cruel noche de bodas
Antes de retirarme definitivamente, deprede en un barrio muy suburbano donde llegue a ser conocido como el satiro de los parques. Habia muchos en la zona, y siempre llevaba alli a las chicas que asaltaba, aunque tambien a las maduras y a las de cualquier edad excepto muy alta: calculo que habre violado a unas 70 mujeres en un año. Casi no hubo denuncias, porque la forma exhaustiva en que las penetraba por todos los orificios toda la noche, el tamaño de mi verga que las sumia en agotamiento a la vez que les provocaba una sucesion de orgasmos, y la ternura que demostraba con ellas despues del principio violento, las hacia caer en una suerte de complicidad conmigo, como si fuese un amante no oficial. Al amanecer las acompañaba hasta las cercanias de sus casas, con las ropas revueltas, la mirada baja, cierto rubor y sus cuerpos apoyados contra el mio mientras les daba los ultimos besos. Casi ninguna me denuncio, decia, y a las que lo hicieron las volvi a visitar en sus casas y las cogi de tal manera que no volvieron a abrir las bocas: no les habia dado lo suficiente. Estaba a punto de irme del barrio, cuando Ramon quedo en deuda conmigo y no me pago. Ramon era un tipo insignificante y pobrisimo, de aspecto debil, a quien unos muchachos habian violado en un baldio cuando era adolescente. Luego crecio y consiguio un trabajo en la banda de Salvatore, y estaba a punto de casarse con una morochita linda del barrio llamada Vanessa. Pero me quedo debiendo y no me pago, y luego lo echaron de la banda, pese a lo cual se caso. Fueron a pasar la noche de bodas en casa de el, por temor, pero yo ya estaba en el patio interno esperandolos. El llego con su traje alquilado, y le di un cachiporrazo en la nuca. Cuando desperto, estaba atado a un arbol del patio, enfrentando a la puerta abierta del dormitorio donde yo abrazaba a su mujercita, que aun llevaba el vestido blanco puesto. "Ramon, a las deudas hay que pagarlas" le dije. El respondio algo, pero tenia una cinta sobre la boca. Vanessa parecia muy asustada, pero la tranquilice abrazandola con fuerza y besandola en los labios y toda la cara, algo que siempre provoca la aquiescencia de mis victimas. Era bajita pero muy bien formada, con unas cosas en el pecho que se levantaban a su pesar contra el mio, y yo levante lentamente el blanco para ver sus piernas, sus bragas, su ombligo, y finalmente sus tetas que tuve entre las manos mientras le sacaba el vestido por sobre la cabeza o lo desgarraba. Ramon bramaba al ver a su mujer desnuda en mis brazos, pero yo la mantuve abrazada y acariciandole el trasero en la puerta, a la luz de la luna, para que pudiese vernos bien. Luego saque al aire de la noche mi enorme aparato, ya completamente erecto hasta el punto de dolerme, y camine hacia Ramon. Quitandole la mordaza, le abri delicadamente la boca con mis manos fuertes y le hice ir tragando con lentitud mi verga, primero el cabezon del glande que se froto contra sus labios y luego todo el talle hasta la raiz, hasta que mi vello pelvico se aplasto contra su cara. Permanecimos un largo y silencioso rato asi, el oliendo y saboreando la entera dimension de mi sexo, sin poder morder, porque le mantenia las mandibulas abiertas, mientras Vanessa nos miraba desde el dormitorio. Por fin mi leche estallo en su garganta, y Ramon se vio obligado a tragarla hasta la ultima gota. Se la saque con lentitud, se la frote aun erecta por toda la cara y le puse de nuevo la venda despues de darle un beso cariñoso. Volvi al dormitorio, desnudandome. Vanessa me esperaba quieta y silenciosa, sumisa. Le bese su carita de angel, acaricie sus cabellos oscuros y senti su cuerpo arquearse cuando comenzaba a penetrarla. Era virgen, y fue un placer inenarrable abrirla de a poco mientras Ramon lloraba, atado al arbol. Estuvimos como una hora cogiendo de pie, bien a la