la entrada de mi coñito. Le susurré "despacio Rafa, despacio…", y él obedeció. Me la ensartó con suavidad y fue acelerando el ritmo hasta convertir aquello en un puro polvo animal, a la velocidad de un conejo y con la fuerza de un toro. Con semejante ritmo a mí se me estaba yendo la cabeza, y mi vagina agradecía el polvo lubricándose con solvencia ante las acometidas que amenazaban mis lumbares. Vaya macho, qué brutalidad. Aguantó con ese ritmo un buen rato, entre media hora y tres cuartos, bombeando y agarrándome con tal fuerza que incluso me hacía levantar los pies en el aire, hasta que me hizo una última embestida, la más fuerte y profunda de todas y así me tuvo, agarrada con sus manos por la cadera, suspendida en el aire y totalmente empalada mientras dejaba en las puertas de mi útero hasta la última gota de semen. Aunque me folló durante un buen rato y disfruté un montón, me quedé a las puertas del orgasmo, cosa que no me importó demasiado. Me estiré de nuevo la faldita, lo vestí y me marché de allí con algo de prisa, pues les había dicho a mis padres que llegaría sobre la una y ya era la una y media. Lo que no supe era dónde se había escondido Pedro para hacer las fotos, pues si la vez anterior con Venancio me di cuenta de algún flashazo que otro, aquella vez no distinguí nada alrededor. Tampoco me había acordado de él en ningún momento.

Que no lo sepa mi marido

drsexoparanenitas @ 19:58

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¿Por qué a mí? --- Me preguntaba una y otra vez y no lograba descifrar el enigma de lo que me ocurría.

Mi nombre es Isabel, nací, hace ya treinta y dos años en una ciudad portuaria del Pacifico Sur (Valparaíso-Chile) y me encuentro casada desde los veintiuno con Ramiro, de treinta y cuatro, el es un buen hombre y mejor marido, es marino mercante y pasa gran parte del tiempo embarcado en grandes navieros que recorren el mundo, llevando y trayendo contenedores llenos de productos de todos los mercados mundiales. Esta tradición la he heredado de mis padres, ya que mi progenitor también ejerce la misma profesión de Ramiro, por lo que mi madre debía pasar también largo tiempo sola en casa. Al ser yo hija única, nuestros lazos de unión y amistad más tarde se han consolidado en forma muy especial y hoy mas que madre e hija, somos dos buenas amigas, que se auxilian en todo, se acompañan e incluso habitan bajo el mismo techo, en la nueva casa de mis padres, construida especialmente a gusto nuestro. Donde nuestra gran preocupación es mi hijo Carlos Ramiro, de 13 años, que gracias a Dios, estudia y se desarrolla en plenitud, constituyéndose como él lo pregona, en el hombre de la casa en ausencia del marido de las dos mujeres.

 

Nelly, mi madre, dicen que somos como dos gotas de agua, en lo parecidas, ella casada con Roberto, mi padre, es una mujer atractiva de bien cuidados cuarenta y nueve años. Viste muy juvenil y su carácter siempre ha sido jovial y con cierta sensualidad en su forma de ser, que no pasa inadvertida. Eso mismo la ha llevado a ser acosada permanentemente por hombres que saben que ella lo pasa sola en casa e incluso por los propios colegas de mi padre, a los cuales él encontraba en puertos de otros países y sabedor de su viaje a nuestras tierras, le enviaba con ellos algún regalo, para lo cual les entregaba inocentemente sus datos tales como, nombre, dirección, teléfono etc. Con esos datos los mensajeros tomaban contacto con ella y después de entregar su envío, quedaban asombrados por los buenos atributos de mi buena madrecita, iniciando el acoso con llamadas, invitaciones a cenar o bailar, cosa que mamá rechazaba de plano, aunque también debo reconocer que a veces, quizás por su mismo temperamento de mujer ardiente, cedía a los encantos y promesas de algún mensajero y la veía salir vestida muy sexy y atractiva, para llegar muy tarde y con claras demostraciones de haberlo pasado muy bien.

Sucedió que una tarde al regresar a casa, después de efectuar algunas compras en el sector central del Puerto, encontré de visita a una muy querida amiga de mi madre de sus tiempos juveniles llamada Alicia, casada y separada, hacía ya varios años de Juan Carlos, su marido y desde el rompimiento de su matrimonio se había ido a vivir lejos del Puerto a un pueblo del interior, lo había hecho con Andrés su único hijo, como siete años menor que yo y quien lamentablemente sufría desde su infancia de un retardo mental, aunque a simple vista no se le notaba mucho, la enfermedad lo convertía en una persona que le costaba mucho desenvolverse por si solo, por lo que para todo dependía de su madre. Y esa tarde después de mucho tiempo lo encontré en mi casa junto a Alicia, convertido en todo un hombre, nada de feo, aunque notoriamente se desenvolvía como un niño de unos doce años o menos.

Con la anuencia de mi madre, la estadía de nuestras visitas se prolongó por algunos días, ya que a Andrés se le estaba sometiendo a un nuevo tratamiento médico que si bien no requería hospitalización, era necesaria su concurrencia diaria a ese centro de salud. Por lo tanto su estadía en nuestra casa solucionaba en gran parte esta situación. Pero a su vez y sin siquiera imaginarlo, introdujo en la quietud de nuestro hogar un fuerte elemento erotizante, lo que indudablemente trastornaba la rutina de dos mujeres potencialmente activas en su sexualidad, como lo era mi madre y yo, su querida hija.

 

Por mi parte, desde un inicio empecé a observar ciertas actitudes de Andrés, a quien lo veía obsesionado con en nuestras figuras y movimientos y en forma especial en Nelly, mi madre, que al parecer le agradaba que el joven de 26, la escudriñara permanentemente con su vista, y no era difícil observar al hombre que tras sus miradas, aflorara rápidamente en su pantalón un imponente bulto, que nos indicaba que nuestra presencia excitaba poderosamente su mente y hacía reaccionar un potente miembro, que le costaba disimular.

Después de ello y a solas, lo podía ver muy apegado a su madre y a pesar de que ella frenaba sus ímpetus acosadores, yo veía con cierto asombro que era difícil el papel de ella, más si físicamente se veía muy bien y vestía también atractivamente.

 

Fue esa noche de sábado, en que temprano había llevado a mi hijo a pasar el fin de semana en casa de su abuela paterna e informándole a mi madre que posiblemente no retornaría puesto que me quedaría a alojar en casa de mi suegra, como lo había hecho en otras oportunidades, cosa que ella asintió de muy buen agrado, primera cosa extraña, ya que casi siempre limitaba mis quedadas en esa casa. Pero ya pasada las once de la noche, cambie de parecer y decidí no quedarme, dejé al niño con su abuela y tomé mi auto para retornar a casa. Después de guardar el automóvil quise ingresar por una puerta lateral lo que me obligaba a pasar frente al ventanal del dormitorio de mamá, que esa medianoche aun estaba con luz, no así el de nuestras visitas. Al escuchar extrañas voces y lamentos entrecortados que provenían de su interior, la curiosidad me llevo sigilosamente a ese ventanal, el que a través de una pequeña apertura de su cortinaje dejaba ver todo lo que sucedía en su interior.

La escena me dejó sin reacción y con la vista pegada al vidrio. Así pude observar a mi muy querida madrecita, con todo el esplendor de su desnudez, yacía sobre la amplia cama, apoyada en sus manos y rodillas, con su hermoso trasero levantado, mientras Andrés le saboreaba de lo lindo con su gran lengua la partidura de su rapada vagina, haciéndola retorcerse y exclamar incoherencias de puro placer, mientras Alicia, la madre de Andrés, también desnuda, apenas daba cabida en su boca a un tremendo falo, que poseía el joven y que a mi me costaba creer tamaña cosa y lo que estaba observando y escuchando. ¡Oh ¡ --- Dámelo – dámelo --- me llegaban claras las suplicas y exclamaciones de mi caliente madre, pidiendo a gritos que Andrés la penetrara con su enorme verga. Ante los ruegos insostenibles de Nelly, Alicia tomó posesión junto al levantado trasero de mamá, con una mano atrajo el gran garrote de Andrés y se lo restregaba una y otra vez por la abertura vaginal de su amiga, mientras con los dedos de su otra mano trataba de separar los labios vaginales de la deseosa Nelly. Yo desde mi posesión miraba con asombro lo que sucedía sobre esa cama, donde también en alguna oportunidad vi a mi padre, que con un tercio de pene del que se gastaba Andrés, la hacía gozar plenamente. Pronto vi como esa enorme verga se iba introduciendo al interior de una muy dilatada y húmeda vagina de mamá, hasta casi quedar ambos cuerpos unidos, yo, continuaba sin poder dar crédito a lo que mis ojos veían, mamá soportaba estoicamente esa completa penetración, para después verla continuar con verdadero deleite los vaivenes copulativos del muchacho, que no cesaba en su intento de meterle todo ese delicioso rollo musculoso. Nelly, mi madrecita, ardía de deseos y se deleitaba enormemente, mientras Alicia, abrazaba y besaba a su hijo que esa noche estaba montando a una tremenda hembra, que ya se la habrían querido tener así todos esos machos aduladores que en más de una oportunidad había observado acosándola, cuando salía en su compañía y que yo también sentía algo parecido pues, nuestras conductas y razgos eran como lo he dicho muy similares.

 

Al ver caer a mi madrecita en enloquecedores y repetidos orgasmos, desde mi posición y con los dedos metidos en mi sexo húmedo y chorreante, también acababa deliciosamente y con refrenados deseos de ser yo quien estuviera en esa envidiable posición, de la que era objeto mi madrecita.

Vi al fuerte de Andrés, manejarse obsesionado en aquella inesperada y fantástica copulación, nada hacia presagiar la tara que padecía el joven, ni de su retardo casi infantil, me daba cuenta que a esta altura de su vida, el sexo era su máximo alimento y placer y las mujeres maduras, al parecer su predilección. Nada anormal se observaba en él, salvo su gran obsesión y larga resistencia al copular. Veía a su madre preocupada de calmar las clavadas arremetedoras de Andrés, pero los deseos que le producían el acto sexual con mi madre, lo enloquecían. Alicia, al no poder calmar los arrebatos de su inagotable hijo, pronto la vi. con su boca y lengua, unida al sexo de la pareja y junto con ayudar a lubricar ese brioso falo, absorbía los jugos de mamá, productos del mete y saca del muchacho.

Así, pude apreciar una penetración a fondo a mi madrecita, que al cooperar con lascivos movimientos corporales acompañados de excitantes gemidos, logró hacer acabar frenéticamente a Andrés, mientras ella, al sentir el caliente borboteo seminal, que inundaba el interior de su ardiente vagina, sucumbió con espasmódicos e involuntarios sobresaltos, para recibir muy dentro de ella, una verdadera inundación, de esa joven leche que tanto la hacía disfrutar.

 

Pasado unos minutos y con mis pequeñas bragas empapadas de mi propio liquido seminal, ingresé sin que nadie se percatara hasta mi cuarto, donde junto a tomar una ducha, me metí en mi cama, no, sin antes buscar desesperadamente entre mi ropero, mi aparato gozador de silicona, que también me trajo de regalo de uno de sus viajes mi marido, para usarlo en su ausencia, con él logré dar rienda suelta a mis fantasías, teniendo fijas en mi mente esas ardientes e impactantes escenas de mi extraordinaria madrecita.

