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sexo para las damitas

Categoría: Filial

14/06/2008 GMT 1

MI HERMANO, SU MUJER, EL CULO DE ELLA Y YO (8)

drsexoparanenitas @ 17:53

Tenía mas o menos 19 años el tiempo del que data este nuevo relato de mis muchos encuentros sexuales con la mujer de mi hermano mayor, mi tierna cuñadita. En ese tiempo, sufría largos períodos de encierro, por la profesión que aspiraba alcanzar, que tenía que ver con la milicia. Mi abstinencia sexual forzada, pasó de ser un simple inconveniente a una obsesión. Mi voluntario sometimiento a tal sacrificio y a tanta soledad estaban directamente ligados al desperdicio de mi hermosa cuñada, quien estaba también sola y siempre dispuesta a complacerme.

Por las largas noches que tenía que soportar mi cárcel autoimpuesta, el solo hecho de pensar que tenía las llaves de la casa de mi hermosa cuñada (que ella misma me dio) y que sólo bastaba cubrir una corta distancia en un taxi para disfrutarla a mi antojo, me hacía temblar del puro deseo. Pero todo quedaba lastimosamente ahí, ya que las medidas de seguridad del lugar y las normas internas de comportamiento eran tan estrictas que cualquier falla, significaría mi automático despido; por lo que al momento de tomar algún riesgo por muy mínimo que fuese, me sobraba reflexión sobre mi futuro.

Mi adorable y siempre sedienta cuñadita por su parte, compartía su vida al lado de sus dos hijos, uno muy pequeño y el mayor (mi hijo) ya con tres años, mientras soportaba la ausencia de su marido que por razones de trabajo vivía en lugar alejado. Disipaba su soledad en los cuidados a los niños (que no eran pocos).

Una tarde de jueves, tras una bien pensada excusa, obtuve un permiso especial. No tenía espacio en mi mente para otra cosa que no sea la casa de mi cuñadita a la que llegué en un santiamén. Con algo de sigilo usando las tan preciadas llaves me deslicé al interior; con el corazón a ritmo de locomotora y los ojos llenos de la imagen del cuerpo desnudo de mi querida cuñadita. En el interior, frente al televisor a medio volumen mi hijo se distraía mirando dibujos animados, mientras que el otro niño permanecía en su cuna, con un biberón a medio vaciar; ninguno de ellos tomó atención a mi presencia.

Con mucha cautela estudié el espacio, tratando de determinar cual era la ubicación de mi ansiada presa, los nervios parecían traicionarme y a punto estuve de tropezar con un florero. Traté de escurrirme hasta la cocina pasando por la entreabierta puerta del dormitorio principal. Justo cuando estaba por logarlo, alcancé a escuchar un gemido tan característico de mi cuñada cuando hacía el amor, era una especie de canto de sirena que ella emitía cuando sentía mi miembro ingresando en su cochito, un sonido inconfundible que hacía suponer una sola cosa: ella estaba haciendo el amor, lo que estaba en duda era con quién.

Me asaltaron los celos mas terribles, a punto estuve de irrumpir en el dormitorio y como un loco amante engañado, mandar al demonio a quien osaba tomar lo mío. Pero en un momento de lucidez alcancé a preguntarme ¿y qué pasa si es su propio marido quien está con ella?

A dios gracias esa era la verdad, junto a los débiles gemidos de ella se escuchó algo pronunciado por mi hermano a quien logré reconocer la voz y pude además entender que se encontraba ebrio, sus dubitantes expresiones daban cuenta de su estado. Acepté la triste verdad de que la mujer que amaba con toda el alma estaba siendo poseída por mi hermano, al final su marido, quien además se encontraba ebrio. Ella no se merecía tal trato, quien la poseyese debería estar íntegramente cuerdo para disfrutarla y con los cinco sentidos lúcidos buscar su felicidad.

Sin embargo esa era la realidad, mi cuñadita estaba seguramente disfrutando a medias, las torpes caricias de su marido ebrio, tratando de alcanzar el orgasmo que siempre buscaba. No se escuchaban los gritos de ella cuando lo hacía conmigo, era una especie de farsa, era quizás por cumplir y por eso no debía sentirme engañado, pensaba a modo de frágil consuelo. Pero mi corazón no entendía razones y me sentía terriblemente traicionado.

Alejándome de la puerta y en una especie de lealtad o de especial muestra de mi amor hacia ella, me dediqué a la atención de los niños, posiblemente con el deseo escondido de evitar cualquier perturbación a la poca felicidad de mi querida cuñada, que en verdad debió ser muy escasa ya que al rato sentí que mi hermano dormía en medio de sonoros ronquidos. Esto me animó a asomarme a la entreabierta puerta del dormitorio. Lo que alcancé a ver produjo una mezcla de sentimientos encontrados en mi mas íntimo sentimiento. Mi hermano dormía la borrachera de cara a la puerta y mi querida cuñada, de espaldas, con el cuerpo apenas cubierto por las sábanas, se estremecía en medio de caricias dirigidas a su autosatisfacción.

Me alejé ahora sí con el mas absoluto sigilo, estaba esperanzado en por lo menos oír el deleite de tan bella mujer en esa su práctica de hacer el amor con ella misma. Mis deseos de poseerla ahora sí se manifestaban incontrolables, pensando en que había quedado (naturalmente) insatisfecha por la desatención de mi hermano, mi latente miembro, reclamaba ser liberado de entre mis pantalones para terminar aquello que él había dejado incompleto.

El llanto de unos de los niños interrumpió mis encontrados pensamientos y de seguro interrumpió también la feliz faena de mi querida cuñadita, por los ruidos en el dormitorio casi podía ver sus ágiles y nerviosos movimientos tratando de vestirse y presurosa para salir a ver qué acontecía con sus hijos. La esperé sentado en el sofá con el hijo mayor en mis brazos, en primera instancia hice como si no la hubiese visto, cuando levanté la vista, me topé con su rostro completamente sonrojado, quizás por la sorpresa de verme, el temor de haber sido descubierta o la angustia de no haber alcanzado lo que estaba a punto.

- Hola, me dijo, no sabía que estabas aquí.

- Ola, le dije, no quería interrumpir, pensé que tomabas un descanso y quise ayudar un poco con la atención de los niños, lástima que no pude logarlo.

Se dirigió con la misma prisa hacía el baño para tomarse una rápida ducha y salió ataviada con un amplio vestido que acostumbraba usar en casa. Sentándose frente a mí, me pidió al niño (mi hijo) y sonriente me preguntó:

- ¿Qué tiempo llevas aquí?

- No mucho, le dije, apenas me senté y tomé al niño en brazos cuando el otro lloró.

- Tu hermano está en la alcoba durmiendo, está ebrio, me dijo.

- Que lástima, fue mi corta respuesta.

- Lástima por lo primero o por lo segundo, me preguntó.

- Lástima por mí, porque parece que vine en el momento menos oportuno, le contesté.

La noche estaba por caer, los ronquidos de mi hermano interrumpían por momentos nuestra débil conversación. Mi nerviosismo me impedía hilar ideas para sostener el breve intercambio de frases incompletas, ambos estábamos pendientes al milímetro de lo que decíamos, sin correr el mas mínimo riesgo de delatarnos en nuestros secretos respecto de qué había logrado yo ver y de cuanto sabía ella de eso que había logrado ver.

- Es el cumpleaños de tu hermano y le dieron permiso especial en su trabajo para festejarse, me dijo

- Que raras coincidencias ocurren en la vida, también obtuve un permiso especial pero para festejarte, le dije.

No me respondió, pero a partir de ese momento, casi en silencio y con los nervios a punto de romperse, se dedicó a dar todas las atenciones a los niños para llevarlos a descansar. Por mi parte, fingía ver la televisión sin entender nada, solo tenía una idea y bien clara, debería poseerla a como de lugar. En cierto momento y aprovechando que ella inclinó el cuerpo para levantar a mi hijo del sofá mostrándome toda su hermosa cola levantada, me aferré a tan bella parte de su cuerpo y apegando el mío, le hice notar mi virilidad incontenible. Sólo me dirigió una sonrisa apenas ladeando el rostro, con una mirada cómplice y un casi tímido beso, selló un sagrado compromiso de entregarse totalmente a mí y cuanto antes.

Y llegó la hora de dormir para los niños, mi hermano aún persistía en su festín de sueño profundo. Con la mas absoluta sangre fría y sin hacer ningún otro comentario, cerró con llave la puerta del dormitorio donde el inútil Orfeo descansaba y apagó las luces principales y el televisor, quedándonos en medio de la complicidad del silencio y la leve penumbra. Se tendió boca arriba abriendo las hermosas piernas hacia mí apuntándome con su bello cochito que se veía íntegro, oscuro y desnudo ya que no llevaba las bragas puestas.

- Ven mi amor, me dijo, disfrutemos del permiso especial y con el permiso de mi marido.

Apenas alcancé a quitarme los zapatos y los pantalones junto a mi ropa interior, ella se incorporó levemente y tomándome de la mano, me arrastró hacia su incontenible corriente de deseo que en esos momentos prácticamente fluía sin control.

La penetré en la posición del misionero arrancando de ella sus consabidos gritos de placer pero frenados con aquello que ambos sabíamos era terrible, el tremendo sentimiento de temor a ser descubiertos nos hacían cometer errores en nuestros movimientos pero animados por la pesadez del sueño de mi hermano ebrio y seguros de la seguridad de la llave en la puerta de la alcoba, nos entregamos al placer completo de amarnos sin freno pero con temor. Los ronquidos de mi hermano nos sometía al mas absoluto nerviosismo pero parecían alentarnos mas en los movimientos rítmicos de ambos, las bocas se encontraban ansiosas por ratos en interminables besos que apagaban los jadeos, nuestros sexos se unían y separaba a gusto, mientras el sueño de mi hermano caía como un manto de complicidad sobre los anhelantes cuerpos.

- Estoy por acabar papitoooooooooo, me dijo al oído apenas con un susurro jadeando nerviosa.

Fue la señal que estaba esperando, arrecié mis movimientos mientras ella sacaba sus hermosas tetas por el escote del amplio vestido, cada vez mas convencida de no ser descubierta, cada vez mas abierta, cada vez mas completa para mí. Tratando de darme todo tipo de satisfacciones. El vaivén de esos dos hermosos melones con sus respectivas manchas color chocolate en el lugar preciso, ayudaron a mi excitación y justo cuando ella se estremecía en su codiciado orgasmo, la llené de mi abundante líquido seminal, en medio de gritos apenas disimulados por el miedo a ser descubiertos y por nuestros nerviosos besos. Ella aprisionó fuertemente mi miembro entre su sexo, hasta sacarme la última gota, como era su bella costumbre.

Se levantó temerosa del piso y apegó el oído a la puerta del dormitorio donde su marido aún dormía para asegurarse de que no había ningún peligro, al volver hacia mí se despojó de su amplio vestido, segura de continuar aquello que habíamos empezado y que debía continuar hasta quedar ambos exhaustos y satisfechos al completo. Los ronquidos de él nos daban la tranquilidad deseada pero a la vez nos recordaba su amenazante presencia.

Se recostó a mi lado mostrándome la espalda de su desnudo cuerpo, entre sus preciosas nalgas, justo donde nacía su hermoso pelambre de su bello cocho, bajaba lentamente un chorro mezcla de semen y jugos que se asomaba como testigo de nuestro placer y nuestro pecado.

No había tiempo para reflexiones, me acerqué por detrás mientras ella dirigía una de sus manos hacia mi miembro para asegurarse de que esté ya listo y sin decir nada me ayudó a penetrarla por detrás. Otra vez su gritito de gata traviesa y sus jadeos que tanto me gustaban. Otra vez los ronquidos de mi hermano que ahora mas que incomodarnos nos alentaban. Otra vez el hermoso culo de mi cuñada viniendo tembloroso hacia mí y alejándose de mi cuerpo impaciente para volver otra vez. El tronco de mi miembro se podía ver de vez en cuando en la acción del mete y saca del culo de tan hermosa mujer y al ritmo de los ronquidos de su marido.

Se volcó completamente sobre su pecho y me ofreció ahora el culito competo e indefenso, no conforme con aquella delicia, le dije suavemente que se ponga en la "del perrito", lo hicimos así logrando una penetración perfecta y un espectáculo inolvidable para mí, pues podía ver en forma deliciosa mi pájaro entrando y saliendo de aquel hermoso nido protegido apenas por un mechón de pelos, ahora ya húmedos por nuestra excitación.

Aún en la posición del perrito, sentí que ella metía una de sus manos entre nuestras piernas y con la mas absoluta ternura me acariciaba el miembro, llegando a sacarlo del interior de su cocho, para suavemente acariciarlo en toda su extensión y metiéndoselo nuevamente. Otra vez su maullido de gata en celo y una vez mas los ronquidos complacientes de mi hermano dormido.

Pasó a acariciarse ella en su cochito, justo encima de su parte mas sensible y luego de sobarme las bolas y de empujárselas ambas hacia el interior de su cocho, como queriendo metérselas también adentro, volvió a las alocadas caricias que con sus dedos se practicaba a modo del mas veloz vibrador imaginado.

- Voy a terminar lo que empecé hace rato y tu me interrumpiste, me dijo.

- Fue sin querer mi amor, le contesté, solo quería oírte disfrutar aunque fuese sola.

Estaba claro que ella sabía lo que yo sabía y ambos ahora buscábamos completar aquello, yo metiéndole mi verga por detrás en la posición del perrito y ella empujando el culo hacia mí y acariciándose alocadamente el cocho.

- ¡Métemela mas adentro, métemela mas adentroooooo!, me imploró mordiéndose los dientes y tratando de no hacer demasiado ruido.