vista del marido, y acabe dentro de ella tres veces. Sin sacarla. Mi ereccion era algo brutal, se ponia cada vez mas apretada y sanguinea por la suavidad de la carne de Vanessa. Ramon podia ver nuestros vientres unidos, nuestros vellos convertidos en un solo matorral mientras nos frotabamos suavemente, mis manos aferrandola por las caderas. Comence a sentir un gran amor por esa mujer, como no lo habia sentido por todas las anteriores que violara, pese al goce de aquellos polvos salvajes. Cerca del alba la di vuelta y pense hacerle otra gran abertura por el ano, pero para mi sorpresa ella ya estaba dilatadita y habia recibido visitantes previos por alli. Ya estabamos a esa altura en la cama, y Ramon podia ver nuestros culos empotrados el uno en el otro, subiendo y bajando, el mio grande y fuerte y el blanco, delicadito y bien formado de su mujer debajo. "Ah, picarona" le susurre al oido. "Te gustaba por aqui, ¿eh?". Ella volvio la cabeza, jadeante y sudorosa, despeinada, y por encima del hombro me lanzo una media sonrisa antes de tensarse y emitir un estertor, con los ojos muy abiertos, al sentir toda la verga deslizandose dentro de su recto suave y apretadito. La hice morder la almohada y bombee largo rato en beneficio de Ramon. Se lo hice en todas las posiciones, en cuatro patas, los dos contra la pared, empujandola con tanta fuerza como si quisiera clavarla, como a una mariposa. Vanessa era un mar de sudores y olores corporales, carne temblorosa y desgarrada y placer irreconocible pero creciente. Yo la estrechaba con fuerza y empujaba con mis gluteos muy al fondo de su culito cada vez mas abierto. Me acorde de Ramon y fui a buscarlo, para que nos acompañara. Atado como un paquete, lo coloque en la cama matrimonial y meti su cara entre mis nalgas mientras poseia nuevamente a su mujer, los dos de rodillas uno ante el otro. Vanessa no protesto por el trato que le daba a su flamante marido, y creo que estaba empezando a dejar de quererlo y a quererme a mi. Realmente es dificil querer a un hombre que esta con la cara metida en el culo de otro que se la pone a su mujer, sin emitir mas que un esporadico llanto. La fuerza con la que cogiamos y los gritos de placer de Vanessa hicieron que el timidamente empezara a besarme el ano, pues le habia sacado la cinta. Entonces me lo cogi a el, con las piernas bien abiertas y levantandole con las manos las pelotas para que su mujer pudiese mirar mi torre de carne subiendo e introduciendose en el hoyo de su marido. Ramon lanzo un grito de angustia al convertirse en mi segunda mujer de esa noche, mientras yo le mordia el cuello y lo llenaba en un exceso de virilidad. Cuando estaba hasta las pelotas, se la revolvi para que le doliera aun mas. Entonces Vanessa se abalanzo sobre nosotros, y apoyando la barbilla en el hombro del agonizante Ramon, me dio un beso interminable de enamorada, de esos que suscitan envidias. Fue entonces cuando el corazoncito de Ramon dijo basta: creo que lo ultimo que vio fue ese beso, a la vez que sentia mi apocaliptica eyaculacion en sus entrañas. Murio como un pelele triste y una marica, humillado por completo. Vanessa y yo contemplamos su cadaver sobre la cama, obsceno con su culo roto. "Ahora tengo que irme", dije tranquilamente. Amanecia. "Me cobre mi deuda". Vanessa me tomo del brazo. "Llevame contigo, mi amor. A donde quieras". Lo pense, y decidi que la amaba. Nos vestimos, y escapamos por el laberinto del barrio. En el otro extremo de la ciudad, como lo suponia, nadie se iba a ocupar de nosotros. Alli consegui un trabajo, Vanessa tuvo tres hijos de mi y ahora esta esperando el cuarto, y somos razonablemente felices. Cuando miro el hermoso vientre hinchado de Vanessa, creo que lo mejor que hice en mi vida fue precisamente lo peor, impedir que se consumara esa boda.

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