En esa oportunidad escuche sus gemidos y alaridos junto a los de Alicia, hasta altas horas de la noche y que de tanta excitación que me producían, tuve que luchar fuertemente en contra de la tentación de participar de esa fantástica velada de sexo duro y sorprendente.

 

Ese domingo, salí a eso del mediodía en dirección a casa de mi suegra, almorzaría con ellos, para por la tarde retornar con mi hijo nuevamente a casa. Antes de salir y sin hacer ruidos, me asomé a la puerta de la alcoba de mamá, los tres dormían profundamente, él al centro de sus dos hembras, apenas cubría su espigado cuerpo con la sábana a medio tapar, con una osadía que no sabía de donde me venía, me acerqué en puntilla de pies y moviendo lentamente la sabanilla dejé al descubierto un flácido pero tremendo pene, que hinchado y enrojecido, daba claras muestras de su intenso uso en esa noche. Ustedes no se imaginan cuanto luché con mi otro yo, de los arrebatadores deseos de llevármelo de lleno a mi boca y mamarlo con tal devoción y ardor hasta sentir invadir con su leche, las profundidades de mi garganta. La escena mostrada y el olorcillo de sus desnudos cuerpos me dejaron a punto de caer en un gran orgasmo, por lo que decidí, rápidamente volver sobre mis pasos y huir de allí.

 

Mientras conducía mi automóvil esa mañana, no podía quitar de mi atribulada mente, aquellas cosas y me volvía a sobrevenir una fuerte excitación. Recordaba como mi madrecita se transformaba en la cama, buscando desenfrenadamente el máximo goce sexual y al muchacho dándole sin tregua hasta hacerla acabar una y otra vez, también escuchaba a Alicia, fornicando de lo lindo con su propio hijo y a mis oídos llegaban las exclamaciones de sus propios orgasmos. Detenida frente a un solitario semáforo, llevé una mano a tocar mi ardiente sexo y solo bastó que observara pasar un joven y musculoso ciclista, que tras la delgada tela de su short, dejaba ver su paquete, para caer en un sorprendente orgasmo que me dejó por unos instantes a mal traer, por lo que tuve que detener unos instantes mi auto junto a una berma para rehacerme físicamente. Sentía en esos momentos una impresionante calentura que me llevaba a desear tener sexo con cualquier hombre que supiera apagar el fuego que bullía dentro de mí.

 

Ya en casa de Rebeca, mi suegra, logré quitarme las vivencias que se resistían a dejar mi mente, el jugar con mi hijo y conversar con ella, hicieron a medias bajar mi enorme excitación, casi al pasar a la mesa para almorzar, apareció Walter, mi suegro, aún joven y apuesto, cinco años menor que ella, sin que Rebeca lo notara me saludo muy efusivamente atrayéndome hacia su cuerpo, dándome un beso en la mejilla en son de saludo, por unos instantes quedé unida a su cuerpo y me impregné de su exquisito aroma de perfume para hombre.

Ese sólo contacto revivió en mí, la calentura con la que había luchado las últimas horas, él, muy sabueso al parecer lo notó en mí, pues me desnudaba con su varonil mirada.

 

Para mi, no era un misterio de su casi permanente acoso que me hacía cada vez que estaba a su lado, yo sabía que a él, sólo le bastaba una señal mía, para no trepidar un instante y llevarme a la cama, sin importarle mayormente que fuera la mujer de su hijo menor, así como se lo prodigaba Jacqueline, su otra nuera y casada con su hijo mayor que también era marino mercante. Yo no quiero decir que todos los hombres que trabajan en ese rubro sean "carnudos", pero en este caso familiar era patética la situación. Y de eso daba fe de que así lo era, pues en una oportunidad, en un viaje a la playa donde tenían casa mis suegros, encontré a ambos teniendo sexo a todo dar y él luciendo una herramienta muy envidiable, hacía revivir con creces a la carita de inocente de Jacqueline y la hacia gozar como los dioses.

 

Ella misma me lo confesó, un par de noches después con un par de tragos en la cabeza, cuando la enfrenté por su desliz con el padre de nuestros maridos. Quizás para inmiscuirme en el asunto, me confesó que Walter era un tipo extraordinario en la cama, que su mujer ya no lo acompañaba en lo sexual y a su vez, me comentaba en esos momentos de suma calentura con la mujer de su hijo, que yo le producía unas ganas descontroladas de tener sexo también conmigo, para hacerme gozar como lo hacía con ella desde hacía algún tiempo. Para que voy a sacrificar a mi mujer—le decía – si tengo dos tremendas hembras casadas con mis dos hijos, que prácticamente no las usan --- a las que tengo que cuidar para que no se enreden con otros tipejos, para eso se jactaba aún tengo vigor para hacerlas gozar como ellas se lo merecen. Y agregaba Jacqueline --- El siempre ha soñado que su máxima fantasía, es poseernos a las dos juntas, total decía que con la pastilla mágica del Viagra, nadie se me queja.

 

Lamentablemente Walter, no almorzaría en casa ese día, y salió raudo en dirección desconocida. Pero si lo harían los dos niños de Jacqueline, que también los había traído temprano a jugar a casa de su suegra. Eso me indicaba que la muy zorra a esa misma hora se encontraría con el astuto de Walter, en su propia casa. Por lo que almorcé muy liviano y dando una excusa creíble, me fui directo a casa de Jacqueline, comprometiéndome a pasar a buscar mas tarde a mi hijo.

 

Enorme sorpresa fue la que se llevaron ambos al verme ingresar, recién acababan de almorzar y ya Walter esperaba desnudo a su nuera-amante en su cama, supe que hacía más de dos semana que no tenían sexo por lo que el hombre estaba muy desesperado y deseoso de tenerla pronto a sus anchas, por lo que al presentarme, corrió a cubrir su desnudez con un batón de Jorge, su hijo ausente, pero yo ya me había percatado de todo Dado que también Jacquie, como le llamábamos en familia, lucía un transparente camisón a media pierna, calzando zapatos de altos tacos que la mostraban muy sexy, con sus imponentes tetas y hermoso trasero, que trataba de disimular con una gran toalla.

 

¡Hola mi pequeña – me dijo --- en tono paternalista, mientras me tomaba ambas manos y me daba otro beso en la mejilla --- ¿Qué te trae por aquí? -- el tono de su voz y su actitud eran muy serena y hasta normal, agregaría yo. Eso me abismaba.

 

- ¡Oh¡--- Perdón dije en voz baja --- ¿interrumpo en algo?.

Por favor querida Isabel, tu nada interrumpes – dijo – presurosa ella.

Al momento que se le caía la toalla que la cubría dejando, traslucir toda su exuberante anatomía, vista tras el delgado camisón y los vestigios del bello pubiano, los que se dibujaban perfectamente en sus entrepiernas desprovistas ya de su pequeña braga que yacía sobre la cama.

 

- ¿Almorzaste ya mi pequeña, me pregunto Walter, como asumiendo en propiedad su papel de anfitrión.

- ¡Oh¡ --- si ya almorcé, gracias Walter, tu siempre tan amable con nosotras. Especialmente con una --- agregué --- con cierta ironía.

 

Yo --- me susurró al oído --- también he querido demostrar mis preferencia con ambas, pero has sido tu quien no ha querido dar el siguiente paso, que para los tres lo podamos transformar en algo maravilloso. --- ¿Verdad Jaquie? --- a lo que esta, asintió con un movimiento afirmativo de su cabeza y una sonrisa pecaminosa en su rostro.

 

En ese momento se me acercó Walter empleando los mismos movimientos de su hijo, mi marido, he instintivamente soltó el cinturón de su batón, para aparecer un hermoso pene en plena evolución de erección, lo que gatillo en mi esa tremenda calentura que me tenia en esta situación, recordé en ese momento, las tantas veces que le había rechazado y ahora corría embelezada a su lado. Al verlo así quede paralizada, y sin demostrar ningún tipo de rechazo a mi querido suegro, dejé que me tomara de los hombros y me besó ardientemente en los labios, cosa que aumentó mi calentura a mil, mientras Jacqueline, delicadamente , al verme tan receptiva, acudió presurosa a mi dando muestras de aprobación, me abrazó y me beso en las mejillas sin decir palabra, para luego ayudarme ella misma a quitarme mis vestimentas, dejando al descubierto, mi orgullo de mujer, mis lindas tetas al descubierto, las que fueron presa fácil para Walter, que ansioso ante el bocado que se le presentaba, se apoderó con su boca de ellas, como adivinando que al admitir aquello, me mataba de excitación, haciendo recorrer en todo mi cuerpo una rica sensación de infinito placer, apoyado por su amante, que ya hurgaba con sus dedos mi sexo humedecido y con la otra mano tomó la mía para llevarla al contacto directo con el fuerte falo de Walter, que me causaba un tremendo placer el tenerlo entre mi mano.

 

En los minutos siguientes, los tres desnudos repartíamos nuestras caricias sobre la cama de ella y en mi boca trataba de dar cabida y succiones a ese vibrante miembro de mi suegro. Mientras el hombre se esmeraba de repartir sus caricias entre ambas jóvenes mujeres que nos encontrábamos ya dispuestas a hacerle gozar como presumiblemente, él lo había soñado desde hacía mucho tiempo.

 

Era tal mi calentura que me puse sola bajo él, ondulaba mi desnudo cuerpo y buscaba ansiosa su fuerte verga, mientras él prolongaba sus caricias sobre mí, lo que me desesperaba de deseos de ser profusamente poseída. Jaquie, se deleitaba viéndome en ese estado y avivaba el fuego acariciándonos a ambos también plena de excitación.

 

Mi mano izquierda fue a tomar el erecto pene de Walter y lo direccioné rápidamente a mi boca, necesitaba sentirlo, necesitaba mamarlo con ansiedad y así lo hice, arrodillada junto a él, era maravilloso el sentirme así dando rienda suelta a mi ardiente calentura, mientras sentía placenteramente la lengua de Jacquie, haciendo estragos en mi sexo. Era verdaderamente lo máximo que podía desear. Mi condición de hembra multi orgásmica, me delataba plenamente y mi cuerpo se estremecía al sentirlos venir.

Por fin pude sentir en toda su magnitud una ardorosa penetración que dio un tremendo libertinaje a la búsqueda de mi latente placer sexual. Al ver a Walter en acción, me parecía estar haciéndolo con mi propio marido, por su extraordinario parecido, lo que me hacia entregarme sin reservas a este cincuentón varón que si sabía sacar el mejor provecho en la cama de una joven mujer.

La pildorita del "Viagra" hacía maravillas en Walter, era como hacerlo con un muchacho de 20 años, fogoso, muy viril, y algo incansable. Con su pene enfundado en un suave "condón "de látex, nos cuidaba para no embarazarnos, ya que ambas fuera de encontrarnos en una edad muy activas en lo sexual, también nuestra condición de mujeres jóvenes, nos hacía ser súper fértiles. No puedo negar que el hombre supo arrancar de mi todo ese fuego ardiente que me consumía. Sació todas sus ansias y deseos que me tenía y se mostraba feliz, que le hubiese podido responder más allá de lo que él tibiamente había imaginado de la mujercita de su hijo, que ahora también lo era de él.