- ¿Te gusta?, alcancé a preguntarle entre susurros, ¿Es esto lo que quieres?

- Esto es lo que quiero papito, quiero culear así, no como el inútil de tu hermano, me contestó.

Alentado por las palabras, cumplí silencioso con su deseo aumentando mis movimientos y conteniendo mi orgasmo que hace rato se asomaba, sentí que ella se estremecía en medio de sus ronroneos de gata a punto de ser satisfecha y coronada de los ronquidos y el permiso de su marido, mi hermano.

Se la saqué lentamente mientras ella se volcaba boca arriba, ofreciéndome todo ese bello cuerpo desnudo, sus ojos brillosos, su pelo abundante cubriéndole parte del rostro en armonioso desorden, sus tetas agitadas del placer experimentado, sus brazos y piernas abiertos hacia mí en señal de eterna espera, su palpitante cocho dispuesto a ser llenado otra vez. No me resistí ni me dejé esperar. La penetré limpiamente, con la ayuda de los mutuos lubricantes llegué hasta el fondo, justo hasta donde nacían sus anhelantes gritos, justo donde morían todos mis impulsos de macho cabrío sediento de placer.

Un leve movimiento pareció sentirse en la alcoba mientras los ronquidos bajaban en intensidad, quedamos petrificados en medio de un beso, ella me mordía nerviosamente el labio inferior con sus filosos y blancos dientes, me miró angustiada ante el peligro de ser descubierta. Queríamos morirnos del miedo, pero ninguno de los dos cedía un solo milímetro en el inexistente espacio de nuestros sexos fundidos, inmóviles como frágiles presas resignadas a las garras de un cruel predador. Inmóviles en medio de la amplia alfombra, esperanzo el zarpazo de nuestro victimador, nos miramos a los ojos y nos dimos cuenta que nos amábamos y estábamos dispuestos a cualquier sacrificio.

Felizmente no ocurrió nada, pero la inminencia del peligro y las premuras del cuerpo me hicieron decidir que era la hora de la estocada final, debería desahogar mis deseos en el cuerpo de mi hermosa cuñadita. Ella entendió también así y me dijo pícaramente al oído:

- Metémela en el culo, a ver si no lo despierto con mis gritos.

No podía haber invitación mas morbosa, imagínense el cuadro, un joven muchacho tirándose a la mujer del hermano mayor, metiéndosela por el culo en la alfombra del living, mientras el ebrio cornudo deja oír sus sonoros ronquidos prueba de su profundo sueño y de su obligada complacencia.

Se puso boca abajo, puso el culito en pompa separándose las nalgas, alcancé a mojarle con mi abundante saliva aquel ingreso prohibido para su verdadero dueño (pero libre para mí) y me apresté a penetrarla tal como ella me lo pedía.

- Solo la puntita, solo la cabecita, me susurró.

Seguí fielmente sus instrucciones logrando apenas ingresar hasta desaparecer el glande en el interior de aquel bello orificio, acto que arrancó un sordo gemido apenas disimulado por los almohadones entre sus dientes y por el temor de despertar al marido.

Con una de sus manos por debajo de su cuerpo tratando de no moverse mucho para evitar que mi potente prisionero no abandone la hermosa celda, inició una ronda de caricias directas a su clítoris buscando un rápido orgasmo.

- Ahora métela hasta donde quieras, me dijo.

Lentamente la penetré hasta que mis bolas toparon con sus dos hermosas nalgas y luego también lentamente se la saqué mientras ella seguía acariciándose y lanzaba gemidos de gata moribunda en medio de un suave compás de nuestros cuerpos.

Estaba yo apunto de llegar al orgasmo, lo que fue percibido por mi hermosa pareja y en medio de susurros alcanzó a decirme:

- Acaba afuera y riégame la espalda.

Estaba esperando justo eso, se la saqué e incorporándome con la prisa que me permitía mi orgasmo próximo, aferrando la verga con mi mano derecha, alcancé el orgasmo despidiendo un primer chorro que cayó justo en medio de sus dos hermosas nalgas, un segundo en la espalda y un tercero en medio se su abundante cabellera. Su cuerpo entero se estremecía parte por el contacto de la tibia leche con su piel y parte por el glorioso orgasmo que acababa de experimentar.

Nos vestimos con algo de prisa, la noche había caído completamente, los ronquidos ahora se escuchaban menos autoritarios y ya no tenían sentido alguno. Era hora de marcharme. Me acompañó hasta la puerta de ingreso y en medio de una cómplice penumbra me dio un beso nervioso a manera de despedida, mientras en el interior se escuchaba otra vez el llanto de uno de los niños.

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Convertí a mi hija en nuestra puta

drsexoparanenitas @ 17:50

El siguiente relato ha sido ligeramente modificado de su versión original por recomendación del autor del mismo que me ha pedido lo publique en esta página.

 

Hola amigos, mi nombre es Sergio y vivo en Monterrey Nuevo León. Tengo 39 años de edad y aunque no tengo pareja (mi esposa nos abandono hace ya más de 5 años por motivos que aún no logro entender), tengo a mi cuidado a mis dos hijos de edad adolescente. Una hija y un hijo. La mayor se llama Verónica y tiene 21 años. Mi otro hijo, el menor, se llama Raúl y tiene 18, ya casi 19.

Todo lo que a continuación les relato sucedió hace poco cuando mi hijo estaba por cumplir los 18 años. En ese entonces, a mi me tenía muy preocupado el hecho de que a mi hijo no le conociéramos novia todavía. Ya estaba en edad para ello. Incluso a mi parecer ya estaba un poco viejo para no haber tenido novia antes.

 

A mi hijo siempre se le encontraba en su cuarto estudiando y sacando buenas notas en el colegio. Era bien sabido por todos en la familia que era bastante tímido por lo que tal vez no le era tan fácil acercarse a las chicas. Basándome en el consejo que me dieron mis amigos pensé que lo mejor sería que en su cumpleaños le rentara una puta.

 

Busque la prostituta indicada en las distintas "agencias" que me habían recomendado mis amigos pero ninguna parecía convencerme. Quería para mi hijo a una chica con la experiencia suficiente como para que supiera tratarlo con cuidado en su primera vez y no le dejara una mala experiencia. Todas las agencias mostraban chicas con bastante experiencia pero cobraban un ojo de la cara y en las que cobraban poco eran chicas de sobre peso o bastante feas. Tampoco quería que mi hijo se metiera con una de esas, yo quería lo mejor para él.

 

Llevaba más de 20 minutos buscando en el directorio cuando de pronto mi hija apareció.

 

Que haces?- me pregunto.

 

Trate lo más rápido que pude de esconder lo que hacía pero las tarjetas de las agencias que me habían regalado mis amigos estaban en desorden por toda la mesa y a eso agréguenle el directorio abierto en la página pues me terminaron por delatar.

 

No me digas que tu...- dijo mi hija extrañada.

 

No hija no es lo que tú crees. No es para mí.

 

A no? Entonces para quien?- me pregunto.

 

Para un amigo...

 

Mi hija no parecía convencida. Se sentó a un lado mío y me dijo:

 

Es que acaso tu amigo no puede hacer esto por sí solo?

 

Mi hija era una joven inteligente. Era todo lo contrario a mi hijo. A ella le gustaba salir todos los fines de semana con sus amigos y siempre regresaba hasta el otro día. Sabía perfectamente que mi hija era sexualmente activa, lo supe desde que a sus 16 años me pidió que le comprara unas píldoras para no quedar embarazada pues había tenido sexo sin condón y estaba llena de preocupación. A ella era imposible engañarla.

 

Es para tu hermano.- le dije- Ya se aproxima su cumpleaños número 18. Ya comienza a ser un hombre y tú sabes como son las cosas con él. Ya va siendo tiempo de que comience a vivir, ya sabes a lo que me refiero.

 

Mi hija parecía entender perfectamente lo que le decía.

 

Y has tenido suerte?- me preguntó.

Aún no, llevo varios minutos intentando buscar una chica que no cobre tan caro y reúna todas mis expectativas pero al parecer no la hay.

 

Y cuales son tus expectativas papá?

 

Quiero que sea una chica que sepa tratarlo. No quiero que se meta con una mujer brusca que termine por lastimarlo o haciendo de su primera vez una pesadilla. Quiero que lo trate con cariño y que no este tan mal la chica para que a tu hermano le atraiga.

 

Y cuanto dinero piensas darle?

 

Bueno pues lo más que he reunido son 1000 pesos pero igual y puedo conseguir otros 500 si no encuentro una que me cobre eso.

 

Mi hija se quedo mirando al directorio y tras unos minutos de silencio cuando yo iba a realizar una nueva llamada me dijo:

 

Yo lo haré...

 

Extrañado le pase el teléfono pensando que ella haría la llamada.

 

No papá no me refiero a la llamada.

 

Entonces?- le pregunto sabiendo perfectamente a lo que se refería pero queriendo estar seguro de aquello que me parecía una locura.

 

Que yo estaré con mi hermano por el dinero.

 

Apenas y podía creer lo que mi hija estaba diciendo.

 

Pero hija... el es... tu...

 

Si papá si ya lo se que es mi hermano pero que tiene de malo? Al fin y al cabo solo será sexo. No nos vamos a enamorar ni tendremos un hijo. No tiene nada de malo. Además necesito mucho el dinero. Quiero irme de vacaciones en verano con mis amigas por lo que el dinero no me caerá nada mal.

 

Y tu hermano? Que tal si el no quiere?

 

Déjame eso a mí papá.- se puso de pie y tras darme un beso en la mejilla me dijo- y no te preocupes papi. Seré buena con él.

 

El día de su cumpleaños, después de la breve reunión que tuvo mi hijo con sus pocos amigos, nos encontrábamos en la sala viendo una película. Acabábamos de tomarnos nuestra primera cerveza cuando llegó mi hija. Lucía tremenda. Se veía guapísima con unos pantalones de vaquero pegaditos a su cuerpo resaltando la belleza de culo que tenía y una blusa negra bastante escotada que hacían ver sus pechos excitantes y deseables. Inmediatamente me puse nervioso porque no sabía cómo iba a reaccionar mi hijo ante lo que su hermana tenía en mente. Meneando las caderas con movimientos enloquecedores se fue a sentar a un lado de su hermano al tiempo en que me miro y me sonrió con malicia.

 

Que hacen?- pregunto mi hija.

 

Viendo televisión- le contestó Raúl.

¿Puedo sentarme?

 

Claro –contesto mi hijo y de inmediato mi hija se dejó caer en el sofá al lado suyo.

Sin que mi hijo notara mi conducta extraña y mi nerviosismo, de ratos los miraba a los dos de reojo para ver cómo reaccionaba cada uno.

 

Mi hijo Raúl se encontraba entretenido viendo el programa de deportes que se mostraba en la televisión mientras mi hija con sus piernas cruzadas empezaba a cambiar las piernas de posición una y otra vez. Pensé que nada pasaría con él. Era imposible que su hermana le hubiese pasado desapercibida vestida como estaba. En un momento dado llegue a pensar que era gay pues hasta yo tenía una notoria erección debajo de mi pantalón nada más de ver el cuerpo de campeonato que se cargaba mi hija.

 

Pasaron unos minutos más y logre a notar como Raúl comenzaba a mirar de reojo a su hermana como no queriendo. Mire su entrepierna y note como había un pequeño bulto que crecía a marchas forzadas.

 

Mi hija estaba cada vez más inquieta. A mí me tenía cada vez más nervioso y lleno de incertidumbre por saber que era lo que haría.

 

Finalmente posó su mano sobre la pierna de Raúl. Con ello atrajo la atención de mi hijo de inmediato que la miraba sorprendido como no sabiendo que era lo que hacía.

 

Verónica comenzó a correr su mano por toda la pierna de Raúl. La paseaba por sus muslos con delicadeza pero a la ver firmemente. Mi hijo volteaba a verme como intentando ver que era lo que yo hacía pero yo trataba de actuar con toda la naturalidad posible.

 

Finalmente, cansada de pasear su mano por la pierna de su hermano, Verónica agarró con firmeza el bulto que se formaba en los pantalones. Raúl dio un saltó que le hizo ponerse de pie. Miró a su hermana con la expresión de sobresalto más grande que he visto en mi vida. Ella simplemente le devolvió atrevida y una sonrisa coqueta, como si estuviese pensando "No tienes ni idea de lo que está a punto de pasarte."

 

Raúl me miró con perplejidad, sin decir nada. Estaba esperando que yo hiciese algo para detener a su hermana. Yo sólo me encogí de hombros y le eché una mirada como diciéndole "No pasa nada". Sorprendentemente, su hermana se estaba comportando como si yo no estuviera en la habitación. Yo estaba sentado en el sillón de enfrente del que ellos dos estaban sentados.

 

Sin apartar la mirada de su hermano, ella tomó la mano derecha de su hermano y la colocó firmemente sobre una de sus tetas. Raúl entendió la indirecta y empezó a acariciarla suavemente, intentando medir su tamaño y firmeza a través del sujetador. Mientras él seguía mimando la teta de su hermana, ella continuaba frotando suavemente su hinchada polla.

Ponte de pie delante de mí -dijo Sara, asiéndole un brazo a su hermano y ayudándole a levantarse.

Aquellas palabras me sacaron de lo que parecía un sueño. De repente me di cuenta de que estaba viendo a mi hija seduciendo a mi hijo. Por mi cabeza fluyeron sentimientos encontrados... aquello no estaba bien. Pero la necesidad de que mi hijo empezara a vivir como hombre, la cerveza que ya me había tomado para ese entonces y las acciones de mi hija me había puesto un poco cachondo, quería ver más. Decidí sentarme y ver qué pasaba.