 

Satisfecha completamente de esta aventura con mi querido suegro, ahora lo observaba dándole sin cesar a Jaquie, que demostraba su deleite a través de sus ardientes gemidos, tanto o mas que yo, también la hizo acabar profusamente antes de eyacular copiosamente para ella, a quien yo aprendí a estimular por todo su cuerpo tal como ella lo hiciera hacía un rato atrás y también me parecía delicioso y sorprendente, ya que nunca había imaginado hacerlo con una mujer, pero la calentura pudo más que mi pudor y me gustó mucho hacerlo con ella.

 

Media hora después Walter descansaba desnudo, junto a sus dos jóvenes hembras, que le mimábamos y acariciábamos, como nuestro ídolo y gran macho reproductor, él nos trataba como "mis pequeñas" o mis chicas y nosotras le bautizamos como "Papito".

La escena aún tenía mucho de erotismo y mientras él descansaba y se reponía del duro embate con sus ardientes nueras. Jacqueline, caliente aún, saltó pronto a mi lado y nuestros jóvenes cuerpos se unieron en un verdadero torbellino apasionado. Walter nos observaba eróticamente extasiado y aunque físicamente agotado, su mente le indicaba que sus manos debían continuar palpando nuestras desnudeces y su boca aprovechaba de lamernos enteras, impulsándonos a continuar gozando entre nosotras, hasta que nuestras lenguas hicieron estallar nuestros sexos en esa ardiente tarde dominguera. En menos de veinticuatro horas, mi vida sexual empezaba a tener un vuelco inimaginable para mí.

 

Antes de partir en la búsqueda de nuestros hijos, nos juramentamos con Walter, de saber guardar nuestro secretos de alcoba y comprometiéndonos con él, de estar siempre disponibles para con el padre de nuestros maridos, cuantas veces él quisiera gozar de nosotras, a lo que nosotras asistimos cual esclavas a obedecer a su amo y señor. Yo por mi parte pensaba tras cerrar esa puerta y sentirme debilitado físicamente producto de mi desenfreno. "Que tipos con más suerte, a cuantos hombres maduros, como Walter, les será dada la suerte de cuidarle las mujeres de sus hijos ausentes, así de esa manera.

 

Antes de retornar, llamé por teléfono a mamá para advertirle de mi regreso y para que se dieran tiempo de normalizar todo y mi hijo no se diera cuenta de la gran puta que era su joven abuela. Al parecer en esos momentos continuaba disfrutando de lo lindo con su amiga Alicia, pues la escuche muy bajito decir --- ¡Ali, por favor! --- cálmate --- que estoy hablando con Isabel.

 

Al ingresar a mi casa todo era silencio, sólo el cuarto de mamá permanecía con luz, por lo que aprovechamos para pasarla a saludar con su muy querido nieto.

 

El rostro de mi madrecita la delataba por completo el libertinaje que había puesto en estos dos días en lo sexual con su vieja amiga y el hijo de esta, pero no quise decirle nada pues yo también venía muy agotada por culpa de la tarde pasada en casa de Jacquie, y lo único que deseaba era tenderme en mi cama y descansar. Mamá pidió invitar a mi hijo a dormir con ella, como lo hacía normalmente, cosa que asentí de no muy buenas ganas, pero así se hizo.

Al día siguiente y después de quedar a solas con mi madre, a eso de la media tarde, la aborde dirigiendo la conversación a lo observado por mí ese sábado en la noche y sus relaciones con Isabel y su hijo Andrés. Ella abrió sus ojos totalmente sorprendida, queriéndome negarlo en principio, pero fui tan convincente que optó por decirme la verdad y suplicarme perdón por lo acaecido.

 

Lo conversamos todo tranquilamente y como buenas amigas, confesándome ella lo bien que lo había pasado y lo fabuloso que era Andrés para la cama, eso me excitó en demasía, pero lo que me tuvo al borde de un orgasmo fue cuando me dijo, que el muchacho deseaba ardientemente hacerme sentir su tremendo garrote y que ella estaba dispuesta a cooperar si así yo lo deseaba. Ahora la que abría tamaños ojos era yo ante tal proposición deshonesta escuchada de labios de mi madrecita.

No es necesario que me des tu respuesta ahora --- agregaba ella --- abrazándome con fuerza --- piénsalo y después conversamos, demás está decirte que ese será nuestro gran secreto entre las dos.¡ Oh, mi gran Dios! --- Debo aprender a guardar muchos secretos, será para pasarlo mejor.

La confianza con que me trataba Nelly, mi madre, y la calentura que ya se apoderaba de mi, me impulsaban a decir que sí---- pero no quise traicionar mi calma y me retiré a mi cuarto meditabunda y ardiendo en mi interior. Pasaron dos días en que de mi madre por un lado, yo notaba su presión a impulsarme a tomar una decisión, por otro lado recibía llamadas de Jacquie, con invitaciones llenas de insinuaciones pecaminosas, como también de Walter mi suegro, que lo único que quería era meterse en la cama conmigo y hacerme gozar como sólo él lo sabía hacer. Eso me ponía más caliente aún, de saberme deseada por hombres y mujeres que se prodigaban por querer repetir momentos especiales al hacerlo conmigo. Eso me llevó esa tarde a poner en practica un plan con mi madrecita para probar con Andrés, no podía perder la oportunidad de sentir tan tremendo falo y gozarlo tanto o más que ella. Tanto había luchado por permanecer fiel a mi tan lejano marido, pero mi temperamento ardiente me consumía día a día, fuego que se había iniciado bajo mi propio techo y cuyos protagonistas eran mi propia madrecita y amiga, cooperando con ello la no menos caliente como la mujer de mi propio cuñado y Walter, el potente padre de mi marido que nos tenía a las dos como sus fieles concubinas.

Esa noche Nelly, mi madre, lo preparó todo, así y antes los insistentes requerimientos del joven Andrés, ella le prometió que le visitara en su alcoba pasado la medianoche, con la promesa de no decir nada a nadie y con instrucciones de moverse sigilosamente a luz apagada. Temprano se durmió mi hijo Carlos Ramiro, en su cuarto y con Nelly, hicimos el cambio de alcoba. Yo me fui a su amplia cama y ella se fue a ocupar la mía, mientras que Alicia la madre de Andrés, se había retirado a descansar en su cuarto de huéspedes.Ya era medianoche y yo para tomar valor me había bebido casi un vaso de licor, lo que siempre activaba mi ánimo, esperaba impaciente cual novia virgen en su noche de bodas, la llegada de aquel hombre tan especial.

Nelly, me había estado acompañando en la cama, ambas ataviadas en forma muy sexy y provocativas y yo cubría mi cuerpo sólo con un transparente camisón a media pierna, al retirarse mi madre pude apreciar las razones porque los hombres se daban vuelta a mirarla y contemplar toda su bien hecha anatomía, cosa que me llenaba de orgullo y morbo.

A luz apagada, pronto sentí un movimiento sobre la cama y el cuerpo desnudo de Andrés que se deslizaba con maestría para unirse con el mío, sus manos me recorrían entera y sus labios buscaban mis tetas desesperadamente para lamerlas y succionarlas repetidamente, mientras mi calentura empezaba a bullir por todos los poros .

 

¡ Oh! Nelly, mi amor--- me susurraba al oído --- te deseo mucho, mucho, mucho. Yo sin poder decir palabra alguna para no delatarme tan tempranamente le seguía el juego, atrayéndole más hacia mi cuerpo y respondiendo lascivamente a sus caricias. Pronto logre apresar su imponente pene con mis manos, era realmente sorprendente para mi, era como tomarle el aparato a un potro reproductor, de esos que cuando niña observé en la campiña de mi abuelo con los ojos desorbitados al verlo acosar a una yegua en celo. Imagen que me quedó gravada para siempre y que después y por mucho tiempo fue objeto de mis secretas masturbaciones nocturnas. En esos momentos volvía a pensar en ello redoblando en mí una muy fuerte excitación. Nuestra pasión estaba ya desatada sobre la cama y notaba como esa gran cosa que palpitaba en mis manos gruesa y venosa, la llevé instintivamente a hurguetear sobre mis labios vaginales, plenos de lubricación y deseosos de recibir tamaño trofeo. Abrí mis piernas al máximo y guiado por una de mis manos lleve su gran cabezota a la estrecha entrada de mi ardiente sexo, refregándole sobre mi excitadísimo clítoris. Bastó un leve impulso de Andrés para sentir como se ensanchaba mi vagina al máximo para dar cabida en su paso hacia el fondo de mi útero de tamaño aparato: El dolorcillo que en principio sentía por la penetración pronto se fue transformando en placer al sentirlo todo dentro de mí, especialmente al tocar al fondo mi útero, el que me entregaba un deleite no conocido por mi hasta ese momento, era algo doblemente delicioso. Con razón a mi madrecita la había visto gozar tan extraordinariamente aquella noche tras el ventanal. Andrés no cesaba en su empeño de bombearme a sus antojos, mientras yo ya sentía los efectos de un primer gran orgasmo que en su convulsionado y rápido desarrollo, hacía que instintivamente mi sexo apretara con más fuerzas el gran pene de Andrés, lo que me hacía desfallecer de placer.

Aquella visión infantil del potro de mi abuelo, volvió a apoderarse de mí y tomando posición en cuatro patas y con mi trasero levantado, fui penetrada vaginalmente por el muchacho, que desempeñaba ese papel a la perfección y a insinuación mía, me entregaba unos pequeños relinchos tal como yo los tenía grabados en mi mente. Estábamos tan posesionados de nuestra fantasiosa representación, que no nos dimos cuenta cuando una tercera persona se subió a la cama junto a nosotros, queriendo participar de nuestro juego. Era Nelly, mi amiga, mi confidente y mi ardiente madrecita que semi desnuda y muy cliente se nos unía en la cama. La confusión que se produjo en Andrés fue notoria, con su largo brazo encendió la lámpara de la mesa de luz y logró descubrirnos a la madre y a su caliente hija, que ensartada y penetrada hasta el fondo de su ser, era objeto de la más grande penetración sexual obtenida hasta esa noche.

Al identificarme plenamente, noté que sus deseos para conmigo se duplicaron fuertemente haciéndome acabar copiosamente y sin compasión mientras mi madre nos estimulaba lascivamente y en directo la sentía con su boca junto a nuestros sexos, absorbiendo con su lengua mis jugos vaginales extraídos en el constante bombeo que producía Andrés.

Esa fue una noche extraordinaria, era increíble ver al muchacho con un tremendo poder de reactivación para volver a la carga. Así esa noche volví a ver a mi madrecita en acción con ese muchacho que era una máquina de producir placer. Es increíble lo que puede hacer la calentura y un par de tragos en una mujer. Mi relación con ella experimentó un cambio radical en nuestras conductas, ya no había secretos entre nosotras y las dos éramos cómplices de infidelidad abierta ante nuestros alejados maridos, pero a su vez lo guardábamos como un gran secreto y nos cuidábamos mutuamente.

Logramos que Andrés y su madre se quedaran un tiempo más con nosotras, por lo que le llevaba a nuestro hijo a la buena de Jacquie, quien no sospechaba de nuestras andanzas y así dábamos rienda suelta a verdaderas orgías sexuales, hasta dejar sin reacción copulativa al incansable Andrés. Durante los días de la semana, las mujeres habíamos tomado la costumbre de andar dentro de casa con vestidos cortos y sin bragas, así le facilitábamos el trabajo de nuestro macho de montarnos a cualquier hora y lugar, por lo que no era raro que si mamá estaba cocinando, él se iba a la cocina y a los minutos se escuchaban los chillidos de Nelly, característica que el muchacho se la estaba metiendo a todo dar.

El retorno de nuestro hijo a casa, silenciaba todos los ímpetus, reconociendo que el hombre a quien más acosaba era a mí, talvez por ser más joven y fogosa. Hubo fines de semana en que Nelly y Alicia se entretenían juntas en su alcoba y Andrés se iba conmigo a mi cuarto, así lo tenía para mi sola toda la noche, al día siguiente no nos dejaban levantarnos, nos aseaban y nos alimentaban obsequiosamente en la cama, como si fuéramos matrimonio en Luna de Miel, para lo cual ambas se caracterizaban de sirvientas, desnudas en zapatos de altos tacos y tapadas solo con un albo delantalcillo, así después mi madre se encargaba de calentar a Andrés e Isabel a mi y cuando ambos estábamos jadeantes, les encantaba vernos fornicar y mi madrecita gozaba enormemente cuando me veía caer en fuertes orgasmos u observar al muchacho eyacular copiosamente dentro de mi.

 

Mi problema surgía el Domingo por las tardes cuando iba en busca de mi hijo a casa de Jacquie, mi agotamiento era evidente por el uso y abuso que hacía de mi cuerpo y de mi vida sexual, agregándole a ello que allí me esperaba ansioso mi suegro Walter, quien me abordaba desesperado, llenándome de lujuriosas caricias, sus manos se multiplicaban en su asedio y pronto mi vagina se veía cercada por sus inquietos dedos, hasta hacerme dar de cuentas que ya no podía negarle mi cuota de placer carnal y de paso me encontraba con el asedio lujurioso de Jacquie, la que cada día la encontraba más físicamente espectacular, la que de igual forma me compartía sexualmente, normalmente salía muerta en vida de aquella casa, pero feliz de tanto gozar con ambos.

 

En mi último rescate de mi hijo Carlos Ramiro, de casa de Jacquie, sostuve una conversación con ella, que me dejó muy preocupada, ya que las madres nos negamos a creer que los hijos también crecen y nos van entregando sorpresas en su despertar prematuramente sexual. Me decía Jacquie que la noche del sábado, ella se metió al cuarto de baño para duchar a sus hijas puesto que habían jugado con Carlos Ramiro toda la tarde. Estando en esa actividad – agregaba Jacquie – Ella como acostumbraba se quito el vestido y su blusa para no mojarlas con el agua del baño, dejando la puerta semi abierta, olvidando por completo la presencia en casa de Carlito, a quien sorprendió momentos después espiándolas y con su pene erecto fuera del pantalón, en franca actitud de masturbación, ella manifestaba que el niño estaba con su vista clavada deleitándose de su postura y físico, más que en el de las niñas desnudas, que no quiso decirle nada e ignorando su presencia cerró la puerta del baño. Al salir de allí este se le abalanzó suplicándole que también lo bañara al igual que a sus primas, a lo que tuvo que acceder, después de dejar en sus camas a sus hijas.

Una vez en la sala de baño Jacquie, con sorpresa descubrió que Carlito, que ya estaba por cumplir los catorce años, ya tenía bellos en su pubis y desarrollaba un pene que no cabía duda era herencia de su abuelo Walter y que al jabonarle lo vio erectarse de tal forma que en nada podía envidiarle al de su propio marido, que el muchachito aprovechando el ligero vestuario de tía Jacquie, pasaba sus manos mojadas por sus piernas hasta introducir una de ella tras su delgado y pequeña braga y sorpresivamente invadió su húmedo sexo, por lo que rápidamente lo secó y llevo a su cama donde, pese haberle llamado suavemente la atención, este continuó su nuevo descubrimiento de continuar recibiendo los acosos perturbadores del muchachito. Ella me manifestó que luego se fue muy pensativa a su cuarto ya que reconoce que Carlitos había incluso logrado excitarla, que pronto se durmió pesadamente gracias a aquellas pastillas para dormir, sin dejar de pensar en lo que había descubierto en ese jovencito imberbe aún.

¡Isabel ¡ -- me dijo mi amante amiga --- Tu inocente muchachito, me violó anoche en mi propia cama.

¡Pero cómo! – casi grité yo, tratando de imaginar aquello que me parecía tan ilógico.

El muy bribón – dijo --- Espero que me durmiera bien y se escurrió desde su cuarto hasta el mío, se metió en mi cama, sin que yo me percatara y como duermo sin bragas y piernas abiertas, no le fue difícil montarme y penetrarme con ese lindo pene que le había visto al bañarle. Te prometo que mientras me lo hacía, en mi inconciente soñaba que estaba con Walter en lo mejor, acabando con tanto alboroto como tú lo has comprobado tantas veces.

¿Y cómo te diste cuenta, que era mi niño?

Porque al hacérmelo por segunda vez, me volvió la calentura en sueños y mis movimientos copulativos lo volvieron loco y me chupaba las tetas con tal vehemencia y excitación que ello me hizo despertar, pero como estaba a oscura el cuarto, imaginé que era Walter quien estaba conmigo ya que a veces me visita tarde pues tiene llave de la casa, su pene era brioso igual que el de él, pero el cuerpo que me cubría era menudito, como de un niño. Estiré el brazo y di la luz de mi lámpara y descubrí a Carlitos que me tenía penetrada hasta el fondo de mi excitadísima vagina, solo puede exclamar -- ¡Carlito!--- Que le haces a la Tía. Quise quietármelo de encima pero mis movimientos sirvieron para que me lo metiera más profundo, mientras se aferraba a mi desnudo cuerpo y su copiosa leche casi infantil me inundaba, ese sólo echo me descontroló y me deje arrollar tras su tremenda descarga, sufriendo yo las consecuencias de uno de mis más placenteros y fuertes orgasmos.

¡Mi Carlito te hizo acabar así!--- aún no lo puedo creer—le repetía yo, con no disimulado orgullo.

Y eso no es todo --- me decía atropelladamente mi excitante amiga --- anoche, después de lo sucedido, me costó llevarlo de vuelta a su cama, a toda costas quería seguirme fornicando. Hoy temprano llevé a las niñas donde su abuela, Walter se ausentó de la ciudad, El niño se negó ir a visitar a su abuela, quedándose en cama. A mi regreso, le preparé su almuerzo, el que se sirvió acostado, después se puso a ver TV., Esperó a que me desocupara y me fuera a mi propia alcoba recostándome sobre mi cama, cuando lo ví entrar completamente desnudo y con su hermoso falo duro y erecto, no me dio tiempo a nada, cuando lo tenía sobre mi montado. No te miento al decirte que me fue imposible quitármelo de encima, hasta sentirme nuevamente penetrada por mi querido sobrino. Además – me manifestaba atropelladamente --- posee todas las mañas y modales de su abuelo Walter y ese lindo pene es una maravilla, posee una capacidad sexual tremenda, con decirte que estuvimos casi toda la tarde culiando, me hizo acabar no se cuantas veces, como si yo fuera una jovencita novata. Pero lo curioso es que ya sabe manejarse con una mujer adulta y sabe como hacerla gozar mejor que un hombre adulto.

 

¡Oh¡ --- le dije muy excitada --- de solo pensarlo estoy acabando sola --- abrázame por favor y bésame mucho, mucho, le repetía muy caliente y en mi mente tenía grabada la figura de mi Carlitos manejando a su antojo a una mujer muy madura, mi calentura se desbordó, mientras un delicioso orgasmo invadía todo mi cuerpo.

Esa tarde supe que posiblemente, fue mi propia madrecita quien en una de esas tantas noches que se acostaban juntos, ella se lo brindo y le hizo perder su virginidad.

Estas enojada por esto dijo tímidamente Jacquie.

Por que habré de estarlo tontita- le dije – quien mejor que tu para hacerlo despertar al sexo, eres mi mejor amiga, somos amantes por gusto nuestro, ambas compartimos a un mismo hombre que no es nuestro marido y se que mi Carlos Ramiro, tendrá en ti y posiblemente en mi madrecita, su mejor desahogo en su crecer sexual y todo bajo el secreto de familia.

Sabes lo que me confesó Carlito, mientras descansaba junto a mi --- me dijo finalmente Jacquie – que él soñaba que algún día el reemplazara las largas ausencias de su padre, acostándose contigo y dándote las faltas que tu marido no te las puede dar-

¡UF¡ --- Lo que me espera…le dije sonriendo … haríamos un cuarteto perfecto. Yo, tu, mi madrecita y él.

Por favor --- me dijo Jacqueline --- No te rías, que así como va, muy pronto ha de llegar el día en que nos hará gozar a las tres en una misma cama. ¿No te parece?

¡Oh! Jaquie --- le dije --- de solo pensarlo me estás haciendo acabar de nuevo ¡Ohhhhhh¡…………………

 

FIN

Karolina. Con Ernesto en el cine porno

drsexoparanenitas @ 19:52

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Aquella tarde Ernesto me propuso ir al cine.

Hacía tanto tiempo que no íbamos al cine juntos que me hizo ilusión y le pregunté con expectación que película había elegido.

Te voy a llevar a una sala porno.

Me dijo con una sonrisa picarona en los labios y un brillo especial en la mirada.

Yo no había ido en mi vida a una sala de esas.

No comprendí de entrada sus intenciones y me extrañó que hubiese decidido ir hasta el cine para ver una de tantas películas porno. En casa tenemos un canal que todas las noches da tres o cuatro seguidas y más de una noche nos hemos hecho de todo viéndolas.

Una de las cosas que nos gusta es ir haciendo, a modo de imitación lo que en la película hagan los actores.

Que la chica se pone a trabajarse el falo del actor con la boquita, pues yo me inclino y tomo el aparato de mi marido y le hago un trabajito igual o mejor.

Me gusta mirar de reojo a la pantalla mientras, para ver como lo hace la guarra de turno y procuro superarla y creo que lo consigo. Cuando el olor y el sabor del pene me inunda me convierto en la putita mas puta del mundo.

Si en la peli es el chico el que se trabaja el coñito de la interfecta, pues coloco la cabecita de Ernesto entre mis muslos, abro mis piernas al máximo y ofreciendo mis rosaditas intimidades facilito que sea él el que emule las escenas del film.

Y cuando empiezan las embestidas, copiamos las posturas y el ritmo. Si en la tele follan despacito, metiendo y sacando con suavidad. Ernesto me lo hace más delicado y lento aún, su pene no parece terminar de entrarme nunca.

Si la saca y le restriega el coñito a la guarra con la estaca, mi marido hace lo propio y su pene mojado en mis fluidos me acaricia los labios y el clítoris con suavidad.