 

Raúl estaba de pie y Sara le había colocado justo enfrente de ella. Sentada en el borde del sofá, mi hija le desabrochó los pantalones, deslizó sus dedos bajo la goma de sus calzoncillos y le bajó toda la ropa de un tirón. La polla de Jaime saltó hacia ella, apuntando directamente a su cara. Era blanca y suave, sin experiencia en los placeres del sexo. Sus huevos estaban claramente hinchados de la excitación que provocaban las caricias de Verónica.

Verónica acarició la parte interna de los muslos de Raúl, con cuidado de no tocar su polla ni sus huevos. Estaba poniéndole cachondo, haciendo que sus pasiones afloraran. Mientras le hacía esto, su mirada no se apartaba de la joven polla que estaba delante de su cara, admirando su longitud y su grosor. Finalmente, su mano subió hasta los huevos y los acogió en ella. Mi hijo dejó escapar un gemido. Su polla se estremeció. Verónica se dio cuenta de que no faltaba mucho para que su hermano se corriese, así que no perdió el tiempo. Agarrando firmemente la polla con su mano, la acarició un par de veces y se la metió en la boca. Raúl de inmediato soltó otro gemido. Mi propio miembro estaba empezando a hincharse al imaginar lo que Raúl estaría sintiendo en aquel instante en que su polla estaba deslizándose por primera vez en una cálida y húmeda boca.

Verónica le comía la polla como toda una experta. La lamía de arriba a abajo, para luego metérsela completamente en la boca unas cuantas veces. Miraba hacia arriba, con los ojos clavados en los de su hermano y con una sonrisa en la cara al tiempo que su lengua aleteaba sobre su sensible glande. Cuando vi que los huevos de Raúl se pegaban el uno al otro, supe que estaba cerca del orgasmo. Mi hijo para ese entonces ya empezaba a parecer ansioso.

- ¡Cre.. cre... creo que deberías parar! -dijo con una voz rota y temblorosa.

Mi hija ignoró el ruego de su hermano mientras su cabeza seguía subiendo y bajando sobre su polla.

- Aaaahhhh... -gritó Raúl al tiempo que descargaba su semen en la garganta de su hermana.

Verónica mantuvo el palpitante miembro en su boca todo el tiempo que éste estuvo escupiendo su cálida descarga en ella. La polla de Raúl se encogió rápidamente y se deslizó fuera de la boca de Verónica. Ella le dio un beso en la punta y Raúl cayó rendido en el sofá, con sus brazos y piernas totalmente extendidos.

- ¡Dios! -exclamó él mientras de su cada vez más arrugado miembro salían las últimas gotas de semen. - Ahora me toca a mí -dijo sonriendo Verónica, poniéndose en pie.

Empezó a desabrocharse los botones de la blusa y rápidamente se la quitó, así como los pantalones vaqueros, quedándose solo con el sujetador y las bragas. Se quedó de pie unos instantes dándole tiempo a Raúl para que contemplase su cuerpo con todo detalle.

 

Me di cuenta de que era la primera vez que veía a mi hija desnuda desde que era muy pequeña. Verónica hacía atletismo en la universidad y estaba en muy buena forma. Su cuerpo estaba bronceado y parecía muy suave. Físicamente, estaba en la época perfecta para una mujer, ya que su cuerpo estaba adoptando las curvas de una mujer adulta, pero manteniendo la firmeza y el brillo de la juventud.

Estaba enfrente de Raúl, con las manos apoyadas en sus caderas. Lentamente, cruzó los brazos y deslizó las manos por todo su vientre. Sus manos recorrieron sus costados, con los brazos aún cruzados, hasta que llegaron a sus hombros. Esto hizo que sus tetas se apretasen la una con la otra, consiguiendo que dos increíbles globos de carne salieran por la parte superior de su sujetador. Descruzó los brazos a medida que deslizaba las manos por su cuello, por encima de sus orejas y a través del pelo. Estiró los brazos por encima de su cabeza, entrelazando los dedos, y luego se puso de puntillas, inclinándose ligeramente hacia adelante y arqueando la espalda. Aquella era una visión maravillosa. Su joven cuerpo estaba completamente estirado, sus piernas eran largas y delgadas, su culo apuntaba afuera y arriba, orgulloso, sus tetas sobresalían de su cuerpo, su vientre estaba hundido y su cabeza echada hacia atrás.

Raúl sólo miraba con la boca abierta. Mi polla empezó a hincharse de nuevo. Verónica se quedó en aquella pose durante un instante, pero luego volvió a descansar sobre sus pies planos. Se bajó los tirantes del sujetador y se sujetó las copas de éste a la altura de sus tetas mientras sacaba los brazos por los tirantes. Tras una corta pausa, lentamente dejó caer las copas de su sujetador, dejando a la vista sus enormes tetas. Eran puntiagudas, abundantes y, a juzgar por su forma, duras como piedras. Los pequeños triángulos blancos de su bikini y sus brillantes y rosados pezones resaltaban como rótulos de neón contra su bien bronceado cuerpo. Sus pezones eran unos pequeños garbanzos rosados en la punta de sus tetas, como dos guindas en un helado.

Tras quitarse el sujetador, mi hija empezó a frotarse la entrepierna. Se apretó las bragas contra su raja y tiró ligeramente de ellas para que la forma de su coño fuese claramente visible. Dándose la vuelta para quedarse de espaldas a Raúl, Verónica se inclinó ligeramente hacia adelante, posó sus manos en sus caderas y luego deslizó sus pulgares bajo la goma de sus bragas. Lentamente, se las bajó dejando a la vista el mejor culo que he visto en mi vida. Cuando sus bragas llegaron al suelo, me di cuenta de que estaban húmedas.

La flácida polla de Raúl comenzó a moverse. Mi corazón latía a mil por hora. Mi hija se dio la vuelta, se inclinó sobre Raúl y apoyó sus manos en la espalda del sofá. Este movimiento dejó una de sus tetas justo en la cara de su hermano. Raúl no perdió el tiempo. Se metió en la boca aquella deliciosa teta y empezó a chuparla con locura, mientras masajeaba con vigor la otra. Aún de pie, Verónica se abrió de piernas, haciendo que formasen una V vuelta del revés. Al ponerse en aquella posición, tuve la vista más asombrosa de su coño. Lo tenía depilado alrededor de la raja, dejando a la vista un suave y ligeramente coloreado monte de Venus. Sus labios, rosados y mojados, sobresalían de la raja.

Verónica tomó la mano que estaba masajeando su teta y la guió hacia abajo, en dirección a su coño. Raúl tanteaba torpemente con la mano, sin saber exactamente qué hacer. Verónica cogió uno de los dedos de su hermano y separó los labios de su coño con él. Luego lo acompaño hasta su clítoris y lo frotó durante un rato. Mientras hacía esto, sus caderas se balanceaban adelante y atrás, proporcionándome un maravilloso espectáculo. Soltó la mano de Raúl, dejando que fuera él el que siguiese, y cerró los ojos. Un dolor llenó mi polla al ver el dedo de Raúl abriendo la raja de su hermana y exponiendo así todo su agujero a mis ojos. Deseaba con todas mis fuerzas clavar mi larga y dura polla hasta lo más profundo de aquel dulce y joven coño y tuve que hacer uso de toda mi capacidad de autocontrol para poder seguir sentado.

Para entonces, Raúl ya tenía una erección completa de nuevo. Verónica se arrodilló delante del sofá y se metió aquella palpitante polla en la boca. Una vez consiguió ponerla bien húmeda se levantó, se dio la vuelta y descendió sobre la verga de su hermano.

- Vamos a hacerte hombrecito hermanito -dijo Verónica mientras empezaba a subir y bajar sobre la polla de su hermano.

Sus tetas saltaban juguetonamente y rebotaban arriba y abajo. Las manos de Raúl estaban sobre las caderas de su hermana, pero enseguida empezó a deslizarlas hacia arriba por sus costados hasta que cubrió sus tetas con ellas. Se sujetó a ellas como si fueran asideros. Mientras tanto, yo estaba embobado mirando el coño de Verónica. Era hipnótico ver sus suaves y rosados labios deslizarse arriba y abajo por la virgen y blanca polla de Jaime. En seguida aquella polla estuvo brillante por los orgasmos de Verónica. Ver aquello me puso realmente cachondo. Mi propio miembro latía aceleradamente y pugnaba por salir de mis pantalones. Estaba seguro de que iba a explotar de un momento a otro.

Por primera vez desde que todo aquello empezase, Verónica me miró. Observando el enorme bulto de mis pantalones y la expresión de dolor en mi cara me hizo una seña para que me acercase a ella. Salté de mi silla y atravesé la habitación. En cuanto llegué a su lado, sacó una mano y empezó a acariciarme el bulto. A diferencia de Raúl, a mí no me hacía falta esperar a que nadie me desnudase. Rápidamente dejé caer mis pantalones liberando mi hinchada y palpitante polla. Los ojos de Verónica se abrieron de asombro. Mi polla es mucho más grande que la de Raúl y mis huevos estaban hinchados tras ver todo aquel espectáculo.

Raúl me miró brevemente y me dedicó una extraña expresión. No tenía ni idea de lo que estaba pensando. De todas formas, no importó ya que rápidamente volvió a mirar el culo de su hermana rebotando arriba y abajo delante de él. Sara empezó a acariciar mi polla mientras seguía follándose a su hermano. Estaba ya a punto de soltar toda mi leche por encima de ella cuando, de repente, se detuvo. Jadeando por el esfuerzo, soltó mi polla y se echó hacia adelante. Se levantó hasta casi dejar salir la polla de Raúl de su coño, y entonces empezó a deslizarse arriba y abajo con pequeños movimientos sin dejar que le entrase del todo en la raja. Me imaginé qué era lo que estaba haciendo. Quería que Jaime pudiese ver su polla deslizándose dentro y fuera de su coño. Jaime se la estaba metiendo entera. Al ver aquello me convencí de algo que hacía rato que me rondaba por la cabeza. Mi hija era un gran polvo.

Verónica se levantó y se puso a cuatro patas en el suelo con el culo hacia nosotros dos. Tras arquear la espalda para que su culo quedase apuntando hacia arriba, se separó los labios del coño dejando a la vista aquel agujero que pedía a gritos ser llenado. Mi frustrada polla se sacudió al ver aquello.

- ¡Acércate y métemela! -dijo Verónica a Raúl.

Mi hijo caminó hacia ella con su joven y dura polla oscilando de un lado a otro. Se arrodilló detrás de su culo, se cogió la polla con una mano y la condujo al suave, cálido y húmedo agujero de su hermana. Al ver aquello, noté que mi leche estaba de nuevo a punto de salir disparada. ¡Cómo me gustaría que fuese mi polla la que estuviese metiéndose en aquel coño!

Raúl empezó a bombear con largas pero lentas embestidas al principio, pero eso fue hasta que cogió el ritmo. Verónica me buscó con la vista y me hizo señas para que me pusiese delante de ella. Así lo hice y al llegar allí levantó la mirada y dio unas palmaditas al suelo que había justo debajo de ella.

- Túmbate aquí -me dijo.

Me senté delante de ella, pasando mis piernas por entre sus brazos para que quedasen justo debajo de su cuerpo. Me eché hacia atrás y me apoyé en los codos. Mi polla había quedado justo debajo de la cara de Verónica. Empezó a chupar mi hinchado miembro mientras yo observaba a mi hijo follándosela por detrás. Tenía los ojos cerrados y una expresión de intensidad en la cara. Estaba disfrutando de aquella cabalgada. Verónica se sacó mi polla de la boca.

- ¡Fóllame con más fuerza! -le gritó a su hermano.

Mi hijo aumentó el ritmo de sus movimientos un poco más. Me moví un poco a la izquierda para poder ver más del cuerpo de Verónica a. Ella por su parte, seguía trabajando con mi polla.

- ¡Clávamela! -gritó de nuevo- ¡Clava tu polla en mi coño hermanito!

Mi hijo se la metía con todas sus fuerzas. El culo de mi hija temblaba a causa de los impactos y sus tetas oscilaban salvajemente.

Aquello era más de lo que yo podía aguantar. Mis huevos estaban a punto de soltar la mayor corrida de toda mi vida. No iba a poder soportarlo más. Me senté y cogí la cabeza de Verónica entre mis manos al tiempo que sentía una increíble calidez brotando de mi interior.

- Aaahhh -gemí cuando mi polla explotó en su boca. - Mmmmph -fue el único y ahogado sonido que Verónica pudo emitir mientras trataba de contener los chorros de semen que estaba lanzando mi polla en su garganta.

Vi cómo mi verga latía mientras seguía enviando su largamente esperado cargamento al interior de la ansiosa boca de mi hija. Me eché hacia atrás y cerré los ojos, saboreando la tranquilidad con que me había quedado tras aquella liberación. Pensé durante un instante en lo que había pasado en aquella habitación. ¿De veras Verónica entendía mis necesidades? ¿Dónde había aprendido a hacer todo aquello?

Oí a mi hijo soltar un grito mientras llevaba a cabo sus últimos movimientos. Su ritmo decayó rápidamente hasta que por fin se detuvo y cayó rendido sobre la espalda de Verónica. Pensé en su caliente semen saliendo disparado en lo más profundo del dulce y joven coño de su hermana. Vaya tipo con suerte. Aunque yo no me podía quejar, también había quedado satisfecho con la rica mamada de verga que me había hecho mi hija. Verónica levantó la vista mirándome a los ojos y me dedicó una sonrisa traviesa.

- Feliz cumpleaños, hermanito -dijo pero sin dejar de mirarme.