Y cuando la cinta muestra polvos que se aceleran y las envestidas son salvajes el pene de mi esposo se hunde con rudeza y energía hasta hacerme gritar.

A Ernesto lo que más le agrada es que en la peli se decidan por inaugurarle el culito a la cerda. Le gusta escupir en el varias veces y penetrarlo al ritmo de la tele.

A mi sin embargo, lo que más me intriga; es el final. Eso de que te estén follando y veas que se acerca el orgasmo te crea una morbosa incertidumbre: ¿Donde se correrá?

En la boca de la niña, en su cara, en las tetas. ¿Se la meterá finalmente en el culito y eyaculará sobre los redondos glúteos de la actriz?

Le pido a Ernesto que procure hacer coincidir la salida de su leche con la del orgasmo fílmico. Y la verdad es que es un maestro. Es raro que se desvíe más allá de unos simples segundos.

Mi preferida es en las tetas. Cuando pone el actor su polla apuntando a los pezones de la putita, yo saco pecho, pongo mis manos elevándolos y mostrándoselos a Ernesto y cierro los ojos para sentir la llegada del semen tibio y oloroso. Después y aunque en la película no lo hagan meto la tranca recién desahogada en mi boca y lamo con placer los restos de la corrida aun con el prepucio duro y brillante.

¡Me encanta!

 

 

 

En fin que lo del porno, pensé yo, como en casa en ningún sitio.

Pero tenía su morbo lo de cambiar y me atrajo la idea de entrar por vez primera en un cine de ese tipo.

Ya en nuestro cuarto, subimos para arreglarnos y allí es donde Ernesto puso más interés al asunto.

Yo salía de ducharme desnuda, tan solo con la toalla tapándome apenas y Ernesto ya se había vestido y estaba sentado en un el borde de la cama.

Ven aquí, me ordenó.

Con él soy una perrita obediente y sumisa.

Me acerqué. Él me quitó la toalla. Mi coñito depilado a lo brasileño que lucia aún húmedo y perfumado por el reciente baño quedó justo a la altura de su boca. Ernesto lo besó dulcemente. Cogiéndome con las manos los glúteos desnudos.

No vistas esta preciosidad mi amor, me invitó. Ponte sólo unas medias con ligero y esa gabardina corta negra que tienes.

La gabardina negra no me llega ni a medio muslo y, además, no tiene nada más que un par de botones.

Me puse unas medias de rejilla negras y un liguero negro a juego.

Ernesto continuaba sentado mirando como me vestía, se levantó y me tomó de la mano llevándome de nuevo hacia el baño. Yo comenzaba a estar muy excitada. Mi coñito estaba comenzando a destilar sus aceites.

Cogió el bote de gel lubricante y se embadurnó la mano me abrió de piernas y extendió el gel por todo mi culito y mi chochito.

Era lo único que faltaba. No untó mucho solo un poquito, pero toda mi entrepierna quedó resbalosa. Abrió los labios de mi cosita y extendió el gel con su dedo y luego lo dirigió a mi agujerito de atrás y presionando fuerte metió su dedo pringoso en el.

Ponte la gabardina que nos vamos. Me dijo dejándome casi a punto del orgasmo.

Quede como una perrita insatisfecha.

Durante el trayecto al cine sentía mis muslos resbalando el uno contra el otro y el aceitoso ungüento se mezclaba con los míos propios.

 

 

 

El cine estaba oscuro, olía a ambientador barato y en la pantalla ya había una película puesta. Se estaban follando a una rubia tetona un par de negros con unas porras inmensas.

Cuando mis ojos se habituaron a la oscuridad comprobé que la sala estaba medio vacía. Me llamó la atención que hubiese algunos hombres de pie en el pasillo.

Pronto comprendí que la sala era más un sitio de encuentro de maricones que un cine. Vi como se la chupaba un viejo a un chaval mucho más joven.

Nadie parecía preocuparse por lo que hicieran otros. Eso si los tíos que estaban de pie eran los mirones. Se movían hacia donde un chico metía mano a otro o hacia donde hubiese una mamada.

No había ni una solo mujer a excepción de la putita de la gabardina negra. Así me sentía.

Nos sentamos hacia la mitad en una fila de butacas vacía.

Me sentía súper observada. Mi corta gabardina negra y brillante y mis medias de rejilla negra no pasaban desapercibidas.

Pronto mi excitación creció hasta límites insospechados. Entre escena y escena de la película de los negros Ernesto deslizó su mano entre mis piernas y comenzó a jugar con mi almejita lubricada y abierta. Lo hacía con descaro sin preocuparse porque le vieran.

Yo no me atrevía a mirar a los demás espectadores. Pero noté como cambiaban de asiento varios tipos, acercándose hacía nuestra posición. Uno en concreto, joven, muy joven, no se si tendría los dieciocho, se puso a mi lado, tan sólo dejo una butaca libre entre nosotros.

Cuando Ernesto vio a mi acompañante abrió el cinturón de mi gabardina y el último de los botones y dejó mi coñito a la vista de todos los que nos observaban.

El chico comenzó a acercar su mano hacia mí, salvando la butaca que nos separaba, con una lentitud de cámara súper lenta, hasta que finalmente sus dedos rozaron mi brazo.

¡Joder!, nunca un roce me había producido tal escalofrío. Yo no me retiré, dejé que sus dedos continuasen rozando mi piel hasta que llegaron a mi mano y comenzaron a acariciarla. Me estaba volviendo loca aquel juego morboso.

El chico cambió de silla y se puso junto a mí. Miraba la mano de Ernesto jugando en mi coñito. Y su pene estaba a punto de estallar.

En la fila de butacas de alante se sentaron dos vejetes que sin disimulo alguno se pusieron girados a contemplar la escena. En ese mismo instante Ernesto empujó mis rodillas, primero una y luego la otra y dejó mis piernas abiertas.

Mi rodilla derecha chocó con la del chico. Y él puso su mano cálida y suavemente sobre ella.

El espectáculo que estábamos brindando no debía ser muy frecuente porque despertó la curiosidad de unos cuantos más. Yo calculo que entre diez y quince tíos estaban pendientes del asunto desde distintas posiciones, pero casi sentía el aliento de los dos viejos.

Al otro lado de Ernesto se sentó otro tipo y le sacó la polla a mi marido. El se dejó. Nunca había visto a mi esposo con otro hombre. Siempre pensé que me iba a dar asco una situación así pero estaba tan excitada que aun me calentó más ver la mano de otro hombre masturbando a mi marido. Pero el tío se arrodilló y comenzó a trabajarse con la boca la polla de mi carnudito que estaba tiesa como un roble.

Ernesto abandonó mi coño a su suerte y se retrepó en su asiento mirándome de reojo mientras se la mamaba el marica.

La mano de mi marido no tardó en encontrar relevo en los dedos del chico, que con la otra mano abrió el botón que faltaba de mi gabardina y la abrió sin disimulo.

¡Ahhhhhh!. Aun me excito al recordarlo. Desnuda, con las medias de rejilla, la gabardina abierta, mis pechos al aire y los dedos del chico dentro de mi coño.

 

No me hubiese dado cuenta de que tenía gente detrás si no hubiese sido porque una mano irrumpió rozando mi cuello y se dirigió certera y rápidamente a mi pezón y comenzó a pellizcar y acariciarlo.

Cuando me quise dar cuenta el chico tenía la verga fuera, llevó mis deditos a su pollón erecto y duro como el acero pero antes escupió en la palma de mi mano. Tomé aquel falo y comencé mis caricias. Nada mas agarrarlo tuve mi primer orgasmo.

El chico dejó mi almejita cuando mi mano comenzó a trabajar mas duramente. Pero uno de los viejos no desaprovechó la oportunidad y se incorporó en su asiento para llegar hasta mí.

Coló un dedo dentro de mi coño pero con otro a la vez se interno entre mis glúteos y localizando mi arete comenzó a trabajarlo metiendo la falange en él.

No se cuantos minutos pasaron. Mi marido eyaculó en la boca del marido cuando el viejo comenzó a tocarme. El chico eyaculo en mi mano y con su leche en mis dedos seguí acariciándole. El viejo me folló con todos sus dedos y desde las butacas traseras tocaron mis pechos varias manos distintas.

Se que provoqué unas cuantas eyaculaciones, pero yo tuve otro orgasmo más. Creo que ambos han sido de los más intensos de mi vida.

Mi marido le dio mi dirección de correo al marica. No me preguntéis para qué.

En un trozo de papel escribió "karolinaescribe @ Hotmail . es" y se la metió en el bolsillo de la camisa.

Os agradezco vuestros votos. Tenéis mis relatos entre los mejores de la categoría.

Os adoro.

Un beso.

Mucama dominada

drsexoparanenitas @ 19:50

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Hola me llamo Karina, soy de Argentina, tengo ahora 25 años, soy morocha, delgada mido 1,65 m, hago gimnasia todos los días así que tengo un cuerpo bastante atractivo, buenas piernas, buena cola, pero lo que mas llama la atención, sobre todo de los hombres, son mis 120 cm. de lolas.

Me case desde hace casi 1 año, antes de conocer a mí marido tuve un par de novios pero desde que empecé a salir con él le he sido fiel, solo he tenido sexo con mi esposo, él es mayor que yo tiene 43 años se llama Mario, trabaja mucho y no lo hacemos muy seguido, pero aun cuando cogemos, no quedo conforme y me siento insatisfecha, nunca me faltaron oportunidades ni propuestas para engañarlo, pero lo quiero mucho y nunca lo hice. Lo que les voy a contar me sucedió hace unos 3 meses.

Por dificultades económicas tuve que buscar trabajo para ayudar con las cuentas, lo único que conseguí fue de mucama por horas en un departamento que compartían unos cuatro estudiantes, los chicos tenían ente 20 y 25 años; tenia que ir tres veces a la semana por la tarde, limpiar el departamento lavar y planchar ropa etc. No me pagaban mucho pero lo hacían por día, necesitábamos el dinero y otra cosa no había.

Desde el primer día los tipos me devoraban con la mirada y me encararon mas de una vez, de a uno cuando me quedaba sola con alguno de ellos y también me acosaron estando todos,  pero yo me negué por su puesto para no meterle los cuernos a mi pobre esposo. Los chicos me veían atractiva y como trabajaba de mucama pensaban que era fácil y por eso insistían permanentemente con tener sexo conmigo. La situación me parecía divertida, los chicos eran atléticos y atractivos, me gustaban pero jamás hubiera aceptado coger con alguno de ellos, les dije que era casada pero continuaron insistiendo, no le conté nada a mi esposo para no preocuparlo. Con el correr de los días de las propuestas indecentes pasaron a las manitos en la cintura y alguna que otra palmada o pellizco en la cola. La verdad que yo me excitaba y me mojaba cuando me ponían alguna mano encima pero disimulaba, me enojaba y continuaba con mi trabajo como si nada. Ganas no me faltaban de ceder a sus requerimientos y confieso que en casa me masturbe más de una vez pensando en lo que me harían esos tipos si yo me entregaba o me tomaban a la fuerza.

Lo pensé y había decidido no acostarme con ninguno de esos babosos, aunque los haría desearme así sufrían un poquito y yo me divertía mas. La próxima vez que fui a limpiar el departamento, fui vestida  un poco provocativa, lleve una pollera un poco por encima de la rodilla y una blusa blanca ajustada que resaltaba mis voluminosos pechos, sin corpiño debajo por supuesto, me coloque un saco encima para no tener problemas en la calle. Pensaba que los tipos me acosarían, yo me negaría y ellos se quedarían con las ganas, no me imaginaba lo que iba a pasar.

Bueno, llegue al departamento, estaban los cuatro, me quite el saco y sonreí al verles la cara que pusieron. ¡Nunca me tendrán babosos!, ¡Miren el cuerpito que se pierden! Les decía yo con la mirada. Me puse a lavar platos en la cocina, mientras los escuchaba conversar en el living, sobre mí, ellos no se daban cuenta que yo los oía, bueno hacían comentarios sobre el tamaño de mis pechos, mi cola y sobre lo que podrían hacer conmigo, decían que yo era una puta como todas las mucamas y que seguro me podrían coger, aunque yo me había negado hasta entonces, quede indignada cuando uno de ellos Martín les propuso ofrecerme dinero a cambio de que tuviera sexo con los cuatro, esta putita nos saldrá gratis le contestó otro de los tipos, con lo que todos rieron. Yo no podía creer lo que escuchaba, decidí terminar mi trabajo y no volver nunca más.

Entonces los cuatro entraron a la cocina y me rodearon. Yo les pregunté, asiéndome la tonta, si que pasaba, ellos me contestaron que me iban a coger entre todos, yo trate de correr hacia la puerta, pero me atraparon en el living, uno de ellos, Javier me sujeto las manos atrás de la espalda, cualquiera de ellos tenia el doble de fuerza que yo así que me dominaron fácilmente, José el mayor de ellos y quien comandaba el grupo me acaricio el cabello y mientras bajaba sus manos hacia mis tetas me dijo: bueno Karina ahora vamos a tener una fiestita, y nos vamos a divertir todos con vos. Otros me tocaron el culo , yo les dije que me soltaran, que me quería ir, pero José mientras manoseaba con sus dos manos mis pechos, me dijo: de acá te vas a ir bien cogidita nena, todos reían, noté varias manos por debajo de la pollera acariciando mis muslos y dirigiéndose a mi intimidad, antes de que la alcancen yo me incline instintivamente hacia delante, pero enseguida Javier que estaba detrás mío sujetándome las manos puso una de sus piernas entre las mías y me obligó a enderezarme, prácticamente me sostenía en el aire con las piernas abiertas, inmovilizada sentí las manos de Diego y Martín avanzar por la cara interna de mis muslos, uno de cada lado, hasta llegar a mi tesoro, varios dedos se introdujeron bajo mi bombacha y comenzaron a jugar con mi clítoris y con la entrada de mi vagina, a todo esto José me había levantado la blusa y se entretenía con mis pechos los manoseaba, estrujaba, besaba mis pezones, los mordía, me sobaban completa, por todos lados.

Ante el manoseo tan intenso yo me comencé a excitar, obviamente que no quería, pero no podía evitarlo mi cuerpo respondía a las caricias, para mi vergüenza me moje. Al notarme húmeda varios dedos se turnaron para introducirse en mi vagina. Yo me resistía pero no podía zafar y estaba muy pero muy mojada, cosa que festejaron. Les grite nuevamente que me soltaran pero la cosa siguió, me continuaron metiedo mano por todas partes, me quitaron la blusa con lo que quedé en tetas, después me bajaron la bombacha y me quitaron la pollera. Quedé completamente desnuda ante ellos.

Me llevaron en andas a una habitación. Me acostaron en la cama. Martín sujetaba mis manos por detrás de mi cabeza, Diego y Javier me sostenían cada tobillo, obligándome a estar con las piernas bien abiertas ofreciendo mi sexo. Estaba completamente desnuda en la cama y sujeta para recibir al primero, José, se quitó el pantalón y el slip su pene me pareció enorme, completamente erecto como de 25 cm, mucho mas grande que el de mi marido, me puso una mano sobre mi concha, jugó con mi clítoris, metió dos dedos en mi vagina, al notarme bien mojada dijo: miren como le gusta la fiesta a la putita, es igual que todas las mucamas. ¡Hijos de puta no quiero que me violen! grite, sacudí mis piernas, patalee, traté de cerrarlas pero era inútil, José se echó encima mío y me penetró de una puesto que yo estaba bien dispuesta, completamente mojada, me cabalgó a un ritmo normal. Yo continué gritando, suplicando que me soltaran, les dije que me estaban violando, pero ellos estaban muy calientes conmigo  siguieron adelante, alentaban a José y me insultaban a mi, me decían todo tipo de groserías, que estaba mojada, que sabían que me gustaba y por supuesto me continuaban manoseando toda.

Yo intentaba zafarme, pero al no poder hacerlo eso me excitaba mas, el miembro violador enorme, duro ocupaba toda mi vagina rozaba mis paredes, me penetraba hasta el fondo, juro que no quería gozar, si me forzaban no era mi culpa pero sentía que si llegaba al orgasmo estaría engañando a Mario mi marido, mi cuerpo no me obedecía, obedecía a José, habitualmente cuando me cogen llego fácil al orgasmo, y esta no iba a ser la excepción, si bien era por la fuerza estimulaban todos mis puntos erógenos, por un momento paré de resistirme y me concentré en evitar el orgasmo, involuntariamente mis gritos se habían convertido en gemidos y berridos cerré los ojos y me mordí los labios, no podía mas, trataba de pensar en mi marido, pero el estimulo a mi sometido cuerpo continuaba ¡basta por favor! Supliqué inútilmente a mis atacantes me arquee y retorcí y tuve el orgasmo mas grande de mi vida. Mis violadores festejaron, ahora estaba totalmente dominada, sometida.

Tuve tres orgasmos seguidos con el primero, luego José se corrió dentro de mí y fue reemplazado por Diego, este por Martín y luego Javier hasta que los cuatro probaron mi concha todos estaban muy bien dotados, yo acababa sin poder controlarme, trataba de disimular para que no me consideraran una puta, claro que no convencí a nadie. Con los otros ya no opuse resistencia, comprendí que era inútil debatirse y me resigné a mi suerte, aguante callada todo lo que me hacían, solo cuando cambiaban intentaba cerrar mis piernas, como para dejar en claro que me estaban obligando.

Una vez que todos me cogieron por la concha, ingenuamente pensé que todo había terminado, faltaban cosas peores. Me dieron vuelta boca abajo comprendí que me lo iban a hacer por atrás, reaccioné de golpe, me incorporé y trate de huir, pero rápidamente me sujetaron de nuevo y me pusieron boca abajo, ahora te vamos a hacer el orto me dijeron, yo volví a gritar y tratar de escapar. ¡No, por el orto no! Les suplicaba y no paraba de luchar. No era virgen por atrás, ya me lo habían hecho una vez, pero no fue voluntariamente, fui cogida por detrás cuando fui violada a los 18 años, nunca acepte que me penetraran por ahí, ni a mi marido se lo entregué, no porque tuviera miedo a que me doliera sino porque lo considero algo sumamente humillante. Como yo no paraba de resistirme y de gritar me amordazaron con mi bombacha, trajeron unas cuerdas y me ataron a la cama con los brazos y las piernas en cruz, boca a bajo, me colocaron un almohadón bajo mi cintura para obligarme a mantener la cola parada. Mordí mi mordaza y sacudí la cabeza en señal de desaprobación a lo que me iban a hacer sentí un par de manos separarme las nalgas y unos dedos que me colocaban un lubricante en el ano. Levante y gire la cabeza para ver quien iba a sodomizarme, José tendría de nuevo el honor de ser el primero, vi su miembro completamente erecto, enorme mientras se lo lubricaba suplique piedad a mi verdugo pero la mordaza ahogo mis ruegos, los ojos se me llenaron de lagrimas baje la cabeza y la hundí en el colchón esperando la violación anal, ¡que hermoso culo voy a coger! Dijo y entró en mí lentamente,

Mi orificio se fue dilatando para recibirlo, debo reconocer que no me dolió demasiado, agradecí que me lo hayan lubricado, además al darme cuenta que el ultraje era inevitable me relaje lo mas que pude para evitar que me lastimen. El maldito me bombeaba, entraba y salía de mi gozando de mi humillación, los otros chicos me sobaban toda, toqueteaban mi clítoris, me metían dedos en la vagina querían asegurarse que disfrute la violación, humillarme al máximo, por supuesto lograron que yo continuara acabando como una perra. Tenia los ojos cerrados, note que se fueron turnando pero ya todo me daba vueltas, no me preocupaba en saber quien me cogia estoy segura que me lo hicieron por atrás los cuatro, no creo que alguno se haya perdido la oportunidad.

Luego me desataron, yo ya estaba entregada a todo lo que quisieran hacerme, José se acostó en la cama boca arriba su pene continuaba erecto, me ubicaron sobre el, José acomodó su pene en mi vagina, los otros chicos me tomaron de la cintura y me hicieron subir y bajar con lo que yo tenia que cogerlo. Me hicieron inclinar hacia delante, con lo que yo tenia que ofrecer nuevamente mi ya violado orto, enseguida uno se ellos me lo volvió a coger. Me hicieron un sándwich, uno por delante y otro por detrás, normalmente no permitiría algo así, pero no tenia fuerzas para defenderme, además contra esos cuatro tipos es poco lo que una chica como yo podría hacer, por otra parte mi sometido cuerpo disfrutaba como nunca la doble penetración. Se volvieron a turnar para cogerme por atrás, también fueron cambiando quien me lo hacia por la vagina.

Finalmente me hicieron arrodillar en el piso, me salía semen de mi concha y mi culo y bajaba por mis muslos, estaba muy mareada pero comprendí lo que querían, los cuatro se pusieron de pie alrededor mío con sus penes erectos. ¡Ahora nos vas a chupar la pija putita! ¡Vas a tragar nuestro semen! Me decían, y yo sometida, totalmente sumisa acepte tener sexo oral, chupe las pijas de mis violadores, mamaba una, la dejaba y tomaba otra, y hasta me colocaba dos pijas en la boca a la vez, mientras mamaba ellos no paraban de toquetearme, sobaban mis pechos, mi trasero. Yo dominada los pajeaba y chupaba, les besaba y lamía sus testículos. Nunca me habían dejado tan satisfecha sexualmente, creo que tuve como veinte orgasmos por un momento me olvide de mi marido, de que me habían forzado entre todos y chupe lo mejor que sabia, como agradeciendo a esas cuatro vergas que tanto placer me habían dado, aunque haya sido contra mi voluntad.

¡Miren que dulce y cariñosa resultó la mucamita! ¡Muy buena mamona! Todos, uno a uno me acabaron en la boca o en la cara, cuando lo hacían en la boca me ordenaban que tragara, ¿te gusta el semen Karina? Me preguntó José, yo baje la mirada y no respondí, entonces me agarró del pelo y me obligó a levantar la cabeza, contesta o te vas así desnuda a tu casa, me amenazó; estaba hecha un desastre, tenia semen en el pelo, en toda la cara, me caía el semen sobre las tetas. Si, me encanta chupar pija y tragar el semen le dije y agarré una a una sus pijas para limpiarles los últimos restos de semen.