Su hermano sin decir nada se fue a su habitación. Verónica caminó hacía mi y rápido le extendí 1000 pesos. Los recibió de buena gana y me dijo:

Aun queda mucha noche por delante. Tienes los 500 pesos extra papi?

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La puta de mi propio hijo (7)

drsexoparanenitas @ 17:45

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Una tarde mi hijo me propuso ir al cine. Yo estaba un poco aburrida, mi marido estaba en casa trabajando en unos informes para su empresa, y en la tele no había nada interesante, así que acepté encantada. Fui a mi habitación para cambiarme y al poco entró mi hijo. Me empezó a acariciar el culo y me susurró que me pusiera algo provocativo, algún vestido corto con mucho escote, y que no me pusiera ropa interior, porque el cine era un lugar ideal para meterse mano, y él tenía la intención de pasarse toda la película metiéndome mano.

Me decidí por un vestido corto rosa de tirantes y unas sandalias de tacón. Me sentía realmente atractiva, y provocativa. Nos despedimos de mi marido, quien nos dijo adiós y que nos divirtiéramos sin dejar de mirar sus papeles. En broma le dije que no nos esperara despierto.

Aparcamos el coche en un parking y salimos a la calle. Yo pensaba qué película podíamos ver cuando pasamos por delante de uno de los últimos cines porno que quedan en la ciudad. Mi hijo se paró y me dijo que nunca había estado en un cine de esos, le dije que yo tampoco, y con una mirada de complicidad compramos dos entradas y nos metimos.

Era un día entre semana y estaba prácticamente vacío, sólo distinguimos cuatro hombres muy separados unos de otros. Nos sentamos en una de las últimas filas. La película ya había empezado, en ella una chica de enormes pechos follaba con dos negros con pollas enormes. El encontrarme en un cine porno con mi hijo, casi vacío, la película, mi ropa, todo influía para que me sintiera muy excitada y caliente, y me alegré cuando mi hijo no tardó en volverse sobre mí y besarme en la boca. Su mano se dirigió a mi escote y me acarició los pechos y mis pezones, ya duros por la excitación, mientras nuestras lenguas se fundían en un beso apasionado. Le toqué el paquete y comprobé que él también estaba muy cachondo, le desabroché el pantalón y liberé su maravillosa polla. Él dirigió mi cabeza hacia ella y se la chupé con ganas.

Entonces me dijo que me quitara el vestido, yo le dije que no, que allí no, pero estaba tan caliente que no pude negarme, y dejé que me lo quitara y lo echara sobre una butaca; me pidió que me quitara incluso los zapatos. Y volví a agacharme para seguir chupándosela. Yo no me di cuenta, pero uno de los hombres sentados por delante de nosotros se volvió para ver qué eran esos susurros, y mi hijo le hizo una seña para que se acercara. Se acercó por detrás de mí, yo ni siquiera le oí llegar, y la visión de mi culo desnudo mientras se la mamaba a mi hijo le debió poner cien. Él solo veía a una mujer madura muy atractiva chupándosela a un chico joven. Entonces me sorprendí al notar una mano que no era la de mi hijo tocándome el culo, quise incorporarme para saber qué ocurría, pero mi hijo me sujetó la cabeza y le dijo al desconocido que me follara el culo; casi sin darme cuenta sentí cómo unas manos agarraban mis caderas y una polla enorme empezaba a presionar para introducirse dentro de mi culo. Quise protestar, decirle a mi hijo que no le dejara, pero él me dijo que me callara, que fuera una puta buena y me dejara follar por ese desconocido.

Su polla entró dentro de mí casi de un solo golpe, provocándome un dolor inmenso, pero no podía gritar, con la polla de mi hijo en la boca. Los otros tres espectadores se acercaron atraídos por los gemidos y se quedaron mirando alrededor como embobados; era como la película de la pantalla, pero en vivo. Mi hijo se corrió brutalmente en mi boca, llenándomela de semen, y cuando se le pasaron los temblores se levantó y le preguntó a uno de los hombres que si quería ocupar su lugar. No se lo pensó dos veces, y se sentó en la butaca de mi hijo, se sacó la polla y me la metió en la boca. El que me enculaba no tardó en correrse, llenándome con su leche el culo, y poco después el otro desconocido se corría en mi boca. Por fin me dejaron libre un momento y aproveché para sentarme y relamerme el semen que goteaba de mi boca.

Pero aún había dos hombres masajeándose sus pollas fuera de los pantalones esperando su turno; y no pensaban irse sin disfrutar de mí. Me cogieron entre todos y me llevaron a un lateral de la sala, donde había más espacio, y me tumbaron en el suelo. Me fueron follando esos dos hombres por turnos, mientras mi hijo les animaba, y me obligaba a abrir la boca al máximo para tragarme dos pollas a la vez. Luego se levantaron todos y me dejaron de rodillas, pajeándose los cuatro desconocidos, incluido mi hijo, a mi alrededor. Me dijeron que abriera mucho la boca y que fuera manteniendo en mi boca todo el semen que me iban a echar, pero que no lo tragara ni lo escupiera. Yo me acariciaba las tetas un poco por los nervios y un poco para excitarles, y uno a uno se fueron corriendo en mi boca. Cuando uno terminaba otro le seguía, casi sin parar, y mi boca se fue llenando poco a poco de semen. Su semen no solo caía en mi boca, sino que pronto tuve llena toda la cara y el pelo. Goteaba por mi barbilla y caía sobre mis pechos. Mi hijo fue el último en correrse, y juraría que su cantidad fue la mayor de todas, claro que él es muy joven y los desconocidos todos hombres maduros, alguno incluso bastante desagradable. Cuando terminaron se quedaron jadeando contemplándome, asombrados de ver mi cara blanca de semen y mi boca abierta llena. Entonces mi hijo me dijo que les demostrara lo puta que era y que me lo tragara todo, así que cerré la boca y me lo tragué, y la abrí otra vez para que lo comprobaran.

Me vestí y salimos del cine, quería llegar a casa cuanto antes y darme un baño, me sentía muy sucia, pero también reconocía que había sido muy excitante y morboso hacerlo con unos desconocidos. Llegamos al aparcamiento y estaba casi vacío de coches y no se oía nada. Entonces oímos unas voces, alguien que nos llamaba. Eran los hombres del cine, los cuatro, nos habían seguido. Uno de ellos, parecía que hablaba por los demás, se acercó a mi hijo y le dijo que se habían quedado con ganas de más, que querían seguir follando conmigo. Mi hijo pretendió dudar, diciendo que no estaba seguro, pero se notaba que en el fondo lo deseaba. Yo no quería más, además, aquellos hombres me desagradaban muchísimo. Entonces uno de ellos le ofreció dinero a mi hijo a cambio de follarme, y mi hijo aceptó, les cogió una buena cantidad y les dijo que podían hacer lo que quisieran conmigo durante una hora, y que a él le gustaría mirar. Aceptaron excitadísimos y yo le dije a mi hijo que no lo hiciera, que nos fuéramos a casa, pero él me dijo cruel que ya habían pagado y que ahora era iba a ser su puta.

Me cogieron y me metieron en el coche desnudándome, me tumbaron en el asiento y de nuevo me fueron follando todos por turno. Sus pollas entraban y salían de mi coño, mientras mi hijo observaba todo un poco apartado, sonriendo con lujuria. En cuanto uno se corría otro ocupaba rápidamente su lugar y me la clavaba, mientras mi boca siempre estaba ocupada lamiendo alguna polla o algunos testículos. Me trataban con fuerza, para ellos solo era un objeto sexual en el que descargar todas sus ansias reprimidas; me azotaban, me magreaban con violencia las tetas, me escupían. Cuando se corrieron todos, uno vio que todavía quedaba un poco de tiempo, y se le ocurrió una idea. Cogió una botella de licor que uno de ellos llevaba y me hizo beber un buen trago, luego la dirigió a mi coño y me la empezó a meter. Lo tenía tan dilatado y tan lleno de semen que no me molestó demasiado y se deslizó en mi interior fácilmente, mezclándose el licor que brotaba de su interior con el semen que me inundaba el coño. Entonces uno dijo que lo probara en mi culo, y eso sí me asustó, les dije que no, pero eso es lo que estaban esperando, me dieron la vuelta, y me la empezaron a meter; el dolor era terrible, yo grité y uno de ellos me tapó la boca para que no se oyeran mis gritos; lloraba de dolor, era como ser empalada por una polla gigante. Después de unos minutos que se me hicieron eternos, me sacaron la botella, y de mi culo brotó licor mezclado con sangre. No me lo habían desgarrado, pero faltó poco, y desde luego durante un par de días me dolería horrores al sentarme y al andar. Me ayudaron entre todos a vestirme y nos fuimos a casa.

Por el camino mi hijo me preguntó cómo estaba, y si me había gustado. Le dije que lo de la botella había sido horrible, pero que ser follada y prostituida con unos desconocidos había sido increíble. Me preguntó si querría repetirlo otra vez y le dije que sí. Aparcó cerca de casa y me besó en la boca con ternura. Me dijo que era la mejor puta del mundo y me dirigió la cabeza con suavidad a su entrepierna para que se la chupara una vez más antes de entrar en casa. Se corrió en mi boca y me lo tragué con muchísimo placer y entonces entramos en casa. Saludamos a mi marido y rápidamente, sin que le diera tiempo de fijarse en mí, me dirigí al baño para lavarme. Había sido una tarde increíble de sexo, pero tenía todo el cuerpo escocido y dolorido, y necesitaba un baño y descansar.

Complicidad familiar para follar

drsexoparanenitas @ 17:31

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Complicidad familiar

Todavía hoy no se como llegue a acabar en esta situación tan extraña con mi tia, hermana de mi madre, con la que tuve que ir a pasar una temporada mientras preparaba unas oposiciones.

Ella vivía en un apartamento pequeño, pero en el salón comedor tenia un sofá convertible que yo utilizaría para dormir. Teníamos la costumbre después de cenar de charlar un rato viendo la tele, después ella se iba a acostar y entonces yo me desnudaba y me acostaba en el salón.

La oía por las mañanas cuando se iba a trabajar antes de que yo me levantara en silencio pasaba por mi lado y salía de casa, cerrando la puerta con cuidado.

Una mañana yo estaba destapado y la oí levantarse. Retiré un poco más la manta y deje que la mitad de mi culo quedara al aire para que ella me viera al irse. Lo repetí dos o tres días mas y una noche, antes de acostarnos me dijo

. ¿No tienes pijama para dormir o es que hace mucho calor?

. No, está bien de calor, es que nunca he usado pijama.

Yo sabía por donde iba, pero me hice el loco. A la mañana siguiente me quedé boca arriba y deje que mi polla bien recta quedara medio oculta por la sabana. Vi que esa mañana se demoraba un poco mas en salir del salón antes de abandonar la casa. Volví a hacerlo un par de días mas y al tercero noté como me retiraba un poco la sabana y se quedó mirando mi miembro que se puso mas vertical todavía de la emoción.

Lo que no volvió fue a decirme nada sobre mi pijama y cuando iba al baño que estaba enfrente de su dormitorio antes de acostarme notaba que dejaba la puerta abierta con frecuencia.

Ese día, al encender la luz del baño, su habitación quedó iluminada y vi que ella estaba acostada, con las sabanas a un lado, el camisón recogido y la mitad de su culo al aire. Entré despacito y me quede mirándola. Volvimos a repetir esta escena en los días sucesivos: ella por la mañana retiraba la sabana y me miraba en silencio y yo por la noche miraba su culo y empecé a atreverme a tocarlo y acariciarlo, retirando las sabanas.

Cuando se fue a la mañana siguiente y me liberó la polla de la manta, dio un paso mas que estuvo a punto de romper mi silencio: me la agarró con su mano y la acercó a su cara, dándola un besito.

La cosa fue avanzando. Yo la esperaba ya con todo al aire, sin disimulo, pero totalmente quieto y en silencio y ella me ofrecía ya su conchita y a veces abría las piernas para que la pudiera tocar y curiosear con la misma quietud y silencio que yo.

Cuando ella me agarró la polla una mañana y se la metió en la boca chupando y lamiendo con ganas yo correspondí por la noche con una buena comida de su coño que se había lavado y perfumado, como consciente de que yo iría avanzando al ritmo que ella impusiera.

Lo siguiente fue follar. Ahí pensaba que tenia que ser yo quien empezara, de modo que una noche que tenia las piernas bien abiertas me subí a su lado, la abrí el coño con dos dedos y fue entrando poco a poco en su húmedo agujero. Me quedé quieto, sintiendo su calor y su suavidad y no me atreví a moverme. Hasta la siguiente noche que ella se apretó un poco contra mi y me puso tan excitado que me la follé sin pensar en nada mas.

Otra mañana se sentó ella encima de mi, con las bragas a un lado y se corrió con mi polla como si fuera un consolador.

Desde entonces lo hacemos casi todas las noches, lo único es no decir ni media palabra y aparentar que estamos dormidos y no nos enteramos de nada. Durante el día todo es normal, hablamos como si no pasase nada. Por la noche, si yo encuentro su puerta abierta, entro y me la follo y si está cerrada me voy al baño y me hago una paja.

Es una complicidad perfecta y yo estoy encantado. Supongo que ella también… porque deja la puerta abierta con bastante frecuencia

Disfrutando unas vacaciones con mi tía Marta.

drsexoparanenitas @ 17:26

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Me llamo Eduardo, siempre he estado muy caliente, desde muy pequeño. Recuerdo que siendo un chiquillo, cuando dormía con mi madre en su cama, me abrazaba a ella. No era por cariño, no, pegaba mi pene a su costado y subía una pierna sobre ella. Recuerdo que la subía hasta que mi rodilla llegaba a sentir la tela de sus bragas, eso me ponía muy caliente. Nunca intenté hacerle nada, aunque lo deseaba con todas mis ganas.