Cuando terminó todo me llevaron al baño y me permitieron ducharme, me sentía mareada, nauseosa y dolorida. Me quité todo el semen que tenia encima, sentía un ardor en el culo, mi concha estaba bastante inflamada, me parecía increíble lo que había sucedido. La ducha me hizo sentir un poco mejor, salí del baño envuelta en una toalla, busqué mis ropas, me vestí para irme y no volver nunca más. Entonces me dijeron que me sentara para ver un video, horrorizada vi que yo era la protagonista ¡me habían filmado! Me veía en la pantalla cubierta de semen chupando varias pijas, me puse roja de vergüenza. Me dijeron que de ahora en más debía ser "muy buenita" con todos ellos sino le llegaría el video a mi marido. Pretendían chantajearme, tenia que seguir viniendo al departamento cuando ellos quisieran y además de hacer mi tarea de mucama debía dejar que me hicieran todo lo que ellos quisieran, vencida, humillada, acepté lo que me proponían. Estaba en manos de esos cuatro tipos.

Seguí yendo al departamento, además de limpiar, lavar y plancharles la ropa tenia que "atender" a los chicos, ahora me tenían de puta, estaba a disposición de ellos, cosa que yo no quería que sucediera, me hacían de todo, debía ir a trabajar sin ropa interior y con la concha completamente afeitada, cosa que controlaban rigurosamente cada vez que iba. Cuando me cogian practicaban diferentes posiciones conmigo, me cogian terriblemente entre los cuatro, por todos lados, uno, dos, tres a la vez, soportaba dobles penetraciones y todo tipo de humillaciones, chupaba pijas todos los días, hasta acababan en un vaso y me obligaban a beber; a veces tenia que estar totalmente desnuda mientras limpiaba. Se estaban vengando de mí por haberme negado a tener relaciones con ellos. No podía contarle nada a mi marido, me iba a abandonar, además si bien fue por la fuerza, yo los provoque queriendo burlarme de ellos, y en el video se notaba que yo disfrutaba lo que me hacían. Mi marido no iba a entender que aunque sea por la fuerza si me tocan por todos lados y me cogen yo termino perdiendo el control, y no puedo evitar goza, estaba perdida.

La situación se mantuvo así durante varias semanas, me sentía culpable por lo que me sucedía y por un lado quería que me dejaran en paz, pero por otro gozaba como loca cuando me cogian. Finalmente ellos se mudaron a otra parte de la ciudad y decidieron prescindir de "mis servicios", y yo termine con esta doble vida de la cual mi marido nunca se entero.

Karolina. El padre de Ana

drsexoparanenitas @ 19:46

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Sobre las nueve nos levantaba el padre de Ana los días en que me quedaba a dormir en su casa.

 

Normalmente había preparado el desayuno y venía al cuarto en el que dormíamos juntas, pero en camas separadas, para avisarnos que el café estaba listo.

 

Al principio no noté nada raro. Solía dormir con Ana casi todos los viernes. Mis padres habitualmente salían ese día de la semana a cenar y bailar y Ana y yo éramos grandes amigas. Así que me dejaban en casa de ésta y lo pasábamos en grande

 

El papá de Ana era un señor atractivo de cuarenta años y se había divorciado de su mujer. Yo nunca me atreví a confesárselo a mi amiga, pero estaba coladita por él. Me encantaban las incipientes canas de sus sienes. Era un hombre musculoso, hacía ejercicio con regularidad y además era simpático y atento y guapísimo.

 

Yo había cumplido en aquellos días ya los 18 y por mis manos habían pasado varios chicos.

 

El hecho que os cuento tuvo lugar durante varios fines de semana de aquel invierno. Justo después de perder la virginidad con un compañero de clase, que no sólo no me hizo disfrutar y me causó un daño horroroso, sino que además eyaculó a los pocos segundos de meter su cosita pequeña, aunque dura, en mi virginal aposento. Y por si fuese poco me manchó una falda nueva, la que más me gustaba, con todo el esperma. Un esperma que recuerdo, me pareció asqueroso y repugnante.

 

 

 

 

Juan Enrique se llamaba el papá de Ana, y como os he dicho, venía el sábado por la mañana a despertarnos.

 

El sábado en el que comenzó todo yo ya me había despertado, aunque estaba con mis ojitos cerrados disfrutando del placer de esos minutos mañaneros en la camita caliente y acogedora. Ana sin embargo dormía como un lirón, su respiración resonaba en la estancia alcanzando casi la categoría de ronquidos.

 

Oí trastear a Juan en la cocina. Sabía que en breve vendría a despertarnos y en ese mismo momento los que realmente despertaron fueron los instintos femeninos que las mujeres tenemos para la seducción.

 

Dormía en ropa interior. De esas que usan las niñas. Nada de transparencias ni encajes. Recuerdo aún el conjunto. Era un tanguita de algodón rojo con unos estampados en blanco de los ratones famosos Mini y Miki chiquititos y un top cortito a juego.

 

Decidí de improvisto enseñarle al papá de ana parte de mi culito y durante unos apasionantes e intensos minutos probé varias posturas tanto de mi culito como de la tapa, hasta que finalmente encontré una que parecía totalmente natural.

 

Boca abajo, con una de mis piernas estirada y la otra encogida provocaba un ángulo más que generoso, ofreciendo mi culito apenas tapado por la tira del tanguita de forma contundente y generosa.

 

Corrí el edredón de forma que tapase todo mi cuerpo excepto la pierna encogida y la mitad de mi trasero que quedaba aparentemente de forma accidental al aire.

 

Supuse que el padre de Ana caería en la tentación de observarme un rato antes de despertarme y pensé que provocaría en él algo de atracción hacia mí. A pesar de ser una morenaza guapa y con un tipo envidiable, me ignoraba por completo como mujer. Nunca le había sorprendido en una mirada furtiva hacia mis piernas o mis pechitos.

 

Tengo un culito respingón, soy morena pero mi piel es algo clarita y muy suave y tersa. Además en aquellos días mi culo era si cabe más duro y sugerente.

 

 

 

Tras unos interminables minutos en los que los nervios me comían las entrañas oí la puerta del dormitorio abrirse silenciosamente, pero después no hoy nada más. Durante un buen rato, yo calculo que más de tres minutos el silencio se apoderó de la habitación y tan solo se oía la pesada respiración de Ana.

 

Juan me estaba mirando, lo sé. Al principio pensé en cortar la situación tapándome pero después empecé a sentirme excitada por la duración excesiva de la observación de mi atractivo cuarentón.

 

Se acercó tan sigiloso que no lo oí llegar pero de repente noté como tiraba de mi edredón con suma suavidad descubriendo la mitad de mi culo que permanecía oculta por la prenda de cama.

 

Me mojé. Instantáneamente mis fluidos se hicieron presentes entre los sonrosados labios de mi intimidad.

 

Pero a pesar del trance procuré imitar a Ana. Simulaba estar profundamente dormida respirando hondo y haciendo ruido al tomar y soltar el aire. No podía verle pero estaba allí.

 

Me costaba horrores contener el jadeo nervioso y las palpitaciones de mi corazón, estaba excitadísima. Excitada con una excitación hasta entonces desconocida para mí. Excitada en cuerpo, mente y alma. Inundada de excitación hasta el último de los bellos de mi cuerpo y de los poros de mi piel.

 

Con un movimiento rápido que intenté simular como un lance del sueño, encogí más la pierna izquierda de forma que la visión del bultito de mi almejita quedó nítidamente dibujado ante sus ojos. Podría disfrutar ahora del espectáculo del hoyito longitudinal en la tela roja de mi tanguita insinuando la más profunda y carnosa que ocultaba. Podría gozar de los abultamientos que mis labios vaginales provocaban en la prenda. Disfrutaría de los cachetes de mi culo orondos y tersos y de la unión de estos precipitándose hacia su cima.

 

Me sentí la putita más salvaje y joven del universo.

 

Ahora llevo el chochito depilado, me gusta tenerlo con su piel desnuda, libre de todo bello. Sólo dejo un pequeño mechón sobre la corona de mi rajita.

 

Pero en esos momentos mi coñito púber estaba cubierto por una espesa mata de rizos negros como mi cabello.

 

Me había observado multitud de veces, tenía ganas de depilarme las ingles para el verano siguiente, pero como era invierno, de mi tanguita rojo de algodón sobresalían los ensortijados adornos negros y entrelazados de mis pelitos.

 

En la nueva postura que había adquirido el papá de Ana podía distinguir todo aquel paisaje con nitidez, y lo estaba haciendo. ¡Vaya que si lo estaba haciendo!

 

De repente, creerme que no lo esperaba, noté su respiración en mi culito.

 

Mi piel se erizó. ¡Estaba oliéndome, el muy guarro! Su nariz debía de estar a muy escasos milímetros de mi tanguita, porque la fuerza del aire exhalado así lo delataba.

 

Definitivamente me puse cachonda del todo.

 

Le oí aspirar una y otra vez y luego aquel aire mezclado con los aromas de mi orina y de mi flujo era devueltos a la piel de mi culo, calida y abundantemente.

 

Noté como se erizaban mis pezones rosados debajo de mi pecho contra el top hundiéndose en el colchón. Noté como se me ponía la piel de gallina en mi culito y noté como definitivamente un raudal de flujo empapaba mi tanga.

 

Y él lo notó también. Era tan obvio que estaba despierta y excitada que ni el más tonto de los tontos no se hubiese percatado de los evidentes síntomas de mi excitación.

 

Ana con sus sueños, casi roncando, como os dije.

 

Esa si que dormía plácidamente, ajena a la escena que se desarrollaba en la cama de al lado.

 

Aquella circunstancia aún me excitaba más.

 

Juan Enrique se envalentonó, se armó de la osadía que su propia excitación provocaba y tomó la tira de mi tanga con las yemas de sus dedos. Lentamente, muy lentamente, muy muy lentamente lo fue bajando hasta que la cinta superior de mi prenda quedó unos dedos por debajo de mi culito y mi coñito mojado y abierto surgió esplendoroso y joven, totalmente explícito ante sus ojos.

 

 

 

 

Aquello había llegado más lejos de lo que yo había planeado, debí cortarlo en su momento o tal vez debía cortarlo ahora. Pero, estaba tan excitada, estaba gozando de tal forma, que no se me pasó ni por la imaginación dar fin a aquellos maravillosos minutos.

 

Uno de sus dedos me rozó el bello mojado de mi coñito. Lo sentí. No tocó mi piel pero se rozó con mis húmedos rizos negros.

 

Le oía olerlo, aspirar el aroma que la humedad de mi coño transportaba y de nuevo volvía a llevar su dedo hacia mis pelitos y volvía a rozarse contra ellos. Lo hizo varias veces pero no había peligro de que aquellas humedades cesasen. Una tras otras las gotas libadas de mi propio placer escapaban de su escondite y corrían hacia los bellos que él acariciaba.

 

Me hubiese estado siglos así. Pero Ana fue con su despertar la que puso fin a aquel primer encuentro.