 

Al ir creciendo, mis deseos sexuales aumentaron. Desde los once años me hacía pajas utilizando la imagen de mi madre, de alguna profesora y también utilizaba a mis tías. En especial recuerdo a mi tía Marta. No era una mujer de película, pero era muy sensual, me atraía más que ninguna otra y era mi favorita en mis horas de soledad.

 

Casi todos los veranos pasábamos varios días con ellos en algún lugar que elegíamos entre las dos familias. He de decir que yo era hijo único. Ella tenía dos hijos Enrique y Jesús. Todos los años los pasábamos estupendamente. Pero la historia que os quiero contar ocurrió el verano en que yo tenía dieciocho años.

 

Quedaban apenas quince días para marcharnos a un hotel de la costa. Se habían reservado tres habitaciones, dos con camas de matrimonio para cada pareja de padres y otra con tres camas para mí y mis primos. Entonces ocurrió algo inesperado. Mi abuela, la madre de mi padre se puso mala y él y mi madre tenían que ir a otra ciudad a cuidarla. Se habló con el hotel y se pudo dejar la habitación de mis padres.

 

Varios días después mis primos medio se enfadaron con sus padres pues le había surgido un campamento con gente de sus clases y querían ir. En medio del jaleo del enfado familiar, a mi tío, según dijo él, por unas emergencias que ocurrieron en su trabajo, le cambiaron el mes de vacaciones y mis primos aprovecharon para conseguir ir al campamento. A una semana del viaje solamente mi tía y yo iríamos seguro. Ella se empeñó y me pidió que la acompañara pues deseaba descansar después de todo el año trabajando y no pudiendo cambiar sus vacaciones.

 

Así que habló con el hotel y consiguió quedarse con una habitación para nosotros dos. Yo estaba bastante emocionado. Siempre fue mi mujer deseada y pasar todo un mes con ella a solas me provocaba excitación. Compartiríamos habitación.

 

Y llegó el día en que los dos marchamos en su coche hacia nuestro destino de descanso. Tras varias horas de viaje y varios descansos llegamos al hotel. Cogimos las maletas y después de registrarnos en recepción, subimos a la habitación. Era una habitación amplia. Tenía un pequeño pasillo donde estaba la puerta del baño. El pasillo desembocaba en un saloncito con televisión y un sofá. A un lado estaba la puerta de la habitación. Los dos entramos con nuestras maletas en la habitación.

 

-¡Tita, sólo hay una cama! – Le dije algo extrañado.

 

-No te preocupes Eduardo, cuando llamé para anular una habitación, sólo me dieron la opción de anular la que reservamos para los tres. Esta era más cara y no querían perder tanto dinero. ¿No te importará compartir cama con tu tía?

 

-No. – Le dije y un sentimiento de alegría me invadió.

 

Iba a conseguir lo que tanto había soñado siempre, dormir con mi adorada tía. Estaba muy excitado por el hecho, pero debía ser cauto, no podía llegar, meterme en la cama y empezar a sobarla. Era imposible que tuviera ningún rollo con mi tía, pero me excitaba tenerla cerca cuando durmiéramos.

 

Deshicimos las maletas y organizamos los armarios y cosas del baño. Después nos pusimos los bañadores y decidimos ir a la piscina a tomar un baño, ya eran las una y media de la tarde. Después del baño iríamos a comer.

 

-Cariño, voy a ponerme el bañador en el baño, aprovecha y ponte el bañador mientras tanto. – Me encantaba cuando me llamaba "cariño".

 

Tardé nada en quitarme la ropa que llevaba y ponerme el bañador, una camiseta y las zapatillas. Ella aún no había acabado. Me senté en el salón y puse la televisión mientras esperaba a que saliera del baño. La miré cuando salió, ¡Qué bonita estaba! Era una mujer madura de cuarenta y algo de años, como dije no tenía un cuerpo de película, pero era coqueta y se cuidaba, con aquel bikini estaba preciosa. Lo que más me gustaba eran sus grandes y redondos pechos y su respingón culo de anchas caderas.

 

-¿Me queda bien este bikini? – Me preguntó y aproveché para mirarla detenidamente. – Tengo más, si no estoy bien me puedo poner otro.

 

-¡Estás preciosa con ese! – Le comenté.

 

-¡Gracias cariño!

 

Se puso un pareo y salimos en dirección a la piscina. Llegamos, cogimos dos tumbonas y pedimos dos. Mientras venía el camarero nos metimos en el agua. Había poca gente así que disfrutamos a gusto del baño. Vimos como el camarero nos dejó las copas junto a las tumbonas nuestras. Mi tía salió del agua y me llamó para que nos tomáramos la copa. Estaba tumbada boca arriba cuando llegué a su lado. Tenía algo de barriguita, pero me resultaba más excitante aún. Ese día estaba preciosa, nunca la había visto tan radiante.

 

-Se está a gusto aquí ¿verdad? – Me preguntó.

 

-¿Cuánto tiempo estaremos aquí?

 

-Sólo un mes…

 

-¡Qué poco tiempo tita!

 

Descansamos un buen rato y cuando nuestras copas ya estaban vacías y nuestros estómagos pedían fueran llenados, subimos a la habitación. Yo me puse un pantalón corto y otra camiseta y volví a esperar a que ella se cambiara de ropa. Salió de la habitación con una falda larga y una camiseta bastante ajustada que le marcaba mucho las tetas. Se había peinado y maquillado ligeramente de forma que estaba preciosa y radiante.

 

-Eduardo cariño, - me hablaba mientras se sentaba a mi lado en el sofá – ya que vamos a estar los dos solos aquí, llámame Marta en vez de tita o tía, será más cómodo.

 

-Cómo quieras, Marta. – Me gustaba llamarla así.

 

-Además quien nos vea pensará que soy una madura que se ha liado con un jovencito gigoló. ¡Vamos a comer!

 

Salimos de la habitación y nos fuimos al restaurante. Después de unas horas, ya por la tarde fuimos a la playa para bañarnos y tomar el sol. Sería sobre las siete de la tarde, allí había bastante gente y muchas de las mujeres, la mayoría extranjeras, hacía topless. Me fijaba en todas ella, algunas daban gusto admirarla, sus redondas y firmes tetas daban gusto, otras, las más viejas, tenía pellejos colgando que mejor no mirar pues se le pasaba a uno cualquier excitación que pudiera tener.

 

-¿Estás disfrutando de la visión?

 

-¡Por supuesto Marta! – Me daba confianza hablar con mi tía y no tenía reparo en mostrarle mis pensamientos sobre las mujeres que allí había.

 

-Eduardo, ¿te importaría si yo también hago topless? – Me preguntó – No quisiera incomodarte si expusiera mis tetas en público estando tú aquí.

 

-Para nada Marta, seguro que será un verdadero placer admirar tus pechos.

 

 

Casi no había acabado la frase cuando ya tenía sus hermosas, redondas y turgentes tetas al aire. Verla solamente con las bragas del bikini, con sus tetas al aire, con aquellos pezones erectos y oscuros de aureola pequeña me excitó más de lo que yo esperaba y mi pene creció bajo mi bañador formando un prominente bulto imposible de disimular. Ella se dio cuenta.

 

-¡Veo que te gusta ver los pechos de tu tía!

 

-Ver tantos pechos libres lo puedo soportar, pero ver las hermosas y excitantes tetas de mi tía es algo que no puedo remediar… - le dije intentando no mostrar vergüenza - ¡Ya sé por que razón mi tío siempre está tan contento!

 

-¡Tonto! – Fue lo único que me dijo y se volvió.

 

Creo que había conseguido ruborizarla. Se colocó boca abajo apoyada en sus brazos, en los codos, con una revista. Su torso estaba algo levantado. Podía ver de perfil la redondez de su pecho y el excitante pezón. Seguí mirando su cuerpo y miré por un rato su redondo y respingón culo. ¡Cómo me hubiera gustado ponerme encima de ella y frotar mi polla por su culo mientras mordisqueaba su cuello! Estos pensamientos impedían que mi pene pudiera descansar.

 

-¡Cariño! Úntame crema por la espalda.

 

-Ahora mismo Marta.

 

Me coloqué a su lado y tomé el bote de crema. Empecé a extenderla por su espalda y podía sentir su suave piel. Mientras lo hacía me fijaba bien en cada curva de su cuerpo. Otros veranos ya la vi en bikini, pero nunca había disfrutado tanto de la visión de su cuerpo como aquel día.

 

-¡Parece que no te cansas! – Me dijo y la miré con cara de extrañeza. - ¡Tu cosita aún está de pie! - Se refería a mi erección.

 

-Antes lo digites tú, la gente pensará que eres una madura que se ha ligado a un jovencito. ¡Simplemente estoy en mi papel! ¡Un buen amante tiene que estar preparado para todo! – Le contesté con descaro y a ella pareció divertirla.

 

-¿Has hecho ya el amor alguna vez? – Me preguntó y ahora yo era el que se ruborizaba.

 

-No. – Dije fríamente.

 

-¡Démonos un baño! – Me dijo volviéndose y cogiendo el bote de crema se llenó todo el pecho y sus piernas. Se levantó y extendió una mano hacia mí. - ¡Vamos al agua!

 

No dije nada, agarré su mano y me dejé llevar hasta la orilla. Íbamos trotando y podía ver como sus tetas se bamboleaban. ¡Era excitante verla! El agua no estaba muy fría y poco después estábamos los dos sumergidos hasta el cuello. Mi mirada no se apartaba de las redondeces de sus tetas, me tenían hipnotizado.

 

-¿Te gustan?

 

-Nunca imaginé que tus pechos fueran tan hermosos. – Le dije mirando sus ojos verdes.

 

-¿Quieres tocarlos? – El corazón se me aceleró al escucharla. - ¡No te asustes, no muerdo!

 

-No me asusto, - le contesté y casi no me salía la voz – es que siempre he soñado con tu cuerpo, me he… - dude en seguir hablando pero después de lo que me había dicho ya nada importaba – muchas veces me he masturbado pensando en ti y ahora que me ofreces tus pechos, la excitación casi me paraliza…

 

-¡Pues trae tus manos! – Agarró mis manos y las colocó sobre sus desnudas tetas.

 

Al entrar en el agua mi pene había menguado por la temperatura de ésta, pero el contacto de los pezones erectos de mi tía volvió a producirme una erección más intensa que antes. Yo me deleitaba en acariciar sus redondas tetas cuando sentí las manos de ella que empezaba a acariciar mi culo.

 

-He de confesarte que desde un tiempo acá, tu culo me encanta, tan duro, tan juvenil. – Sus manos amasaban cada cachete de mi culo.

 

-A mí también me gusta el tuyo. – Bajé mis manos por su cuerpo y comencé a acariciar su redondo culo a la vez que la atraía a mí.

 

Por un momento los dos nos acariciábamos y nos mirábamos a los ojos. Poco a poco, dudando aún, nuestras bocas se fueron acercando hasta que se unieron en un beso en el que nuestras lenguas pasaron de una boca a otra jugando entre ellas. Mi pene estaba al máximo y se apoyaba en su vientre. Marta subió sus brazos y me rodeo por el cuello en un abrazo que impedía que nuestras bocas se separaran. Abrió sus piernas y me rodeo con ellas por la cintura buscando con su sexo el bulto de mi pene. La agarré por la cintura y me frotaba contra ella.

 

-¡Sácatela! – Me dijo. Mi corazón estaba más acelerado que nunca.

 

Entonces ella volvió a ponerse de pie y sus manos buscaron mi pene. Me bajó el bañador lo suficiente para que mi pene quedara libre. Sentí como su mano lo agarró y su cara puso expresión de sorpresa.

 

-¡Eduardo, es tan grande como estoy imaginando!

 

No podía verla bajo el agua, pero en su mano la sentía muy grande. Yo nunca había tenido sexo con nadie y la verdad es que no preocupé en compararla con ninguna otra. Sentí su mano acariciándola en toda su longitud y me masturbaba a la vez que la estaba admirando. El ver a mi tía prácticamente desnuda, sus tetas, haberla sobado como siempre soñé y sentir como ella disfrutaba acariciándome me hizo tener un orgasmo casi inmediato.

 

-¡Tita, me voy a correr! – Le dije y mi voz mostraba todo el placer que estaba sintiendo.

 

-¡Hazlo cariño, córrete con la paja de tu tía!

 

Intensificó sus caricias y al momento mi polla lanzaba chorros de leche que se mezclaban con el agua del mar y se perdían a un metro por debajo de la superficie. Ella sonreía y disfrutaba al ver mi cara de placer. Me apoyé en ella para aguantar las descargas que me producía la eyaculación y ella seguía masturbándome y disfrutando.

 

-¡Para Marta! – Le pedí y ella aflojó el ritmo. – Ahora te toca a ti, ¿quieres que acaricie?

 

-No cariño, guárdate para esta noche.

 

Y así lo hice. Cuando me repuse un poco salimos del agua y descansamos tomando el sol. Serían las nueve y media de la tarde cuando decidimos ir a la habitación a ducharnos para luego cenar. Primero me duché yo. Pensé en invitarla a ducharse conmigo, pero aún no me sentía del todo confiado y no sabía si ella aceptaría. Me contuve e imaginé que aquella noche tendría la oportunidad de tenerla por completo.

 

Terminé y me vestí en la habitación mientras ella se duchaba. Una hora después salimos de la habitación y nos dirigimos al restaurante para cenar. Serían las doce de la noche cuando acabamos y al salir del restaurante oímos música que provenía de una sala a modo de discoteca que allí había. Estuvimos como otra hora tomando unas copas y bailando. Cuando pusieron una pieza lenta nos agarramos y no dijimos nada. Nos acariciábamos levemente y mi boca en su cuello la mordisqueaba haciendo que se estremeciera de placer. Entonces su boca mordió mi oreja.