 

El papá de Ana me tapó con el edredón en un segundo al oír el primer retoce de su hija y comenzó a gritarnos más fuerte de lo habitual. Con una voz claramente antinatural fruto de su estado:

 

-¡Vamos chicas el cafetito está en la mesa!

 

Y abandonando el dormitorio se encerró en el cuarto de baño.

 

No estoy segura, pero por el tiempo que demoró en su salida, me parece que se dedicó a tranquilizar ciertas rigideces que sin duda habían surgido del encuentro

 

 

 

 

 

El siguiente episodio tuvo lugar al viernes siguiente.

 

Pasé toda la semana recordando el primer lance. Me mojé varias veces durante los siete días posteriores y me toque cada una de las veces acariciando mil resbaladizas humedades hasta provocarme las contracciones del orgasmo.

 

Al viernes siguiente, cuando llegué a casa de Ana, no sabía muy bien lo que iba a pasar. Pero estaba segura de una cosa. Intentaría por todos los medios que la historia tuviese su continuación.

 

Juan Enrique solía acostarse después que nosotras todas las noches que había dormido en su casa y ese viernes también fue así.

 

Tras jugar con el msn y con el ordenador unas horas, nos acostamos las dos. Ana no tardó nada en caer dormida de nuevo, pero yo no podía conciliar el sueño. Estaba segura de que a la mañana siguiente sería el momento en el que él volvería a entrar a nuestro aposento y que si le daba chance, la escena se repetiría o seguramente mejoraría. Pero oía llegar desde el salón el murmullo de la televisión encendida, e imaginaba a Juan sentado en su butacón pensando en mí.

 

Me había puesto para dormir un camisón cortito a medio muslo. Era de botones en la parte delantera. Cuatro para ser más exactos.

 

No pude aguantar más y esta vez la que se armó de valor fui yo.

 

Me quité mi braguita dejando mi almejita libre al viento y me fui para el salón, procurando no despertar a mi amiga. Cosa fácil, dada la profundidad e intensidad que caracterizaban sus sueños.

 

Al llegar al salón Juan se mostró sorprendido.

 

-¿No puedes dormir? Me preguntó.

 

-No. Le contesté. Y tras preguntarle por lo que veía en la tele, me recosté en el sofá de tres plazas.

 

El sofá que os refiero es de esos que hacen esquina, tres plazas a un lado y dos a otro. Dibujando una L. Enfrentado con ese sofá grande estaba el butacón orejero del padre de mi amiga.

 

En la tele daban un programa de esos de esos documentales sobre política que no hay quien se trague y yo al cabo de unos minutos comencé a simular somnolencia, entornando cada vez por periodos más prolongados de tiempo mis ojos.

 

Algo ya había conseguido. Con los ojos entornados pude observar que la mirada del padre de mi amiga se desviaba hacia mí constantemente. Mi cabeza recostada en un cojín junto a uno de los brazos del extremo de la L y mis pies un poco antes de la unión de la zona de las dos plazas. El camisón de botones remangado por encima de medio muslo tapándomelo todo pero invitando a la prospección ocular de Juan.

 

Simulé de nuevo dormir y de nuevo comenzó el juego.

 

El primer paso que dio Juan fue el de cambiar de asiento. Se levantó sigiloso y se sentó junto a mis pies. Sentí hundirse la zona cercana por su peso.

 

 

El camisón reposando sobre mi muslo le tapaba lo que anhelaba realmente ver. Pero podía recorrer con su mirada más de la mitad de mis muslos largos y blancos, mis rodillas, mis pantorrillas y mis pies desnudos, perfectos y blancos.

 

Lo hizo durante mucho tiempo. Casi me desespero si no llega a ser por el movimiento de su cuerpo y el ruido que hizo al bajar la cremallera de su pantalón.

 

No me hizo falta abrir mis ojos para saber que había sacado su pene del pantalón y lo manoseaba mirando mis pies.

 

Al tocarse se movía su asiento que era a la vez mi lecho. Y yo lo notaba. Se la estaba machacando a mi costa el muy cerdito.

 

Se levantó y salió del salón. Por lo que oí, creo que fue a comprobar si Ana dormía.

 

Cuando volvió ya no se sentó. Arrodillado en la alfombra a la altura de mis pies comenzó a olerlos tal y como había aspirado la semana anterior el aroma de mi chochito. Esta vez si me rozaba con su nariz los deditos blancos alineados casi simétricamente. No me tocaba. Su mano derecha dedicaba sus atenciones al pene que tenía fuera. Duro como una piedra. Su otra mano le ayudaba a mantener el equilibrio de su cuerpo inclinado sobre mis pies.

 

No me provocaba especial placer el que me estuviera olisqueando los pies como un perrito, pero si la sensación de dominio que proporciona tener literalmente un hombre mayor a los pies de una mocosa como yo.

 

No pudo resistir la tentación y rozó con su lengua el hoyito que forma mi dedo gordo en su unión con el índice. Sentí el calor húmedo de su lengua al rozarme.

 

Los dos sabíamos a lo que estábamos jugando Y los dos gozábamos del frenesí del momento.

 

Yo estaba recostada de lado, como si hubiese quedado dormida mirando la tele. Mi brazo superior le estorbaba. Lo tomó de la muñeca y lo elevó con sumo cuidado hasta colocarlo sobre mi cabello largo y moreno.

 

Hice un movimiento de disimulo y quede indefensa con mi brazo en alto, ofreciendo total impunidad a sus acciones.

 

Sentí como desabotonaba dos de los cuatro botones de mi camisón, los dos inferiores, y como lo abría sobre mis caderas dejando mi coño desnudo al aire.

 

No puedo explicaros el alcance de mi excitación al sentirme desnudar por él. Lo hacían tan lenta y metódicamente que todo era como un sueño. Mi coñito hacía rato que estaba completamente inundado ya y supurando los aceites del placer.

 

Yo, con mis ojos cerrados. No necesitaba ni quería ver.

 

Sólo permanecían mis pechos ocultos a sus miradas pero no los desnudó. Llevó su dedo anular al bosque negro y triangular de mi entrepierna y repitió la liturgia de la primera vez. Pero en esta ocasión no se rozaba sólo con mis pelitos, sino que hendía el dedo en el punto en el que se unen muslos y coño tocando con suavidad y rozando mi clítoris. En lo demás repetía los gestos de tocar y oler, tocar y oler, tocar y oler.

 

Sentía mi clítoris casi estallar por cada roce, y cuando retiraba el dedo para oler lo sentía palpitar anhelando el siguiente contacto.

 

De repente cesó, le oí moverse hacia la posición de mi cabeza y entreabriendo una levísima rendija en mi ojo inferior puede ver su pene frente a mí. ¡Era un pene descomunal y precioso!

 

Su mano izquierda rozó mis pezones sobre el camisón. Creí volverme loca. Y luego extendió el brazo y esta vez si alojó su dedo en mi rajita de forma contundente con un contacto sereno pero firme e indivorciable.

 

Masajeaba como lo haría un ángel. Y yo no pude resistir y tuve que abrir mi boca y comenzar a jadear como una zorrita. Aún así el juego continuó y mis ojos siguieron cerrados. Nunca se abrieron. Y mi cuerpo permaneció abandonado como en el sueño de Blancanieves en su urna de cristal.

 

Comencé a sentir el olor a polla muy muy cerca. Ten cerca como que su capullo empezó a rozarse contra mis orificios nasales. Después y mientras me masturbaba y me follaba delicadamente con su dedo pasó su polla por toda mi cara, no de forma generosa sino sucediendo un roce tras otro, apenas insinuados.

 

Me estaba follando con su dedito el padre de mi amiga. ¡Joder! Y yo tenía su polla recorriendo mi rostro, olorosamente tiesa.

 

Como mi boquita estaba entreabierta por el jadeo mudo, no le costó colar su capullo en ella y allí se quedó. No volvió a sacarla. Era hermosa y grande. Mi cavidad apenas cobijaba la mitad de aquel cipote.

 

 

 

Yo entre sueño y vigilia en mi disimulo comencé a saborearla con mi lengua mientras su dedo aceleraba en mi coñito. La fregué, acaricié, hedí y lengüeteé con un placer tal que doto de sabiduría cada uno de los roces y caricias.

 

Fueron varios minutos, tal vez diez, lo que tardó en venirme el orgasmo. Pero el lo notó y sin aguantarse mas soltó su leche caliente dentro de mi boquita mientras yo apretaba con mis muslos su mano

 

El semen resbaló desde mi boca por mi mejilla hasta el cojín.

 

 

 

 

Él se agachó y en un último gesto de agradecimiento, beso mis labios manchados aun con su esperma, con un beso largo y cálido, muy cálido. Y se retiró a dormir.

 

 

 

 

Debajo de estas líneas tenéis la oportunidad de manifestar si os he complacido.

No dudéis en votarlo y provocar mi pluma para relataros mis experiencias.

 

Un beso.

 

Károl.

11/06/2008 GMT 1

SexGirl.: Nunca pense ser así...

drsexoparanenitas @ 20:10

 

Hace dos años empecé a tener relaciones con mi novio, ambos teníamos 17.

Soy una chava normal, estatura baja, tengo 85 de pecho, 60 de cintura, 94 de cadera, de hecho… mi mayor atractivo. Soy morena clara, y tengo el cabello oscuro.

Estoy en la universidad. Y bueno, a decir verdad creo que si, soy atractiva, pues no son pocos los que voltean a verme cada ves que paso cerca… en fin, tengo mi novio y hemos sido muy felices sexualmente.

Sinceramente, nunca creí tener este tipo de vida, cogemos casi tres veces por semana, y el se enloquece cada vez que le toco la verga, a decir verdad, el siempre me esta tocando los pechos, la colita o mi conejo, siempre que tenemos oportunidad y tiempo aprovechaos para tocarnos, acariciarnos, besarnos o coger.

Lo que mas me encanta es cuando el ya esta excitadísimo y se lanza sobre mis senos tocándolos primero suavemente y de pronto empieza a lamerlos, chuparlos succionarlos, la verdad es un experto, y bueno, es casi un hecho que después de dicho acto me arrodille frente a el para darle una chupadita… aunque la verdad nuestro lugar favorito para hacerlo es en la carretera, cuando el maneja, se que le encanta y mas cuando ya es de tarde, no se por que pero parece mas placentero, siempre empiezo sobándolo por encima del pantalón, luego empiezo a desabrocharle el cinturón, le ordeno que se baje los pantalones y saco el gran instrumento que tiene entre sus piernas, además primero lo huelo, le lamo la punta y bajo dándole lengüetazos desde la base hasta la punta, a veces, le chupo los huevitos, y se los beso suavemente y mientras me meto la verga en la boca se los acaricio con la mano, luego subo lentamente hacia su boca restregándole los pechos sobre su abdomen y le don un beso cachondo, regreso por el mismo camino y acelero para que el termine… siempre me trago su leche, y bueno.. es inevitable esto de comerse el uno al otro, a mi por lo particular me gusta mucho que me sobe la colita, que me muerda el hombro, el cuello, mmm… me encanta sentirme su victima, que me escuche gemir, que me quiera coger en cualquier momento, me encanta verlo con la verga parada, restregarle mi trasero en lugares públicos, me encanta coger!!!