 

-¡Vamos a la habitación cariño! – Su insinuante voz me hipnotizó de forma que me convirtió en su esclavo.

 

Entramos en el ascensor para subir a nuestra planta. Cuando se cerró la puerta nos abrazamos y comenzamos a besarnos apasionadamente. Yo acariciaba su culo a la vez que mi lengua jugaba con la suya. Sentimos que se paraba el ascensor y nos volvimos a separar.

 

Abrió la habitación y entró por delante de mí. Cerré la puerta y la agarré por la cintura para empezar a mordisquear su cuello. Ella frotaba su culo contra mí pidiendo que la poseyera allí mismo. Mis manos pasaron de su cintura a sus pechos, cada una en uno, amasando aquellos redondos contornos y haciendo que sus pezones se marcaran en su vestido.

 

Entre caricias y besos la llevé hasta el sofá. Hice que se sentara, me coloqué de rodillas, separé sus piernas y me coloqué en medio para seguir besándola y acariciándola. Nunca había tenido sexo con una mujer y mi tía me excitaba demasiado. Al no tener ninguna experiencia en esto, recurrí a lo que había visto en revistas y películas. Entonces se me ocurrió que teniéndola allí en el sofá en la postura que estaba, lo mejor sería levantarle la falda y devolverle el favor que me hizo en la playa con mi inexperta boca.

 

Así lo hice, dejé de besarla y le empecé a subir su falda. Ella me miraba mientras sus manos me ayudaban a apartar las blancas bragas de encaje que llevaba. Tenía la raja del coño de mi amada tía Marta delante de mí. No tenía ni un solo pelo, se lo depilaba completamente.

 

-¡Cariño, cómemelo!

 

Mientras una de sus manos apartaba las bragas, otra la puso sobre mi cabeza para llevarla hasta colocarla entre sus piernas. Con mis manos separé los labios de su coño como había visto hacer en muchas películas. Su interior era rosado y estaba muy mojado por los flujos que de él brotaban por la excitación que le provocaba tener sexo con su sobrino de dieciocho años.

 

-Eduardo, me gusta lo que me estas haciendo, - me dijo cuando mi lengua empezó a lamer su raja – pero recuerda que nunca le debes comentar nada de esto a nadie, ni a tu mejor amigo, será un secreto entre tu y yo y cada vez que me necesites estaré dispuesta a satisfacerte.

 

-No te preocupes Marta, este siempre ha sido mi sueño y no lo compartiré con nadie.

 

Acabé de hablar y hundí mi lengua en su raja para lamerla de arriba abajo. Nunca había probado antes un coño y el sabor de mi tía me estaba volviendo loco. Ella gemía y se retorcía empujando mi cabeza cada vez con más fuerza contra su coño. Estaba totalmente excitada y comenzó a usar un lenguaje propio de una mujer que deseaba locamente que le hicieran de todo aquella noche.

 

-¡Dios, cómo me comes el coño! – Decía soltando toda la lujuria que tenía - ¡Me estas volviendo loca Eduardo, méteme un dedo y mastúrbame!

 

Así lo hice, metí un dedo dentro de su vagina y lo movía sin saber bien que hacer. Agarré sus bragas y se las quité. Ahora estaba totalmente abierta de piernas en medio del sofá y me ofrecía su coño abriéndolo con sus manos, ofreciéndome su rosado interior y goteando mezcla de sus flujos con mi saliva. Ahora le metí dos dedos dentro y encontré su clítoris que lamí con mi lengua.

 

-¡Eso es, chúpame el clítoris! ¡Oh Dios que rico lo haces! ¡Chupa a tita Marta hasta que se corra!

 

Me afanaba en darle placer lamiendo y acariciando su coño, su raja, su clítoris. Ella gemía y se retorcía pidiéndome que la hiciera gozar de placer. No sabía que más hacerle para que se corriera, mis dedos acariciaban el interior de su vagina y mi lengua castigaba su clítoris.

 

-¡Sigue, sigue, no pares! ¡Me voy a correr! ¡No pares, más fuerte! ¡Ahí, sigue chupando ahí! ¡Ya está aquí! ¡Me corro! ¡Ah! ¡Ah! ¡No puedo más!

 

Sentí que mis dedos se mojaron aún más, ella se convulsionaba como poseída por un espíritu lujurioso y seguí lamiéndola hasta que me pidió que parase.

 

-¡Para, para! ¡No sigas chupándome! – Me decía con la respiración muy agitada por el placer.

 

Levanté la cabeza de su coño y seguí acariciándola suavemente con mis dedos. Los tenía empapados de los flujos que su vagina lanzaba para ser penetrada sin problemas. Los saqué y pude ver como los flujos resbalaban por su raja hacia abajo hasta caer en lo alto del sofá, estaba mojada y lista para se follada. Me puse de pie y me quité los pantalones y los calzoncillos para liberar mi pene.

 

-¡Dios que maravilla! – Sus ojos se abrieron de par en par al ver mi polla. – ¡Qué hermosa la tienes! ¡Qué grande! Esta noche voy a satisfacer dos fantasías de una vez, una tener sexo con mi sobrino, y la otra ser follada por una polla grande.

 

Yo estaba de pie delante de ella, se sentó en el filo del sofá con las piernas bien abiertas. Agarró mi polla con una mano y la miraba admirando su gran tamaño. Yo siempre vi que tenía un buen tamaño, pero nunca pensé que mi tía se volvería loca al verla en plena acción. Empezó a acariciarla con deleite y después echó el pellejo para atrás para liberal mi gran glande. Sacó su lengua y la pasó por él jugando con su contorno. Era la primera vez que una mujer me hacía eso y estaba disfrutando. Se quitó la ropa que llevaba por encima de su cintura y dejó sus hermosas tetas al aire.

 

-¡Ven cariño! – Me cogió de la mano y me llevó a la habitación. Quitó toda la ropa de la cama, se quitó la poca que le quedaba a ella y se tumbó en medio de la cama. - ¡Ven Eduardo, pon tu polla entre mis tetas!

 

Me quité lo que me quedaba de ropa y me subí en la cama. Allí estaba mi tía, como tantas veces la había soñado a la hora de hacerme una paja, desnuda, excitante, dispuesta para que yo disfrutara de su cuerpo y ella gozara a la vez de mi joven cuerpo. Abrí las piernas y coloqué cada una a un costado de ella para dejar mi erecta polla a la altura de sus tetas.

 

-Colócala aquí en medio.

 

Tenía agarrada cada teta con una mano y yo empujé mi polla hacia abajo para que ella la aprisionara en medio de las dos.

 

-Coge ese bote de aceite y echa un poco por tu polla. Muévete como si me follaras. – Comencé a moverme como ella me dijo.

 

Veía como mi polla brillaba por el aceite y mi glande salía de entre sus tetas y casi le llegaba a la boca. Ella dobló el cuello y cuando mi glande estaba cerca, lanzaba la lengua para darle una lamida que me producía mucho placer. A veces le dejaba el glande cerca para que le diera unas cuantas chupadas. Llevé una de mis manos atrás, sin dejar de moverme para follar sus tetas, y busqué su depilado coño. Ella me lo ofrecía con sus piernas bien abiertas. Metí un dedo en su húmedo y caliente coño.

 

-¿Te gusta lo que te hago en tu coño?

 

-¡Me gusta todo! ¡Date la vuelta y hagamos un sesenta y nueve que no olvide en mi vida!

 

Me levanté y me giré para ponerme encima de ella. Nos acomodamos hasta que mi boca estuvo a la altura de la raja de su coño y la suya tenía mi polla delante. Sentí como mi glande era engullido por la boca de mi caliente tía. Metí mi cabeza entre las piernas de ella y comencé a lamer aquella caliente raja que me volvía loco. Sentí las manos de ella que agarraban mi culo para hacerme bajar más para que mi polla le entrara más en su boca. Me sentía en la gloria y dejé de lamerla.

 

-¡Cómetela toda puta mía! – Al hablarle de esta manera parecía que se excitaba más y aumentaba las mamadas que me daba. - ¡Sigue que después te voy a follar como a una perra en celo! – Sentí que soltaba mi polla.

 

-¡Ya no puedo más! ¡Háblame así pero fóllame a la vez! ¡Folla a la puta de tu tía! ¡Me siento de vedad como una perra en celo!

 

Me apartó de ella y se colocó a cuatro patas en medio de la cama con su hermoso y redondo culo en pompa. Con su mano se tocaba su raja y se separaba los labios para ofrecerme su entrada de par en par. Podía ver como sus flujos goteaban de su raja. Estaba lista para que la follara. Me acerqué a su culo y torpemente busqué su entrada. Sentí como su mano agarraba mi polla y la dirigía a su caliente vagina.

 

-¡Clávale a tu tía esa enorme polla en el coño! ¡Vamos, empuja! – La agarré por la cintura con mis manos y a la vez que yo tiraba de ella mi polla la fue penetrando. - ¡Ah, siento como me llenas con tu polla! ¡Qué rico sentirte dentro de mí! – Sentíamos como mi glande separaba las paredes de su vagina mientras la iba penetrando.

 

Poco a poco iba acelerando las penetraciones y ella gemía y se retorcía de placer. Yo disfrutaba de la visión de su hermoso y redondo culo y como mi polla se perdía en medio para hundirse en su vagina para darle todo el placer posible.

 

-¡Ah, ah, ah, no pares! ¡Qué buena polla! ¡Dámela toda! ¡Más adentro! ¡Lléname entera con tu polla!

 

Yo no decía nada, simplemente me dedicaba a follarla y darle todo el placer que podía. Por momentos sentía que tenía que correrme. El calor del interior de su coño y el roce de mi polla me daban mucho placer. Entonces ella me paró y me hizo sacarla.

 

-¡Cariño, túmbate que te voy a montar como a un potro salvaje!

 

Me colocó en medio de la cama con mi polla apuntando al techo. Abrió sus piernas y se colocó la polla en la entrada de su coño. De golpe se sentó y se la clavó hasta el fondo, intentando que la penetrara lo máximo posible. Puse mis manos en sus caderas. Empezó a moverse, primero arriba y abajo para que la polla entrara y saliera de su vagina. Desde abajo veía su cara de placer. Estaba disfrutando como la mujer lujuriosa que se sentía esa noche. Sus tetas botaban al ritmo de su cabalgada.

 

Agarré una de sus tetas con una mano y sentí su pezón erecto. Ella se inclino hacia mí, cambió el movimiento de su cuerpo para que la chupara mientras mi polla la seguía penetrando.

 

-¡Chupa a la caliente de tu tía! ¡Eduardo, mámame hijito mío!

 

Metí su pezón en mi boca y lo rodeé con mis labios. Mamé con todas mis fuerzas y ella gritaba de placer.

 

-¡Oh, Oh, me voy a correr cariño! ¡Sigue, no te pares ahora! ¡Más fuerte! ¡Ah, Oh! ¡Ya me voy!

 

Cerró sus ojos y entre gritos y gemidos se corrió como lo hacían las putas que había visto tantas veces en las películas pornográficas. Ella ya había tenido su orgasmo. Agarré sus caderas y me movía buscando tener yo el mío.

 

-¡Para cariño! – Me dijo ella. – Para que disfrute más quiero que te corras dentro de mí, pero no puedes hacerlo en mi coño. Te ofrezco mi culo. Nunca nadie me ha follado mi culo, serás el primero y me "desvirgaras" por ahí. ¿Quieres?

 

-Te haré todo lo que tú quieras y te dé placer… - le dije.

 

Se sacó mi polla y se puso de rodillas en la cama, esperó que me levantara para dejarle el sitio a ella. Se colocó boca abajo en la cama. La podía ver desnuda en la cama con su culo redondo esperando que lo desvirgara con mi gran polla que ella amaba tanto.

 

-Úntame un poco de aceite en el esfínter para que me duela menos.

 

Así lo hice, tome un poco y lo unté por su ano, jugando con mi dedo y penetrándola un poco para que su ano se dilatara. Le había metido un dedo por completo después de un rato y parecía que le gustaba.

 

-¡Así cariño! ¡Me está gustando! – Entonces empecé a meter dos dedos. - ¡Ah, eso duele un poco!

 

Poco a poco fui dilatando su ano como ella me había explicado hasta que ella parecía que empezaba a gimotear de placer. "Súbete" me ordenó. Me coloqué sobre ella y puse mi polla en su culo. Empujé y con lo mojado que estaba por su coño y su culo, mi polla se deslizó hasta penetrar de nuevo su coño.

 

-¡Eso es mi coño! ¡Ahí no te corras! – La penetré unas cuantas veces y después la saqué para buscar su ano.

 

La agarré con la mano y la dirigí hacia donde supuse que estaba su ano. La apoyé y dejé caer el peso de mi cuerpo sobre ella.

 

-¡Aaaaaah, despacio! – Ahora si follaba su culo. - ¡Parece como si me partieras en dos! ¡Me quema el culo!

 

-Si no te gusta paro Marta.

 

-¡Si te paras ahora te mato! Duele pero me gusta.

 

Empujé un poco más y mi glande entró por completo en su ano dilatando su ano hasta donde nunca había estado. Esperé a que su esfínter se acostumbrara al grosor de mi polla, como ella me había pedido y mientras mordisqueaba su cuello y nuca para estimularla.

 

-¡Qué dolor más bueno! ¡Creo que desde ahora siempre follaré con el culo! ¡Méteme más macho mío!

 

-¡Te la voy a clavar entera en este culo tan bueno!

 

Empecé de nuevo las penetraciones y en cada movimiento le metía un poco más mi polla. Ella gemía y se retorcía sintiendo como le mordisqueaba por el cuello y la nuca, mientras mi polla entraba en sus entrañas partiéndole su ano, dilatándoselo, dándole dolor y placer en una mezcla que la volvía loca. Puso su culo un poco en pompa y mi polla entró por completo dentro de ella. Ahora empecé a penetrarla como loco, buscando mi placer para tener mi orgasmo y descargar mi semen en su interior.

 

-¡Qué maravilla! ¡Nunca había sentido esto antes!

 

Mientras ella me jaleaba y animaba a que la follara, yo solamente me limitaba a jadear por el esfuerzo de follar a esa hembra de gran culo. Abrí mis piernas y las puse a cada lado de ella. Me coloqué de rodillas y podía ver como mi polla se perdía dentro del agujero de su culo, de donde salía un poco de sangre provocado por la dilatación excesiva de su esfínter. Agarré sus caderas con las manos y tiré de ella para indicarle que se pusiera a cuatro patas sin que se saliera mi polla.

 

Con un poco de esfuerzo conseguimos colocarnos de forma que ella tenía su pecho pegado a la cama y sus piernas levantaban su culo en pompa hasta la altura adecuada para que mi polla siguiera taladrando su hermoso agujero. Agarré con fuerza sus caderas y la penetré todo lo rápido que mis fuerzas me permitían. Mientras mi polla entraba y salía de su culo, una de sus manos acariciaba su coño y de vez en cuando me tocaba los huevos. Sus gemidos y chillidos eran tremendos, yo simplemente me concentraba en penetrarla hasta que sentí que mi polla iba descargar.

 

-¡Me corro, me corro! – Le dije hundiendo mi polla todo lo posible en su ano para liberal mi semen en su interior.

 

-¡Lléname por dentro! ¡Qué bien se siente el calor de tu leche en mi interior! – Me dijo cuando empecé a lanzar chorros de semen. - ¡Dámelo todo! ¡Quiero toda tu leche!

 

Agarrado a sus caderas, caí a un lado de la cama, arrastrándola y haciendo que se quedara recostada a mi lado con mi polla aún dentro de ella. Yo apenas tenía respiración por el esfuerzo de follarla y correrme. Ella me acariciaba. Se movió y sacó mi polla, aún un poco dura, de su culo. Se volvió y me abrazó.

 

-¡Te quiero Eduardo! – Me dijo mientras me besaba en la boca. - ¡Nunca me habían dado tanto placer!

 

-¡Yo también te quiero Marta! ¡Cada vez que me necesites te amaré!

 

Después de un rato quedamos dormidos. Esa fue la primera vez que me follé a mi tía Marta, pero no la última. Durante el mes que estuvimos de vacaciones lo hicimos todos los días, y a veces, debido a mi calentura juvenil, hasta dos o tres veces. Ya de vuelta del viaje, había pasado más de un mes, en una reunión familiar, me comentó que aún tenía el chocho escocido de follar tanto (era una broma claro) y en cuanto pudimos nos perdimos para hacerlo, que después de un mes estaba loco por volver a tener su maduro, experimentado y caliente coño, y como no correrme dentro de su redondo culo.

Los Ricos Culos de Primito y Primita (Parte III). Final.

drsexoparanenitas @ 17:22

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La boda de mi prima transcurrió de forma bastante normal, me senté junto a mis padres y mis tíos en la Iglesia, y no pude disimular las miradas de odio que le lanzaba al hijo de puta que se casaba con mi prima, y las miradas de ternura que le lanzaba a ella. Mi primo Daniel me lo hizo notar en un par de ocasiones, tratando de que todo aquello no fuese tan evidente… De allí pasamos a la fiesta de gala, en donde habría unos cien invitados mas o menos. Evite acercarme a mi prima María toda la noche, en parte para no causarle problemas y en parte, sencillamente, por lo cabreado que estaba. Me la pase mas que todo en el bar y junto a la mesa de la comida, tratando de pasar todo aquello. Eso fue hasta el momento de las "fotos". No tuve mas remedio que posar junto a ella y los demás para las fotos familiares. El consumo de alcohol había roto mis inhibiciones y no pude evitar contemplarla. Que linda estaba! Sus bellos ojos azules, sus tetotas apretadas por el traje de novia y parcialmente cubiertas por su cabellera rubia. La mirada de pronto de me perdió dentro de su escote y no fue sino hasta que mi tía me recordó con una imprecación que el fotógrafo esperaba que me compuse para la cámara. Debí haber salido en esa foto con la mayor cara de idiota que se pueda imaginar….

 

Al rato, conversando con mi primo de temas banales, este me dirigió a una pequeña habitación de servicio en la cocina del salón de fiestas, y antes que me diera cuenta, cerro la puerta con llave. El mareo que cargaba encima me impidió notar la forma en que me empujo contra la pared, se arrodillo frente a mi y empezó a bajarme el cierre del pantalón.

 

Eh Daniel, para, que no estoy para esto hoy!

No jodas, con la cara que tienes todo el mundo se ha dado cuenta de que te derrites por mi hermana…esto lo hago para evitarte un problema con el marido y con tus padres…para que pienses en otra cosa…

Coño, que no! Deja, te aseguro que no….que ni vas a lograr que se me levante…

 

En realidad no tenia fuerzas ni animo para luchar, así que decidí dejarlo hasta que se cansara; pero, aparentemente, mi pinga tenia sus propios planes y en el momento en que Daniel me bajaba los calzoncillos se comenzó a poner gorda. Ya no hubo mas palabras….comenzó a besar la cabecita y a chupar como una Diosa, la lengua recorría el tronco de mi pene mientras su cabeza subía y bajaba con un ritmo perfecto, una y otra vez. En un momento se la trago entera y procedió con sus dos manos a capturar mis pelotas y empezar a sobarlas al mismo tiempo que la cabeza de mi pene llegaba a su garganta. Contra todo pronostico, le escupí una descarga bastante grande en el fondo de su boca….yo estaba como en otro mundo, y ni cuenta me di cuando el mismo me la guardo en el calzoncillo y me subió el cierre de nuevo.

 

Bueno, de nada eh? Ahora compórtate, que si e arma una escena nos jodemos todos…

Vale…regresemos.

 

Ya en la fiesta, y un poco mas calmado gracias a la mamada, trate de distraerme con la música y con los otros invitados, conversaba con mi padre de temas triviales cuando se acerco mi prima Maria por detrás y me tomo del brazo y dijo:

 

Tío, me lo llevo un momento que todavía no he bailado con mi primo favorito…

 

No mediamos palabras, yo estaba agotado, ebrio, y acababa de recibir una mamada bestial. En la pista de baile ella me manejo a su antojo. Sentía su cuerpo pegado al mío a través de su traje de novia y su perfume me embriagaba. Sin darme cuenta, entre la multitud, terminamos cerca del mismo cuarto de servicio en la cocina donde nos esperaba Daniel vigilando la puerta. Dijo algo así como:

Maricón, me debes un favor…pero apúrense que la gente se va a dar cuenta que faltas, Maria.

Vale, vigila la puerta….

 

Una vez adentro nos besamos con pasión, se coloco de espaldas a mi con los codos sobre la mesa como ofreciéndome su culito…

 

Tómalo, es mi regalo de despedida…pero hazlo rápido!

 

Le subí el vestido y me baje un poco los pantalones. Basto que empezara a sobarle las tetotas para que mi pene se pusiera a mil otra vez (es que mi prima esta muuuy buena, y verla en su vestido de novia tan sexy era capaz de levantar a un muerto). Me paso un poco de lubricante que luego supe que una de sus amigas (la madrina de la boda) se lo había dado. Comenzó la penetración; no dejaba de decirle cosas dulces al oído y de amasarle los pechos mientras la penetraba por el culo. El único movimiento que hizo fue el de tomar mi verga y meterla de nuevo en su ano una vez que por descuido me acerque demasiado a su coño. Maria gozaba también y apretaba su culito rugoso y caliente mientras me decía lo rico que se sentía y lo que gozaría dándome a estrenar su coño pero que no se podía, que éramos primos, que estaba casada, etc… Trate de sacarle las tetas del vestido pero no me dejo por lo de las prisas. Continué bombeándola hasta que sentí que no pude mas. La sensación de mi verga profundamente en su culo y mis bolas golpeando rítmicamente su concha a través de sus pantaletas fue demasiado. Lance un chorro en sus entrañas que dejo mis bolas definitivamente vacías. Se arreglo y salio de forma apresurada. Me disponía a salir pero Daniel, siempre pensando en todo, sugirió esperar para disimular.

Una vez de regreso en la fiesta, ya casi a punto de irnos (quedarían unas diez o quince personas mas o menos; mi prima y el maricón de su esposo ya se habían marchado) sentí que alguien me halaba por el brazo…era teresa, mi tía, con cara de pocos amigos que me llevo a una habitación en la parte superior…esperaba lo peor. Al menos una bronca de espanto. En ese momento solo rezaba para que no se enteraran mis padres.

Pedro, no creas que no me he dado cuenta, la forma como mirabas a mi hija…

Tía, perdóname, yo…

No te preocupes. No hay nada de que avergonzarse, Maria es muy atractiva y se que la quieres mucho; solo que no tienes que ser tan evidente…entiendes?

Si tía, gracias tía (que alivio!, no supo nada!)

Bueno, lo que necesitas ahora es buscarte una novia, que ya tienes edad. Tienes novia?

No..todavía no…

También me he dado cuenta la forma en que me miras las tetas…

Tía, yo no…..jamás…

Vamos, lo haces desde que eras un niño y eso me halaga mucho! Todavía te gustan??? (diciendo esto tomo mi mano y la puso en su pecho izquierdo) Pedro, eres virgen todavía?

Bueno, si….(técnicamente era verdad!)

Deja, voy a aliviarte, pero júrame que ni una palabra a nadie, mucho menos a mi marido!

Te lo juro tia!

 

Se bajo la parte superior del vestido y se quito los sostenes. Unas tetas blancas, redondas, muy parecidas pero mas grandes aun que las de mi prima. Cayeron como globos….eran enormes, con sus pezones y areolas muy oscuros contrastando con su piel….no podía con ellas, tocaba, chupaba, apretaba, mamaba…metía mi cara entre ellas…era demasiado.

Me tocó el paquete, lo sobaba y me bajo el cierre. Hizo una especie de intento de mamármela pero no lo permití…(esa noche la había sacado del culo de Maria y además untado lubricante, se hubiese dado cuenta…).

Se acostó sobre la cama y se levanto la parte de abajo del vestido. Apenas apartó un poco sus pantaletas y comencé a chuparle la concha, estaba divina, afeitada y jugosa. Luego la comencé a coger, era el primer coño de mi vida! Que rica estaba! Luego me monto y no deje de amasarle y comerle las tetas mientras la jodía, se movía como una yegua…sentía que me venia mientras me aplastaba sus ubres en mi cara….me corrí y le deje las dos o tres gotas de semen que aun había en mis pelotas…

Rápidamente nos arreglamos y antes de salir me dio un beso muy rico y me recordó:

Ni una palabra de esto a mi marido. (faltaría mas…)

Así termino la fiesta. Regrese a casa con mis padres, con el corazón roto en mil pedazos por mi prima, y las bolas completamente secas.

 

Epilogo.

 

Año y medio mas tarde mi prima se divorció del imbecil, algo que todo el mundo predijo debido a lo mal que se llevaban. Un día vino a buscarme y todo comenzó de nuevo. Me entrego su rica concha, aunque ya no era para que la estrenara, pero finalmente fue mía. Ahora somos pareja, el uno para el otro, solamente Daniel me pidió un día que le echara un último polvo de despedida, a lo que Maria accedió en vista de que gracias a el pudimos unir nuestras vidas, ya que pensamos eventualmente comunicarlo a nuestros padres y formalizar nuestra unión

Taboo

drsexoparanenitas @ 17:20

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Mi nombre es Dulce y entre mi hermano Rodrigo y yo les contaremos como es que comenzamos una relación que no tiene límites.

Esta es la primera parte y seré yo quien la relate:

Todo comenzó cuando mi amiga Julieta y yo nos habíamos reunido para platicar un rato como solíamos hacerlo de vez en cuando en la piscina de mi casa. Aquél día hacía muchísimo calor, después de nadar un rato nos sentamos en la orilla de la piscina a platicar un rato.

Hacía poco nos habían corrido a las dos del colegio por estar follando con unos chicos en los baños por lo que al no tener nada que hacer, nos reunirnos en las tardes en mi casa para nadar un rato y después platicar de cualquier cosa. Estábamos en eso cuando volteando a mi casa sin querer me di cuenta que las cortinas de la habitación de mi hermano (la cual desde la planta alta de la casa tenía vista al patio donde esta la piscina), estaban recorridas y mi hermano estaba parando mirándonos.

No me vas a creer Julieta pero creo que le gustaste a mi hermano.

Porque lo dices?- Me pregunto mi amiga sonriente y tratando de buscarlo por todas partes la presencia de mi hermano.

No seas tan descarada. Voltea como si nada, esta haya arriba en su cuarto mirándote.

Levantó su ceja incrédula y miro disimuladamente a la ventana.

Tienes razón! Que le pasa? Es que acaso no solo es raro si no que también es un pervertido?

Oye no le digas así; es mi hermano.

Vamos Dulce admítelo tu hermano es raro. Creo que nunca lo he escuchado hablar, si acaso un par de palabras y eso es todo. Solo dios sabe que hace ahí dentro de su cuarto todo el tiempo.

Es tímido. Y el hecho de que te este mirando desde su ventana no lo hace un pervertido. Digo, tienes las tetas casi de fuera! Mírate! No esta haciendo nada que ningún otro chavo de su edad no hiciera si tuviera la oportunidad.

Eso es verdad. Digo, a que chico no le gustaría ver esto...- me dijo mi amiga sintiéndose orgullosa de sus senos y ambas comenzamos a reír.- Bueno si tu hermanito quiere espiar, no veo porque no le hagamos el favor.

Julieta lentamente se removió su top del bikini, lo lanzó al suelo y sus tetas quedaron desnudas! Aunque soy mujer debo admitir que mi amiga tiene un muy buen par de senos. (Ella y yo somos copa C y no tienen idea de cuantas miradas atraemos cuando andamos por la calle)

Por dios Julieta! Tápate por favor! –le dije apenas creyendo el atrevimiento que había tenido mi amiga al quedarse en completamente desnuda de arriba. Vaya que mi amiga era toda una fichita. Bueno por algo nos habían corrido del colegio no?

Vamos Dulce no seas tan amargada. Que hay de malo? Si tu hermano se va poner a masturbarse en la ventana de su cuarto viéndonos, al menos ayudémosle a que se venga un poco más rápido. Creo que tu deberías hacer lo mismo no crees?

Que cosas dices! Es mi hermano!

Bueno si pero como tu dijiste es un chico que no desaprovecha oportunidades, así como los otros.

Mi amiga Julieta se pasó los siguientes minutos posicionándose en todas formas posibles tratando de excitar más a mi hermano. Probablemente no lo admitió pero estoy segura que disfrutaba el hecho de tener a mi hermano mirándola sin parpadear desde su ventana; no importaba que tan raro fuera mi hermano ella sabía perfectamente que a fin de cuentas era un chico. Mi amiga Julieta siempre fue la clase de chicas necesitadas de atención y siempre se aseguraba de tenerla sin importar como la obtuviera.

Que hay con tu hermano?

A que te refieres?

Te soy sincera? La primera vez pensé que era gay.- Volvió a mirar a la ventana y me dijo- Supongo que no lo es.

Que te pasa? Porque pensaste que mi hermano era gay?

Piénsalo yo nunca le he visto hablando con chicas. De hecho parecía no mostrar interés alguno por ellas.

Y eso lo hace gay? Ni si quiera habla con los chicos tampoco. Y en caso de que no lo hayas notado, al parecer esta mostrando mucho interés en las chicas justo ahora.

Bueno no lo se. Hasta ahora creía que el no sabía que las mujeres existíamos. Algunas vez habrá tenido sexo?

Porque me lo preguntas? Como demonios lo voy a saber.

Bueno, él es tu hermano. Pensé que sabrías.

Bueno pues no lo se. Nunca hablamos de eso. Probablemente siga siendo virgen yo que sé.

En serio? Que lastima. Pero entonces de que hablan?

La verdad casi no hablamos.

Pues eres su hermana mayor. Creo que deberías preguntarle.

No le voy a preguntar a mi hermano si aún es virgen imagínate como sería eso. Además no me interesa. Si te interesa tanto a ti ve y pregúntale.

Creo que lo haré.

Para mi sorpresa Julieta se puso de pie y se dirigió a la casa.

Espera Julieta! No lo hagas!

Me ignoro por completo y siguió su camino a la casa.

Era verdad en parte lo que mi amiga decía. Para ese entonces no solo a mí me habían corrido del colegio si no que a mi hermano también acababan de correrlo (a mi por la situación que les comente previamente y a mi hermano por sus malas calificaciones) y desde ese entonces siempre estábamos solos en casa. Aún así yo no era muy cercana a mi hermano. Supongo que era probablemente porque el no se prestaba. Además, mi papá era siempre muy estricto; tal vez eso influía a que mi hermano se comportara de esa manera.

Aún cuando no somos muy cercanos, el era mi hermano y la última cosa que yo hubiera querido era que mi amiga Julieta lo humillara o lo avergonzara de alguna manera. Quería ponerme de pie y seguir a Julieta pero pensé que eso solo haría la escena más escandalosa y no quería que Rodrigo, mi hermano, pensara que yo tenía algo que ver con los planes de Julieta de invadir su privacidad.

Tras pasar un tiempo desde que Julieta se había ido, comencé a preguntarme que había sucedido allá adentro. Tiempo después no pude más y decidí ir a checar, todo lo que podía imaginarme era a Julieta molestando a mi hermano parada afuera de la habitación que seguramente tendría la puerta con llave.

Me apure a entrar y subir las escaleras. Podía oír claramente a Julieta hablando y justo cuando camine por el pasillo que me dirigía a su habitación no pude creer lo que vi.

Julieta tenía a mi hermano contra la pared. Una mano suya lo tenía sujeto de la parte de atrás de su cabeza. Ella estaba encimada a él, de hecho podría decirse que le estaba embarrando todas las tetas. Los pantalones de Rodrigo estaban bajados hasta sus tobillos y Julieta con la otra mano le sujetaba el pene. Julieta hablaba muy quedito mientras con su mano movía el pene de Rodrigo de arriba abajo. El pene de mi hermano debía medir como 15 cm’s aproximadamente. Recuerdo haberme quedado sin habla por varios segundos mientras ellos ni si quiera se daban cuenta de mi presencia.

Vamos...- le decía Julieta mientras con una mano lo masturbaba- Yo se que quieres venirte... déjame ver lo que puede hacer esta cosita tuya.

Mi hermano cerró sus ojos fuertemente y lanzó su cabeza hacia atrás.

Eso es... vente chiquito imagíname como lo estabas haciendo desde tu ventana.

De pronto mi hermano gimió con fuerza y su pene explotó. Nunca antes había visto tanto semen en mi vida! Julieta tuvo que dar un paso hacia atrás mientras chorros y chorros de semen caían sobre sus piernas y parte de su estómago. Por un momento pensé que mi hermano nunca pararía de echar semen.

Rodrigo respiraba agitadamente mientras Julieta jalaba la cabeza de mi hermano hasta su hombro haciendo que se pegara más a ella.

Dios! Nunca creí que tu pene lanzara tanta leche! Eres un fenómeno.

Me enfade mucho luego de oír como Julieta le decía fenómeno a mi hermano después de casi estar abusando de él sexualmente.

Que demonios estas haciendo?

Julieta me miro sorprendida.

Dulce!

Mi hermano me miro avergonzado, rápidamente empujó a Julieta y corrió a su cuarto encerrándose.

Que demonios estas haciendo Julieta?

Nada...

Que demonios quieres decir con nada! Vi todo lo que hiciste!

Entonces que preguntas?

Porque hiciste eso?

Que hay de malo?

Es mi hermano!

Y que, ya esta grandecito. Nadie lo forzó... aparte de todo tiene un pene lindo.

Que demonios intentas probar?

No estaba intentando probar nada.

Mira Julieta más te vale que no digas ninguna palabra de esto a nadie me oíste?!

Si Dulce te juro que no diré nada a nadie cálmate. Como si me gustara andar por ahí divulgando el hecho de que masturbe a un fenómeno.

Vete al infierno Julieta. Lárgate de aquí.

Esta bien pero no veo porque te enojas tanto. De hecho creo que le hice un gran favor al pobre chico.

Seguramente le habrá gustado mucho que le digas fenómeno también. Vete Julieta por favor.

Julieta no me dijo nada. Camino lentamente y se fue.

Me senté en silencio durante unos minutos mientras repasaba en mi mente lo ocurrido. Me sentí un poco mal de haber echado de esa manera a mi amiga. Después de todo no había hecho algo tan malo pero pensé que por el momento lo mejor sería platicar con mi hermano. Lamé a su puerta pero no contestó. Finalmente me permití entrar pues la puerta estaba sin cerrojo.

Oye!- me grito en seguida que me vio entrar.

Hola... siento mucho lo que sucedió con mi amiga. Es solo que Quieta es... bueno Julieta es muy...

Esta bien, no tienes porque preocuparte- me dijo.

Bueno lo que pasa es que me siento muy mal Rodrigo...

Mira, solo olvídalo quieres? Tu no has hecho nada malo. Además porque te importa tanto?

A que te refieres con eso Rodrigo?

Lo que quiero decir es porque te importo tanto de repente? Ni si quiera me has hablado por semanas y ahora quieres venir y darme un sermón como si fueras mi madre. No tengo nada en tu contra solo vete por favor Dulce.

No se como te atreves a decirme eso. Sabes que? Tú ni siquiera me has hablado en muchos años y no te lo ando echando en cara.

Y porque habría de hacerlo? Te importa un carajo lo que y haga o deje de hacer.

Eso no es verdad. Como es que con mamá y papá siempre sueles platicar pero conmigo no? Hasta mi amiga Julieta ahora sabe más de ti que yo...

Como sea Dulce... si tuvieras interés en alguien más que no seas tú tal vez sabrías la respuesta a tu pregunta. Pero eres tan egoísta que no si quiera abres los ojos para mirar lo que ocurre a tu alrededor.

No supe que decir. Jamás hubiera pensado que mi hermano me veía de esa manera. Ahora me culpaba del porque de su actitud. Sentí ganas de llorar, todo lo que quería era largarme de su cuarto en ese mismo momento.

Esta bien, al parecer es mi culpa. Soy una desconsiderada a la que no le importa nadie más que yo. Seguramente es por eso que vine a hablar contigo. No puedo creerlo. Quédate con tus ideas tontas, yo me voy.

Me di la vuelta dispuesta a irme y en eso sentí la mano de mi hermano en mi hombro. Me dio la vuelta y me lanzó encima de su cama. Me miro tímidamente y se sentó a un lado de mí. Puso su brazo alrededor de mi hombro y me jaló hacia él.

Lo siento. Creo que tienes razón- me dijo- hay algo de lo que he querido hablar contigo pero nunca lo he hecho porque me da miedo que me odies. Pero ahora que veo que me odias tanto supongo debes saberlo.

De que estas hablando? Yo no te odio...

Me alegra escucharte decir eso.

Hizo pausa un minuto mientras miraba al suelo.

Que es lo que quieres decirme Rodrigo?

Te amo Dulce...

Yo también te amo mucho Rodrigo...

No, me refiero a que yo en verdad te amo...

Lo se pero es así como deben ser las cosas no?- Sonreí nerviosa.

Creo que no me entiendes.

Se puso de pie y comenzó a caminar por la habitación.

Dulce yo te amo. No como a una hermana. Bueno sí como una hermana pero más que eso. Pienso en ti y en mí todo el tiempo y siempre deseo estar contigo no sabes cuanto.

No tenía idea de que decirle. Es más, ni siquiera podía creer lo que estaba diciéndome.

De que estas hablando Rodrigo?

Hace un rato no era a Julieta a la que estaba mirando. Era a ti. Pienso en ti todo el tiempo.

Caminó hacia su closet y sacó un montón de prendas interiores. Todas eran mías! Brassier, tanga, incluso blusas y las lanzó enfrente de mí.

De donde las sacaste? Tenía años buscando esta ropa...

Las tome de tu cuarto... lo siento.

Porque? Que has estado haciendo con mi ropa?

Ahí fue cuando me di cuenta de lo que sentía en realidad por mí. Mi propio hermano se excitaba conmigo! Me sentí rara, me di cuenta que lo único que estaba usando era un bikini diminuto. Crucé mis brazos y me apreté fuerte como intentando despertar de un terrible sueño.

Cuanto tiempo has estado tú...

Por más de 3 años…

No sabía que hacer. Sentí horrible, me puse de pie y salí huyendo hacia mi cuarto. Entre y en seguida me encerré con llave.

Mi cabeza daba vueltas y sentí ganas de vomitar. Mi propio hermano! Como podía haber pasado? Mi hermano estaba tan obsesionado conmigo a tal grado que había sido capaz de robar mi ropa! Que más habría hecho? Era a mí a la que había estado espiando en la piscina no a mi amiga Julieta como yo creía. Me preguntaba cuantas veces me habría espiado sin yo darme cuenta. Mi amiga tenía razón mi hermano era un pervertido.

Me acosté en mi cama por horas con los pensamientos de mi hermano corriendo por mi cabeza. Podía escucharlo moverse por la casa y eso me hacía sentir miedo y horror. Sabía que no podría estar cerca de él nunca jamás. Que dirían mis padres si se enteraran de esto?

Comencé a sentirme cansada. Cerré mis ojos y trate de olvidarme de todo. Deseaba regresar el tiempo para no tener que lidiar con esta terrible pesadilla. De pronto comencé a concentrarme en Julieta y mi hermano. Podía recordad la mano de mi amiga sobándole el pene mientras el se venía en grandes cantidades de semen. Me preguntaba si para ese entonces el habría estado pensando en mí. Tiempo después me di cuenta de que a pesar de todo era mi hermano y yo no podía disgustarme con él. Decidí salir e ir a hablar con él una vez más.

Salí de mi cama y fui a su cuarto. No podía escuchar nada adentro así que abrí la puerta sin llamar antes. El cuarto estaba oscuro, ya eran casi las 8 de la noche y la luz estaba apagada. Podía verlo dormir en su cama. Camina hacia él y me senté al filo de la cama. Lo observe dormir. Se veía inocente. Acaricie su pelo, en ese momento sentí ganas de llorar, pensaba en lo difícil que sería para él estar enamorado de su hermana mayor. Estoy segura de que el no lo hizo de aldrede. Nadie escoge de quien se quiere enamorar. No es como si el se hubiera levantado una mañana y decidió enamorarse de mí. No puedo imaginarme estar enamorada de alguien por tanto tiempo y no poder decirle a nadie. Como habrá pasado? Quería despertarlo y decirle que todo estaba bie